Francia registra 110 manifestaciones mientras las protestas juveniles se extienden por Europa con reclamos por educación, vivienda y costo de vida. Europa se enfrenta a una de sus mayores crisis sociales con masivas movilizaciones y protestas en diferentes países de la región, en simultáneo. Las manifestaciones que comenzaron en Francia se han extendido y replegado en otros Estados europeos, con un mismo patrón: la juventud encabezando e impulsando esta oleada que va desde París y Bruselas hasta Roma, Madrid y Lisboa.

Este fenómeno comenzó hace algunas semanas, con protestas impulsadas por los estudiantes franceses en los suburbios de París, quienes reclamaban el deterioro de las escuelas secundarias y las instituciones educativas francesas, las dificultades de acceso a la universidad y la falta de docentes, entre otras cuestiones. Los reclamos se multiplicaron rápidamente en otros puntos y distritos del país, más allá de los suburbios de París.
Las convocatorias comenzaron a difundirse, a través de las redes sociales, que contribuyeron a amplificar las denuncias y reclamos estudiantiles y a conectar a distintos estudiantes de diversas ciudades del país. En pocas semanas, el reclamo estudiantil se convirtió en el inicio de una serie de protestas y manifestaciones extendidas, a lo largo de Francia, como producto de un malestar social más amplio que alcanza a otros sectores con otras demandas.
Se sumaron trabajadores, sindicatos, agricultores y jubilados, entre otros, con reclamos que van desde salarios, jubilaciones, costos de vida y precios, hasta el deterioro y las condiciones de los servicios públicos. Las jornadas del pasado fin de semana fueron un punto de inflexión. Las manifestaciones convocadas para el fin de semana del 17 de octubre en Francia se replegaron en distintas ciudades del país, más allá de París, registrando enfrentamientos, incidentes y disturbios –como incendios, comercios saqueados, ataques contra edificios públicos–, con una fuerte intervención policial.
De hecho, el gobierno francés registró que 550.000 personas participaron de las manifestaciones del fin de semana en toda Francia, con alrededor de 2.400 detenidos y 1.000 policías heridos, en aproximadamente 110 movilizaciones simultáneas, según lo que se contabilizó hasta la fecha. Los disturbios alcanzaron ciudades como Lyon, Marsella, París y Burdeos, con imágenes y videos de incendios y disturbios que recorrieron todo el mundo. Incluso en Limoges incendiaron el ayuntamiento.

En este contexto, el gobierno francés ordenó toques de queda localizados y parciales, tras las intensas jornadas de protestas del fin de semana, mientras los sindicatos ya convocaron nuevas manifestaciones para el 5 de noviembre.
¿Qué está pasando en Europa?
Las manifestaciones que comenzaron en París, durante los últimos meses del gobierno de Emmanuel Macron –de cara a las elecciones presidenciales de 2027– parecen haberse replegado y expandido a otras ciudades europeas y aunque las movilizaciones abordan diferentes tipos de conflictos y demandas sociales de carácter nacional, este fenómeno está coincidiendo, casualmente, en tiempo, poniendo a Europa en el centro del tablero internacional con imágenes que recorren el mundo entero, a través de las redes sociales. Las protestas se multiplican en las principales ciudades del continente europeo, poniendo de manifiesto una crisis social sin precedentes que atraviesa a gran parte de la región.
Reclamos estudiantiles, encarecimiento en el costo de vida, inflación, salarios, crisis habitacional, dificultad para el acceso a la vivienda y deterioro de los servicios públicos son algunos de los principales puntos de conflictividad social de esta oleada de protestas europeas. Italia, España, Portugal, Bélgica y Albania se sumaron a Francia el fin de semana. Manifestaciones estudiantiles en Milán, Roma, Bolonia y Turín fueron realizadas en protesta y reclamo de los costos de vidas, las deficiencias del sistema educativo italiano y el rearme, con saqueos, enfrentamientos e incendios alrededor de la Piazza del Duomo de Milán.

En España, por su parte, el eje es la crisis habitacional y de vivienda, con movilizaciones localizadas en Madrid, Valencia y Barcelona, principalmente, que datan desde finales de septiembre, y son acompañadas de acampadas. El aumento e incremento de los alquileres en el país, las dificultades de acceso a la vivienda y los desalojos incentivan las protestas en España, mientras Pedro Sánchez debió convocar a elecciones anticipadas para el 29 de noviembre, ante el rechazo parlamentario de impulsar medidas de emergencia.
Lisboa y Oporto concentran movilizaciones por salarios, pensiones, jubilaciones, costos de vida y alquileres. De hecho, también se destacan las acampadas, como por ejemplo, la de la plaza de Rossio en Lisboa, donde se exigieron políticas para solucionar la crisis habitacional que también golpea a Portugal, que registra una significativa variación e incremento de los precios inmobiliarios entre 2015 y 2024, como España.

En paralelo, Bélgica se acerca más a los focos de protesta de Francia. La juventud convocó manifestaciones contra el encarecimiento de la educación y las dificultades para acceder a los estudios superiores y universitarios. Diversas fuentes, de hecho, sostienen que parte de las protestas que han tenido lugar, el pasado fin de semana, en Bruselas y Lieja, se han visto inspiradas por las masivas movilizaciones estudiantiles y juveniles francesas.
El caso más llamativo, sin embargo, es el de Albania, un país en el sureste de la península balcánica europea, candidato a ingresar a la Unión Europea, que ahora comienza a salir en los principales titulares del mundo por su crisis social. En Tirana, los estudiantes han impulsado e incentivado movimientos contra el actual gobierno de Edi Rama, con reclamos por la educación y el empleo, y con acusaciones de presunta corrupción gubernamental. Estas manifestaciones en particular derivaron en ataques a edificios gubernamentales y sedes institucionales, enfrentamientos e incendios, replegando lo que es casi una tendencia en esta oleada regional.
La conexión
La oleada de movilizaciones y protestas en diferentes ciudades europeas tiene un punto central en común de conexión: el poder adquisitivo, las condiciones de vida y los servicios públicos. Se trata de movilizaciones y manifestaciones impulsadas por movimientos originados en escuelas, universidades, sindicatos, empresas. Todos ellos coinciden en cuestionar las condiciones de vida actuales, la calidad de los servicios públicos y las respuestas gubernamentales.
El protagonismo de la juventud es otro punto central de conexión, como se ha mencionado inicialmente. Francia, Italia, Albania y Bélgica, principalmente, registran una participación y convocatoria juvenil significativamente alta. En España y Portugal, la juventud tampoco se queda callada y alertan sobre la dificultad de emanciparse y acceder a una vivienda en medio de la crisis habitacional.

De este modo, varios países de la región están atravesando movilizaciones simultáneas, con causas parcialmente compartidas, y una juventud que impulsa, encabeza y moviliza las protestas y reclamos contra los gobiernos de turno, muchos de ellos de diversos tipos de orientación político-ideológica. Todos ellos, desde Sánchez y Macron hasta Meloni y Rama son desafiados a responder, cuanto antes, las diversas demandas sociales de sus poblaciones, mientras el mundo entero sigue de cerca los acontecimientos que suceden en el continente viejo, donde educación, salarios, costos de vida, vivienda y servicios públicos son puestos en discusión por sus propias sociedades.
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