Brasil llega a la COP30 con la idea de convertirse en un actor clave para mantener la cooperación climática global. Como anfitrión y presidente de la conferencia, fijó la implementación como lema central: “Este año la COP no es nueva promesa, es entrega”, dijo la ejecutiva de la conferencia brasileña. La ubicación en Belém, en la Amazonía, refuerza este mensaje simbólico de que la conservación forestal y la acción climática convergen en el gigante sudamericano.

Entre los temas centrales de la agenda destacan la financiación climática -los países en desarrollo reclaman fondos mayores para adaptación-, la protección de bosques tropicales y la articulación entre lo global y lo local. Según un análisis de la Organisation for Economic Co‑operation and Development (OECD), esta COP marca un giro hacia la “entrega” más que hacia la negociación.
En este sentido, un componente central del esfuerzo brasileño es la inclusión de gobernanza multinivel y de comunidades indígenas en la negociación. Por ejemplo, se firmó un compromiso para reconocer derechos de tenencia de tierras a pueblos indígenas y afrodescendientes, con Brasil aportando más de 59 millones de hectáreas a ese objetivo.
La colaboración entre gobiernos nacionales, subnacionales, sector privado y sociedad civil se presenta como un eje operativo de Brasil. Según el programa oficial, se busca infraestructura de datos, transferencia tecnológica y financiamiento inclusivo para que estados y municipios puedan actuar frente al cambio climático. En ese sentido, la cooperación climática se vuelve una red amplia, no solo diplomática.
Brasil enfrenta desafíos para liderar el cambio climático global
Sin embargo, el Gobierno de Lula afronta una tensión estructural interna que lo pone en jaque a la hora de hablar de compromisos y acción climática. Por un lado, promueve la Amazonía como símbolo de liderazgo climático; por el otro, enfrenta acusaciones de que las decisiones de desarrollo -como infraestructura o proyectos petroleros- erosionan la credibilidad de ese rol.
Aun así, el escenario global no es favorable: la meta de limitar el calentamiento a 1,5 °C se considera ahora casi inalcanzable, y la fragmentación del multilateralismo crece. Brasil entiende que para mantener viva la cooperación climática debe navegar en ese contexto complicado.
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