Por primera vez, un caza F-16 Fighting Falcon de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) iniciará la integración formal de un misil hipersónico diseñado para volar a más de Mach 5. La medida fue oficializada tras la adjudicación de una modificación contractual por parte del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (AFRL) a la empresa Castelion para adaptar el sistema de ataque Blackbeard. La enmienda presupuestaria aportó 16,4 millones de dólares al acuerdo vigente, elevando el valor total del programa a 37,2 millones de dólares con ejecución prevista hasta junio de 2028.
Esta iniciativa constituye la primera integración funcional de sistemas de misión para dotar al F-16 de capacidad de ataque hipersónico activo. Aunque anteriormente Lockheed Martin realizó ensayos de encaje mecánico (fit-checking) con el misil Mako sobre la estructura del F-16, aquellas pruebas se limitaron a verificar la compatibilidad física de montaje sin implicar software ni vuelos armados. Asimismo, otros desarrollos hipersónicos como el AGM-183A ARRW estuvieron asignados a bombarderos B-52H, B-1B y cazas F-15E, por lo que la aviación militar norteamericana nunca operó armamento de esta categoría desde la flota F-16.
El misil Blackbeard fue concebido por la startup de exingenieros de SpaceX para realizar maniobras evasivas dentro de la atmósfera a velocidades extremas y eludir las defensas antiaéreas enemigas. Para sostener este despliegue masivo a bajo costo, Castelion construye un complejo industrial en Rio Rancho, Nuevo México, diseñado para fabricar 500 misiles al año. La iniciativa se suma a los antecedentes de la Armada de EE.UU., que destinó 105 millones de dólares para adaptar el arma a los F/A-18 Super Hornet con un primer pedido de 444 unidades, y del Ejército, que inició su adaptación para lanzadores terrestres HIMARS.
La decisión de incorporar armamento de vanguardia a plataformas veteranas responde a la doctrina del Pentágono de preservar la masa de combate principal mediante la modernización. El Director de Programas de la Oficina de Personal para la Planificación de la USAF, Teniente General David Tabor, admitió ante el Congreso que encargar cazas F-16 de nueva fabricación representa “tal vez la opción perezosa” para alcanzar la meta de 1.509 cazas operativos para el año 2035. Con un inventario activo de 774 F-16, la aviación militar norteamericana priorizó actualizar sus aeronaves en servicio antes que incurrir en los costos de adquirir unidades recién producidas.
Para posibilitar la gestión del misil Blackbeard y coordinar datos tácticos con los cazas de quinta generación F-22 y F-35, la USAF ejecuta el programa PoBIT (Post Block Integration Team). Esta intervención de US$ 6.300 millones abarca 22 modificaciones clave sobre más de 600 cazas F-16C/D Block 40/42 y 50/52, sustituyendo las obsoletas computadoras de misión de los años 90 por el nuevo procesador Next-Generation Mission Compute con unidades de procesamiento gráfico (GPU) y arquitectura de sistemas abiertos. Esta capacidad de cómputo resulta indispensable para operar radares AESA AN/APG-83 SABR, suites de guerra electrónica y los parámetros de guiado del armamento hipersónico hasta la década de 2040.
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