La Fuerza Aérea de Ucrania ha alcanzado un cambio de escala definitivo en su flota de combate luego de que la suma operativa de los cazas de origen occidental F-16 y Mirage 2000 superara en número a los soviéticos MiG-29 y Su-27 que continúan en servicio activo. Esta inflexión marca la transición estructural del poder aéreo ucraniano hacia los estándares de la OTAN, en medio de un esfuerzo sostenido por desplegar capas de interceptación móvil contra las crecientes incursiones aéreas rusas.

El balance numérico cobró relevancia tras las precisiones brindadas por el Ministerio de Defensa de Ucrania, en un contexto donde la aviación de caza asumió un rol prioritario para neutralizar los drones Shahed. Tal como informó Escenario Mundial, Moscú intensificó el despliegue masivo de vectores no tripulados a reacción —encabezados por el Shahed-238, el S8000 Banderol y las series Geran-4 y Geran-5— cuya velocidad de entre 400 y 600 km/h sobrepasa la capacidad de reacción de los grupos móviles terrestres y exige misiones constantes de interceptación aérea.
Como reflejo de esta intensidad operacional, durante septiembre de 2026 la aviación de caza ucraniana completó aproximadamente 1.300 salidas de cobertura de defensa aérea y más de 250 misiones de ataque terrestre, siendo absorbidas en su mayoría por las plataformas occidentales.
Sin embargo, este despliegue masivo expone severos cuellos de botella logísticos en la trastienda europea. A principios de este mes se reveló que la flota de F-16 atraviesa una compleja crisis de preparación debido a retrasos de hasta 40 semanas en las inspecciones de fase en talleres europeos (como las instalaciones de Sabena Aerospace en Bélgica), lo que ha llegado a mantener inmovilizado a cerca del 50% de los aparatos entregados.

Para evitar un colapso en la tasa de disponibilidad de la aviación, países aliados como Bélgica debieron anunciar un esquema acelerado de mantenimiento para elevar la capacidad de procesamiento de cuatro a seis F-16 por mes.
A este estrangulamiento técnico se suma una crítica presión sobre los arsenales de armamento guiado. El consumo intensivo de misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder y AIM-120 AMRAAM —utilizados en paralelo por los F-16 y por los sistemas terrestres NASAMS— ha forzado a los pilotos ucranianos a racionar sus proyectiles y recurrir al combate cercano mediante el cañón interno M61 Vulcan de 20 mm para abatir aeronaves no tripuladas.
A pesar del desplazamiento en el inventario, los jets de diseño soviético MiG-29 y Su-27 no han desaparecido del frente. Ambas plataformas siguen realizando misiones de combate y patrullaje gracias a la experiencia acumulada por los pilotos y equipos de mantenimiento locales; sin embargo, enfrentan cuellos de botella insalvables a largo plazo debido a la pérdida de aeronaves en combate, la falta de repuestos originales y la progresiva escasez de armamento compatible.

Finalmente, para garantizar la viabilidad de la nueva flota occidental, la cúpula militar ucraniana enfoca sus prioridades en construir reservas de misiles y municiones para varios meses de operaciones de alta intensidad, además de resolver las demoras logísticas que limitan la tasa de disponibilidad de las aeronaves. Paralelamente, la hoja de ruta hacia la occidentalización completa contempla la futura incorporación de cazas JAS 39 Gripen suecos y Rafale franceses.
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