Corea del Sur evalúa desplegar activos militares en el estrecho de Ormuz para contribuir a garantizar la libertad de navegación, en medio de la presión ejercida por Estados Unidos y mientras continúa el conflicto entre Washington e Irán. Entre las principales opciones analizadas aparecen un avión de patrulla marítima P-8A Poseidon y el buque de apoyo logístico ROKS Soyang, aunque Seúl insiste en que no reducirá su preparación militar frente a Corea del Norte.
Según medios surcoreanos, las Fuerzas Armadas ya comenzaron preparativos operativos para una eventual misión. SBS informó que el contingente que se analiza incluiría el P-8 Poseidon, un buque logístico y un equipo de eliminación de explosivos (EOD), mientras que otros reportes señalan que también se estudia la participación de unidades capaces de detectar y despejar minas navales.
Sin embargo, la Oficina Presidencial de Corea del Sur buscó poner límites a las versiones sobre una decisión ya adoptada. Un funcionario presidencial afirmó que el Gobierno continúa examinando distintas formas de contribuir a la navegación segura en el estrecho y que todavía no se llegó a la etapa de solicitar la aprobación de la Asamblea Nacional. “Estamos pensando que podemos realizar contribuciones dentro de un marco que no comprometa nuestra postura de preparación”, señaló el funcionario, según Yonhap.
El P-8A y el Soyang, dos activos para limitar el riesgo de combate
La selección de los medios considerados apunta a una posible estrategia de participación limitada. El P-8A Poseidon es una plataforma de patrulla marítima diseñada para cubrir grandes extensiones de mar y realizar tareas de vigilancia, reconocimiento y guerra antisubmarina. Su utilización permitiría a Corea del Sur aportar capacidades de inteligencia y seguimiento sin necesidad de introducir un buque de guerra directamente en una de las zonas más peligrosas del conflicto.
Por su parte, el ROKS Soyang es un buque de apoyo rápido destinado a reabastecer a otras unidades navales con combustible, municiones y suministros. Su presencia permitiría sostener operaciones navales a distancia y ampliar la autonomía de otras fuerzas desplegadas en la región. Expertos citados por The Korea Times consideran que vigilancia marítima, apoyo logístico y desminado serían las misiones más realistas para Seúl, precisamente porque permiten contribuir a la seguridad de Ormuz sin implicar necesariamente una participación directa en las operaciones ofensivas.
La presión de Trump y el dilema de Seúl
Durante el útlimo tiempo, Donald Trump incrementó su presión sobre Corea del Sur para que contribuya militarmente a los esfuerzos destinados a mantener abierto el estrecho, en un momento de tensión dentro de la alianza entre Washington y Seúl. Para el Gobierno surcoreano, una contribución podría reforzar su compromiso con Estados Unidos y con la seguridad de las rutas marítimas internacionales, pero también podría generar costos diplomáticos y aumentar el riesgo de una confrontación con Irán.
La principal restricción para Seúl, sin embargo, se encuentra en su propio entorno de seguridad. Corea del Sur mantiene una postura de disuasión permanente frente a Corea del Norte y no quiere que un despliegue a miles de kilómetros de la península reduzca su capacidad de respuesta ante una eventual crisis con Pyongyang. Por eso, la Oficina Presidencial remarcó que cualquier contribución a Ormuz deberá ser compatible con la preparación militar en la península.
Pero a esto se suma un obstáculo jurídico. El artículo 60 de la Constitución de Corea del Sur establece que la Asamblea Nacional debe prestar su consentimiento para el envío de las Fuerzas Armadas a Estados extranjeros. Por lo tanto, una eventual misión militar permanente o con presencia de efectivos surcoreanos requeriría atravesar el proceso institucional correspondiente antes de concretarse.
Ormuz, cada vez más importante para la estrategia surcoreana
La decisión adquiere mayor relevancia debido a la situación actual del estrecho. El tráfico de buques comerciales continúa muy por debajo de los niveles previos al conflicto y las tensiones entre Estados Unidos e Irán mantienen elevada la posibilidad de nuevos ataques o interrupciones de la navegación. Reuters informó que el 3 de septiembre solamente cuatro buques de carga vinculados a materias primas atravesaron el estrecho, frente a un promedio de 15 en los diez días anteriores.
En este escenario, Corea del Sur intenta encontrar un punto intermedio entre dos necesidades estratégicas: responder a la presión de su principal aliado de seguridad y proteger sus propios intereses económicos, sin transformar su participación en una intervención directa en el conflicto. El eventual despliegue de un P-8A, un buque logístico y equipos especializados encajaría precisamente en esa lógica de contribución limitada.
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