El Ejército Británico recibió instrucciones de suspender grandes ejercicios de entrenamiento colectivo para ahorrar aproximadamente 30 millones de libras, una medida que ya provocó la cancelación de seis semanas de maniobras con fuego real previstas para el Royal Tank Regiment y que incluían el empleo de tanques Challenger 2 y helicópteros de ataque Apache. La decisión aparece apenas dos meses después de que Londres anunciara un plan de inversión de 298.000 millones de libras destinado precisamente a elevar la preparación de sus Fuerzas Armadas para una guerra de alta intensidad.
Según reveló The Times, la orden alcanza al denominado collective training, aunque establece excepciones para unidades próximas a desplegarse, en estado de alerta o asignadas a funciones de reacción rápida. El alcance es relevante porque este tipo de entrenamiento permite que soldados y unidades que previamente practicaron sus funciones de manera individual aprendan a operar como una formación mayor, coordinando infantería, blindados, artillería, aviación, logística y estructuras de mando.
Uno de los primeros afectados fue el Royal Tank Regiment, que tenía previsto comenzar la próxima semana seis semanas de entrenamiento con fuego real en Gales. La actividad debía incluir sus Challenger 2 y operaciones asociadas con helicópteros Apache, pero fue cancelada pocos días antes de su inicio.
El paquete de restricciones también contempla una reducción cercana al 10% en los presupuestos destinados al entrenamiento de la Army Reserve. La medida no implica que todo el entrenamiento del Ejército haya quedado suspendido. Las unidades comprometidas con operaciones, despliegues próximos y tareas de alta disponibilidad seguirán ejercitándose. Pero abre una discusión más amplia sobre cuánto entrenamiento colectivo puede sostener el Reino Unido mientras intenta aumentar simultáneamente su preparación militar frente al deterioro del escenario de seguridad europeo.
La revisión estratégica británica considera al entrenamiento una prioridad para volver a combatir a gran escala
La decisión entra en tensión con las propias conclusiones de la Strategic Defence Review británica. El documento establece que el entrenamiento debe convertirse en una “prioridad estratégica e institucional” para recuperar la capacidad del Ejército de combatir en todos los niveles y sostiene que la fuerza ya comenzó a modificar su preparación para volver a realizar operaciones de guerra a gran escala.
La revisión reconoce que simuladores, entornos virtuales y nuevas tecnologías pueden reducir costos y aumentar la eficiencia de la instrucción. Sin embargo, también advierte que el entrenamiento con fuego real continúa siendo indispensable para certificar determinadas capacidades de combate.
Reino Unido está invirtiendo grandes cantidades de dinero en modernizar cómo prepara a sus soldados. El 10 de julio, el Ministerio de Defensa firmó un contrato por 2.000 millones de libras durante 15 años para transformar el entrenamiento militar mediante inteligencia artificial, simulación avanzada, análisis de datos y entornos virtuales.
El programa prevé entrenar hasta 60.000 soldados por año y forma parte de la ambición oficial de construir un Ejército diez veces más letal hacia 2035. Menos de dos meses después, las restricciones presupuestarias están afectando ejercicios reales de grandes formaciones. No significa que los 2.000 millones de libras destinados al nuevo sistema digital puedan simplemente trasladarse para financiar combustible, munición o jornadas de entrenamiento. Se trata de partidas, contratos y horizontes presupuestarios distintos.
298.000 millones de libras para modernizar la defensa y 30 millones de ahorro en entrenamiento
La contradicción adquiere mayor dimensión frente al Defence Investment Plan presentado el 30 de junio. El Gobierno británico anunció inversiones por 298.000 millones de libras durante cuatro años para modernizar sus Fuerzas Armadas y avanzar hacia lo que define como warfighting readiness: una fuerza preparada para combatir una guerra de alta intensidad. Escenario Mundial informó entonces que el nuevo plan británico prioriza drones, autonomía, municiones, vehículos, misiles e infraestructura militar.
El propio Ministerio de Defensa señaló al presentar el programa que una parte importante del incremento presupuestario debía destinarse al gasto diario necesario para mejorar el entrenamiento y la disponibilidad de buques y aeronaves. Pero la disponibilidad militar depende de variables mucho menos visibles que la compra de nuevos sistemas.
El interrogante deja de ser solamente cuánto dinero invierte Reino Unido y pasa a ser qué proporción de esos recursos consigue traducirse en formaciones listas para combatir en el corto plazo. La cuestión se vuelve especialmente sensible porque los compromisos británicos con la OTAN están aumentando.
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