EE.UU. mantiene unos 50.000 efectivos y 20 buques de la Armada desplegados en Medio Oriente, incluidos dos portaaviones, mientras sostiene operaciones para proteger el tránsito comercial frente a las amenazas iraníes en el estrecho de Ormuz. Según cifras oficiales citadas por The Wall Street Journal, las fuerzas estadounidenses ayudaron a más de 3.000 buques mercantes a atravesar esta vía marítima durante los últimos seis meses, en una misión que exige operaciones casi diarias de interceptación y vigilancia.

En este sentido, el dispositivo combina cazas embarcados, aeronaves de guerra electrónica, sistemas de radar y helicópteros antisubmarinos para establecer un perímetro de protección sobre los buques comerciales. Desde el portaaviones USS George Washington, aviones F-35C y F/A-18 realizan misiones nocturnas con misiles aire-aire para interceptar drones y misiles de crucero iraníes dirigidos contra embarcaciones mercantes.
El contralmirante Jeffrey Heames, comandante del grupo de ataque del portaaviones, afirmó que las aeronaves estadounidenses están preparadas para derribar amenazas contra esos buques en un período muy breve. Según el funcionario, las operaciones permitieron sostener el tránsito marítimo y contribuir a que las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico superaran recientemente los niveles anteriores a la guerra.
EE.UU. tiene un despliegue de 20 buques y 50.000 efectivos
La dimensión del dispositivo de EE.UU. refleja el volumen de recursos comprometidos para mantener la seguridad de las rutas marítimas de la región. De acuerdo con la información publicada por The Wall Street Journal, la Armada mantiene 20 buques desplegados en Oriente Medio, mientras que el contingente militar estadounidense en la zona alcanza aproximadamente los 50.000 efectivos.
Dichos portaaviones constituyen uno de los componentes centrales de esta presencia. Desde sus cubiertas operan los cazas encargados de responder a las amenazas aéreas, mientras que otras aeronaves contribuyen a la vigilancia y a la protección del espacio marítimo. La operación requiere mantener patrullas y misiones de manera sostenida, incluso durante la noche, para responder a posibles ataques contra los buques cisterna.

Washington sostiene que el 95% del tráfico marítimo circula de forma segura. Sin embargo, la Oficina de Operaciones Marítimas del Reino Unido (UKMTO) registró más de 35 incidentes durante octubre, uno de los meses más violentos para el transporte marítimo desde el comienzo de la guerra.
Entre los episodios recientes, la agencia informó que un buque cisterna situado a unas 25 millas náuticas al noreste de Khasab, en Omán, se incendió después de que una pequeña embarcación colocara dos artefactos explosivos en su casco, por encima de la línea de flotación. La tripulación resultó ilesa, el fuego fue extinguido y el buque pudo continuar su navegación.
El desgaste de los portaaviones y las tripulaciones
El sostenimiento de las operaciones está sometiendo a presión a los buques, las aeronaves y el personal desplegado. Según funcionarios citados por The Wall Street Journal, los portaaviones que participan en el conflicto registraron despliegues prolongados y períodos consecutivos en el mar sin escalas en puerto que alcanzaron récords modernos. Los destructores encargados de hacer cumplir el bloqueo también acumularon períodos extendidos de operaciones.
Mientras que el jefe de operaciones navales, almirante Daryl Caudle, señaló que la Armada de EE.UU. trabaja en la instalación de un centro de mantenimiento de buques en Diego García y en la planificación de nuevas escalas portuarias. El objetivo es atender las necesidades de mantenimiento y descanso de las tripulaciones, que deben afrontar despliegues extensos sin una fecha de finalización claramente establecida.

La presión también tiene una dimensión presupuestaria. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que el conflicto representa un costo de entre 2.000 y 3.000 millones de dólares mensuales. A ese gasto se suma el costo operativo de mantener portaaviones, destructores, aeronaves y personal en una misión que, por el momento, no tiene un horizonte de cierre definido.
Funcionarios estadounidenses reconocieron que el esfuerzo está limitando la capacidad de Washington para responder a otras crisis y contrarrestar la influencia china. Algunos consideran que sostener la operación sin una mayor participación internacional puede volverse cada vez más difícil, mientras que los intentos anteriores de conformar una coalición no lograron los resultados esperados.
Una misión sin fecha de finalización
La continuidad del despliegue está vinculada a la estrategia de presión de la administración de Donald Trump sobre Irán. La Casa Blanca sostiene que el bloqueo continúa vigente en su totalidad y ha señalado que Estados Unidos no atacará a Irán antes de las elecciones de mitad de mandato, mientras mantiene las operaciones en el estrecho de Ormuz.
El debate en Washington se concentra en cuánto tiempo puede sostenerse esta presencia militar y qué resultados puede conseguir. Dana Stroul, ex subsecretaria adjunta de Defensa, consideró que la campaña de presión estadounidense todavía no logró que el régimen iraní acepte las concesiones que busca la administración Trump. En cambio, el analista Michael O’Hanlon, de Brookings Institution, planteó que el tiempo podría favorecer a Washington si mantiene el bloqueo y permite que sus efectos se acumulen sobre Teherán.
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