Aumenta la tensión en Europa del Este con el inicio del ejercicio militar Zapad 2025, desarrollados en conjunto por las Fuerzas Armadas de Rusia y Bielorrusia. Se trata de la reanudación de estas maniobras desde el inicio de la guerra Rusia Ucrania en 2022 lo que se transforma en un punto crítico y estratégico para la seguridad regional marcada por un contexto en el cual las negociaciones por la paz con Kiev se encuentran pausadas y con Donald Trump frustrado por las actitudes de Vladímir Putin tras la cumbre en Alaska.
Los ejercicios comenzaron el 12 de septiembre y abarcan escenarios terrestres y marítimos distribuidos entre ambos países, incluyendo los mares Báltico y de Barents. De acuerdo con los ministerios de Defensa de Moscú y Minsk, el objetivo oficial es “poner a prueba la capacidad de defensa, recuperación de territorio y protección de las fronteras del Estado de la Unión”

El Ministerio de Defensa de Bielorrusia insistió en que se trata de maniobras “defensivas” y limitadas a sus regiones orientales, aunque la magnitud del despliegue refuerza la percepción contraria entre los países de la OTAN. En un comienzo, Minsk había estimado la participación de 13.000 efectivos, cifra que luego redujo a la mitad. Muy lejos de los 200.000 involucrados en Zapad 2021, el escenario actual refleja tanto el desgaste militar ruso en Ucrania como la necesidad de enviar mensajes de disuasión.
El factor nuclear y los nuevos misiles
La edición 2025 del Zapad está marcada por el despliegue de armas nucleares tácticas en Bielorrusia y la presentación del nuevo misil hipersónico Oreshnik, parte de la estrategia de disuasión de Minsk. En paralelo, tal como expuso Zona Militar, la fragata Almirante Golovko lanzó con éxito un misil Zircon 3M22 en el mar de Barents, confirmando la operatividad de estas capacidades.

El clima regional se tensó aún más tras la intrusión de drones rusos en Polonia, derribados por la OTAN, lo que llevó a Varsovia a cerrar su frontera y realizar junto a sus aliados el ejercicio Iron Defender 2025. En este escenario, tal como anticipó Escenario Mundial, la presencia del oficial estadounidense Bryan Shoupe en Bielorrusia mostró el interés de Washington por influir en Minsk mientras las negociaciones con Ucrania permanecen estancadas.
Trump, Lukashenko y la geopolítica del momento
En este escenario, el presidente estadounidense Donald Trump ha mostrado frustración por la falta de avances diplomáticos con Kiev. Su representante especial, John Coale, visitó recientemente Minsk y expresó el interés de Washington en reabrir la embajada y normalizar vínculos con Bielorrusia, en lo que podría interpretarse como un intento de alejar a Aleksandr Lukashenko de la órbita rusa.

Sin embargo, la realidad apunta a una integración cada vez más profunda entre Moscú y Minsk. Analistas occidentales coinciden en que las Fuerzas Armadas bielorrusas funcionan hoy como una extensión del distrito militar occidental ruso, lo que reduce las probabilidades de que Lukashenko pueda ejercer un equilibrio genuino.
Más allá de la reducción en el número de tropas respecto a ediciones anteriores, Zapad 2025 se convierte en un escenario de alto riesgo por tres factores que resultan determinantes: el uso de armamento nuclear táctico, la proyección de misiles hipersónicos y la tensión acumulada en la frontera oriental de la OTAN. Estos elementos, combinados en un mismo ejercicio, refuerzan la percepción de que Moscú y Minsk buscan enviar un mensaje directo de disuasión estratégica hacia Occidente.
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