La nueva escalada diplomática entre Argentina y Reino Unido por la Cuestión Malvinas abre un interrogante sobre otro escenario, geográficamente distante pero en el que ambos países mantienen desde hace décadas una particular convivencia militar: la misión de paz de Naciones Unidas en Chipre. Durante las últimas semanas, Buenos Aires y Londres volvieron a cruzar posiciones por la explotación de recursos naturales en las Islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes. El 15 de septiembre, la Cancillería argentina rechazó una guía británica destinada a promover actividades comerciales en las islas; tres días después, el Gobierno británico respondió respaldando a las empresas que desarrollan actividades allí y cuestionando las medidas argentinas.
La tensión volvió a elevarse el 28 de septiembre, cuando el Gobierno argentino anunció el inicio de un procedimiento de arbitraje bajo el Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, con foco en el proyecto hidrocarburífero Sea Lion. Este 1.º de octubre, Cancillería volvió a responder públicamente al Reino Unido y defendió la utilización de mecanismos internacionales para resolver la controversia.
Ese deterioro de la relación bilateral ocurre mientras militares argentinos y británicos continúan formando parte de una misma arquitectura operacional bajo bandera de Naciones Unidas en Chipre.
Desde 1993, el contingente argentino tiene bajo su responsabilidad el Sector 1 de la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre (UNFICYP), que se extiende aproximadamente 90 kilómetros desde Kokkina hasta Mammari, al oeste de Nicosia. Inmediatamente hacia el este comienza el Sector 2, a cargo del contingente británico, que cubre unos 30 kilómetros desde Mammari hasta Kaimakli.
La proximidad geográfica no significa, sin embargo, que se trate de dos fuerzas nacionales actuando de manera independiente. Los contingentes forman parte de una misión bajo la estructura de mando de Naciones Unidas. La organización de UNFICYP establece que el comandante de la Fuerza responde ante el Secretario General y ejerce la conducción operacional de los contingentes que integran la misión.
Además, las responsabilidades pueden entrecruzarse. El contingente británico aporta personal a la Mobile Force Reserve (MFR), la reserva móvil de UNFICYP, concebida para desplegarse en distintos puntos de la zona de amortiguamiento y asistir a cualquiera de los sectores, incluso mediante patrullajes rutinarios. Argentina, por su parte, además de operar el Sector 1, aporta efectivos al cuartel general de la misión y a otros componentes, entre ellos la unidad aérea UNFLIGHT.
La cooperación entre ambos países dentro de UNFICYP tampoco es nueva. En un comunicado conjunto de 2016, los gobiernos argentino y británico llegaron a destacar expresamente la “significativa cooperación” alcanzada entre sus respectivos contingentes en Chipre, aun cuando la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas permanecía sin resolver.
Un escenario operativo más sensible dentro del Sector 1
El interrogante aparece además en un momento particular para la propia misión. Durante 2026 aumentaron las tensiones vinculadas con actividades agrícolas y movimientos dentro de la zona de amortiguamiento en áreas próximas a Avlona y Deneia, ubicadas hacia el extremo oriental del Sector 1.
En julio, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, informó que UNFICYP había desarrollado un plan de acción interno para abordar de manera integral los problemas registrados alrededor de Avlona. En abril, personal de la misión había debido intervenir ante un nuevo episodio entre agricultores grecochipriotas y fuerzas de seguridad turcochipriotas.
Las fricciones continuaron durante septiembre. El día 23, UNFICYP confirmó el despliegue inmediato de cascos azules en Deneia después de un nuevo incidente entre fuerzas turcas y agricultores grecochipriotas, con el objetivo de reducir las tensiones y restablecer la calma.
En paralelo, reportes relevados durante los últimos meses mencionaron posibles evaluaciones sobre ajustes en determinadas responsabilidades operativas dentro de la misión. Sin embargo, su alcance, estado y eventual implementación no pudieron ser corroborados de manera independiente.
¿Puede Malvinas atravesar una cooperación que lleva décadas?
Hasta ahora, la experiencia de UNFICYP muestra que Argentina y Reino Unido lograron mantener la disputa bilateral separada de sus obligaciones como países contribuyentes de tropas a una operación de Naciones Unidas. La propia estructura de mando de la misión funciona, precisamente, como un mecanismo destinado a preservar ese carácter multinacional.
Sin embargo, el escenario diplomático de las últimas semanas introduce una variable adicional. Argentina y Reino Unido no solo mantienen posiciones enfrentadas sobre la soberanía de las Islas Malvinas, sino que volvieron a confrontar públicamente por la explotación de hidrocarburos, las actividades económicas vinculadas a las islas y los mecanismos jurídicos internacionales elegidos por Buenos Aires.
En Chipre, mientras tanto, sus militares continúan formando parte de una estructura que exige coordinación, interoperabilidad y capacidad de respuesta conjunta frente a incidentes dentro de una de las zonas de amortiguamiento más antiguas del sistema de Naciones Unidas.
Por ahora, no existen indicios públicos que permitan afirmar que la disputa por Malvinas haya afectado esa dinámica. La cuestión pasa, más bien, por determinar si una relación bilateral que atraviesa una etapa de mayor confrontación podrá seguir manteniendo completamente aislada una cooperación militar que durante más de tres décadas funcionó bajo las reglas y el mando de Naciones Unidas.
En un escenario donde UNFICYP enfrenta además nuevos episodios de tensión dentro de la zona de amortiguamiento, esa separación entre las diferencias políticas de Buenos Aires y Londres y las obligaciones operacionales de sus contingentes adquiere una relevancia particular.
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