La guerra con Irán expone el problema que EE.UU. tendría en una crisis simultánea con China: sostener suficientes buques disponibles

Operación de reabastecimiento en el mar (RAS) del USNS Charles Drew al portaaviones USS George Washington en el Mar de Filipinas. Créditos: U.S. Navy.

Operación de reabastecimiento en el mar (RAS) del USNS Charles Drew al portaaviones USS George Washington en el Mar de Filipinas. Créditos: U.S. Navy.

La guerra con Irán y la creciente tensión naval en el Indo-Pacífico evidencian el grave dilema estratégico de EE.UU. para sostener suficientes buques de combate ante una potencial crisis con China. En este sentido, la necesidad de mantener operaciones constantes en el Medio Oriente ha obligado al Pentágono a desviar recursos críticos, como un grupo de ataque de portaaviones y destructores, directamente desde el Pacífico. Esta maniobra de emergencia no solo debilita la presencia militar estadounidense frente a Pekín, sino que además ha desatado severas advertencias de los mandos militares norteamericanos respecto al preocupante desgaste operativo de su flota.

El portaaviones USS Abraham Lincoln, de la clase Nimitz de la Armada de los Estados Unidos, navega hacia el puerto de Laem Chabang antes de atracar para una parada de descanso tras un largo despliegue en el Medio Oriente, con el horizonte de Pattaya como telón de fondo, en la provincia de Chonburi, Tailandia, el 2 de septiembre de 2026. REUTERS/Chalinee Thirasupa

Por consiguiente, este desbalance obliga a la Armada estadounidense a exigir a sus activos despliegues récord que rozan los límites físicos de las tripulaciones y el material. Un ejemplo contundente de esta sobreexigencia geográfica es el portaaviones USS Abraham Lincoln, el cual arribó recientemente a Tailandia tras operar durante un histórico periodo de 286 días consecutivos en el mar debido a la campaña por la guerra con Irán.

Este tipo de operaciones prolongadas expone la alarmante falta de relevos e infraestructura disponible en el teatro asiático, lo cual restaría capacidad de disuasión inmediata si estallara un conflicto simultáneo en el Mar del Sur de China.

El portaaviones USS Abraham Lincoln de la Armada de los Estados Unidos llega al puerto de Laem Chabang, en Chonburi, Tailandia, el miércoles 2 de septiembre de 2026. (Foto AP/Sakchai Lalit)

Por otra parte, la crisis logística e industrial compromete de forma crítica la disponibilidad de buques a largo plazo. De hecho, mientras Washington intenta acelerar una expansión sin precedentes de sus defensas antimisiles ante el enorme consumo provocado por los frentes de Ucrania e Irán, los proveedores chinos han respondido bloqueando los envíos de tierras raras a EE.UU.

Esta restricción interrumpe directamente la cadena de suministros para el mantenimiento y construcción de sistemas vitales de los que depende el Pentágono, incluyendo los cazas F-35, los misiles Tomahawk y los submarinos de ataque de la clase Virginia, dejando a la flota en una situación de extrema vulnerabilidad estratégica frente a un escenario de combate prolongado en múltiples frentes mundiales.

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