- Estados Unidos reforzó su presencia en Puerto Rico, un Estado Libre Asociado sobre el que Washington D.C. tiene soberanía, en el contexto de su presión sobre Venezuela y mayor interferencia en América Latina y el Caribe.
- El despliegue de la 22° Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina incluye ejercicios de desembarco, reconocimiento y supervivencia.
- En noviembre, Donald Trump ordenó reabrir una base militar cerrada desde 2004 y trasladar aeronaves F-35, cuyo ruido generó quejas de la población y divide a la sociedad respecto a la remilitarización de la isla.
La creciente confrontación entre Estados Unidos y Venezuela tiene un actor secundario que desempeña un papel fundamental: Puerto Rico. La isla, denominada oficialmente un Estado Libre Asociado, carece de autonomía política para contradecir las decisiones de Washington D.C. y sus habitantes -ciudadanos norteamericanos sin derecho a votar en elecciones generales y/o legislativas- deben ver cómo las calles del territorio caribeño se militarizan al son del aumento de la presión de Donald Trump sobre el régimen de Nicolás Maduro.

Los entornos naturales de Puerto Rico, cedida por España a Estados Unidos en 1898, se convirtieron en campos de entrenamiento para la 22° Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina, parte importante del músculo militar de alrededor de 15.000 efectivos que Donald Trump desplegó para presionar a Venezuela. Los entrenamientos incluyen desembarcos anfibios, reconocimiento y técnicas de supervivencia.
La Fuerza Aérea estadounidense también condujo vuelos de práctica con sus modernos cazas F-35 en localidades al sur de la isla. El intenso sonido de las aeronaves generó quejas de parte de la población y, sobre todo, el recuerdo de décadas de militarización que ahora parecen regresar con el mayor despliegue de tropas norteamericanas en el Caribe que se recuerde desde la invasión a Panamá en 1989.
El punto neurálgico de este nuevo movimiento de tropas en la isla es la base de Roosevelt Roads, situada en el municipio de Ceiba, cuyo uso fue reactivado por orden de Donald Trump en noviembre, luego de que se mantuviera inactiva desde 2004. Desde este punto, en su momento considerada una de las bases navales más grandes del mundo, se lanzó en su momento la operación contra Noriega y también, en 1983, el asalto sobre la isla de Granada. Ya bien entrado el Siglo XXI, es donde se asientan las tropas que se preparan para eventuales operaciones terrestres en Venezuela.

El aumento de la presencia militar de Estados Unidos divide el discurso político en Puerto Rico
El escenario político en la isla caribeña puede verse afectado por el constante recordatorio de la autoridad unilateral que Estados Unidos ejerce en Puerto Rico. Aunque la isla puede votar por su gobernador desde las reformas realizadas en la década del 50, su representación en el Congreso de los Estados Unidos no tiene derecho al voto, y los ciudadanos no están habilitados para votar al presidente. En este contexto, el estatus de Estado Libre Asociado se encuentra más discutido que nunca en la sociedad: en los últimos comicios locales, celebrados en espejo con las elecciones presidenciales estadounidenses, la propuesta independentista logró un histórico 32% de los votos, solo seis puntos porcentuales por detrás de Jennifer González Colón, la actual gobernadora, candidata del tradicional Partido Nuevo Progresista.
La gobernadora se declaró “orgullosa” de los ejercicios al equipararlos con una garantía de seguridad. En septiembre, ante la visita del secretario de Guerra Pete Hegseth a la isla, González Colón no sólo se declaró “honrada” por recibirlo, sino que también agradeció al presidente Donald Trump y a su administración “por reconocer la importancia estratégica de Puerto Rico para la seguridad nacional de Estados Unidos y por su lucha contra los carteles de la droga y el narcodictador de Nicolás Maduro”. El contrapunto que actualmente divida a la sociedad puertorriqueña se evidencia en las palabras de la congresista demócrata estadounidense con raíces puertorriqueñas Nydia Velázquez, quien advirtió que “ampliar la presencia militar sería un retroceso histórico”.

Sin embargo, la presencia militar estadounidense en Puerto Rico parece destinada a profundizarse, en un contexto donde la nueva Estrategia de Seguridad Nacional emitida por la Casa Blanca, que propone el regreso de la doctrina Monroe en el continente americano, y Puerto Rico cumple el rol de un portaviones natural desde el cual Donald Trump puede lanzar operaciones a distintos puntos de América Latina y el Caribe.
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