El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, se reunirán esta semana en Corea del Sur durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en un nuevo intento por detener la escalada comercial entre las dos mayores economías del mundo. Pero detrás de la posible “tregua”, advierten los analistas, se mantiene intacta la competencia estructural por el control tecnológico y las cadenas de suministro globales.

En la agenda del encuentro figuran tres ejes clave: la reducción de aranceles bilaterales, el comercio de soja —fuertemente afectado por las sanciones cruzadas desde 2023— y las restricciones chinas sobre exportaciones de minerales raros, fundamentales para la industria militar y electrónica estadounidense. Washington busca flexibilizar el control chino sobre las llamadas tierras raras, insumo crítico en sistemas de defensa de alta gama. Cada avión de combate F-35 requiere cerca de 50 libras de imanes de samario, un material del cual China es proveedor casi exclusivo.
Por su parte, Pekín intentará frenar la nueva ronda de aranceles del 100% que Trump amenaza imponer sobre las importaciones chinas desde noviembre, además de negociar la eliminación de tasas portuarias para su flota mercante. “Un eventual acuerdo sería una pausa táctica más que un punto de inflexión real”, advierte Craig Kafura, investigador del Chicago Council on Global Affairs, quien considera que la rivalidad entre ambos países responde a una lógica de poder estructural y no coyuntural.
Competencia estratégica: tecnología, recursos y control de redes
En los últimos años, Beijing consolidó la seguridad económica como prioridad nacional, reforzando el control estatal sobre sectores estratégicos, desde los semiconductores hasta la inteligencia artificial. El reciente Pleno del Comité Central del Partido Comunista reafirmó la necesidad de “capturar las alturas del desarrollo científico y tecnológico”, en un mensaje que refleja el giro hacia la autosuficiencia industrial.
Este concepto responde a lo que politólogos estadounidenses denominan “interdependencia armada” (weaponized interdependence): el uso de las redes financieras, tecnológicas y logísticas como herramientas de coerción estatal. Según Kafura, “China aprendió de la experiencia de Estados Unidos, que durante décadas utilizó su posición en las redes globales de datos y finanzas para imponer su voluntad a terceros. Hoy Pekín aplica la misma lógica con sus controles de exportación”.
La conclusión es clara: el desacople entre las dos potencias ya está en marcha. Estados Unidos busca diversificar el acceso a minerales críticos y fortalecer cadenas de suministro “seguras” junto a aliados, mientras China acelera su carrera hacia la soberanía tecnológica.
Taiwan, América Latina y el riesgo de la diplomacia transaccional
Aunque la tregua comercial domina la agenda, Taiwán sigue siendo el punto más sensible en la relación bilateral. El secretario de Estado Marco Rubio aseguró que “no habrá concesiones sobre Taiwán”, pero dentro del propio sistema estadounidense crecen las sospechas de que Trump podría negociar compromisos políticos con Beijing a cambio de beneficios económicos.

Esa posibilidad genera alarma entre los aliados asiáticos de Washington, especialmente Japón, Corea del Sur y Filipinas, que temen una lógica de “G-2” donde Estados Unidos y China definan acuerdos bilaterales sobre cuestiones regionales sin consulta previa. Además, un acuerdo limitado entre Washington y Pekín podría bajar tensiones comerciales a corto plazo, pero no revertirá la fragmentación de las cadenas globales.
Para América Latina —y especialmente para países exportadores de materias primas como Argentina y Brasil—, esta tregua puede abrir una ventana de oportunidad: China buscaría diversificar su aprovisionamiento de alimentos y energía, mientras Estados Unidos intenta recuperar socios en la región para limitar la influencia del gigante asiático. Sin embargo, el trasfondo geopolítico es más profundo: dos modelos de poder económico en pugna, que utilizan el comercio y la tecnología como instrumentos de influencia.
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