La Armada de Taiwán prepara la incorporación de 280 drones V-BAT estadounidenses y 32 Albatross II de producción local para ampliar su capacidad de vigilancia marítima, identificación de blancos y operaciones desde buques incluso en escenarios donde las comunicaciones y las señales de navegación se encuentren degradadas. Los nuevos programas forman parte del presupuesto de Defensa presentado para 2027 y se complementan con nuevas inversiones en sistemas navales y submarinos no tripulados.
El mayor programa corresponde a los 280 V-BAT de despegue y aterrizaje vertical, que serán adquiridos junto con 140 sistemas de control y 82 vehículos de transporte entre 2026 y 2029. Su configuración permite operar desde cubiertas reducidas y otros espacios donde un dron convencional necesitaría pista, catapulta o sistemas especiales de recuperación.
Para Taiwán, esa característica resulta particularmente relevante. El V-BAT fue desarrollado para realizar misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y adquisición de blancos en ambientes sometidos a guerra electrónica, y su fabricante afirma que ya fue empleado en operaciones donde las señales GPS y los enlaces de comunicaciones estaban interferidos o directamente negados.
La Armada taiwanesa vinculó la compra con la necesidad de mantener el conocimiento de la situación marítima durante las primeras fases de un conflicto, cuando un adversario podría intentar degradar los sistemas de comando, comunicaciones, inteligencia y vigilancia de la isla.
Drones capaces de operar desde buques y seguir buscando blancos bajo interferencia
El V-BAT utiliza un único motor con ventilador carenado y puede despegar y aterrizar verticalmente sin asistencia externa. Esto le permite operar desde buques en movimiento y pequeñas zonas de cubierta, extendiendo la capacidad de vigilancia de unidades navales que no disponen de grandes instalaciones de aviación.
El sistema tiene una autonomía superior a las 12 horas y puede transportar sensores electroópticos, infrarrojos, radares y otros equipos destinados a detectar y mantener seguimiento sobre blancos marítimos y terrestres.
Su incorporación permitirá que la Armada distribuya sensores sobre una cantidad mucho mayor de plataformas en lugar de concentrar la vigilancia exclusivamente en radares terrestres, grandes buques o aeronaves tripuladas.
En paralelo, Taiwán destinará recursos a la adquisición de 32 Albatross II, desarrollados por el Instituto Nacional Chung-Shan de Ciencia y Tecnología. El programa incluye ocho estaciones de control y 48 vehículos de transporte.
Los Albatross II tienen una autonomía informada de aproximadamente 16 horas y un alcance de control superior a 300 kilómetros. Además de realizar reconocimiento marítimo, pueden recibir diferentes cargas según la misión, incluidas sonoboyas y otros sistemas destinados a ampliar la detección de amenazas debajo de la superficie.
La combinación permite cubrir funciones diferentes: los V-BAT aportan una plataforma compacta, distribuible y resistente a entornos de interferencia, mientras los Albatross II proporcionan mayor alcance y permanencia para vigilancia sobre áreas marítimas más extensas.
Han Kuang ya ensayó una guerra bajo bloqueo y comunicaciones degradadas
La inversión aparece pocas semanas después de que las Fuerzas Armadas taiwanesas utilizaran los ejercicios Han Kuang 42 para ensayar varios de los problemas que esos sistemas deberán enfrentar en una guerra real.
Durante las maniobras, la Armada y la Guardia Costera realizaron por primera vez un ejercicio conjunto de contrabloqueo, en el que distintas unidades escoltaron a un buque que simulaba transportar suministros esenciales hacia los puertos de Hualien y Suao.
El escenario buscaba comprobar la capacidad de mantener abiertas las líneas marítimas necesarias para recibir energía, alimentos y otros recursos en caso de que China intentara aislar la isla.
En paralelo, las autoridades taiwanesas degradaron deliberadamente durante treinta minutos las comunicaciones móviles en Taipei y otras zonas del país hasta velocidades que prácticamente solo permitían intercambiar mensajes de texto. La prueba buscó reproducir las dificultades que podrían enfrentar el gobierno, las fuerzas militares y la población si las redes de telecomunicaciones fueran atacadas durante las primeras horas de una guerra.
En ese contexto, los V-BAT agregan una capacidad concreta: mantener plataformas de vigilancia operando aun cuando las comunicaciones convencionales y la navegación por satélite se encuentren sometidas a interferencia.
No significa que un dron individual pueda reemplazar toda la red de sensores y comunicaciones de Taiwán. Su valor está precisamente en distribuir esas funciones entre una cantidad mayor de plataformas y reducir la dependencia de pocos nodos fáciles de identificar o atacar.
Taiwán también amplía su red debajo del agua
La transformación no se limita a los drones aéreos. El presupuesto naval incorpora además recursos para nuevos vehículos no tripulados destinados a operaciones submarinas y de guerra de minas, incluyendo sistemas que podrán trabajar junto con los actuales cazaminas taiwaneses.
El objetivo es ampliar la capacidad de buscar minas, explorar áreas peligrosas y obtener información sin exponer directamente buques tripulados. Esa función adquiere especial importancia frente a un escenario de bloqueo, en el que mantener accesibles los principales puertos y rutas de navegación sería una prioridad.
La secuencia permite observar una arquitectura que combina sensores aéreos embarcados, plataformas de mayor alcance, sistemas de superficie y vehículos submarinos. Ninguno de esos programas sustituye por sí solo a los buques de guerra tradicionales, pero juntos aumentan la cantidad de puntos desde los que Taiwán puede detectar movimientos, generar información y sostener operaciones.
La escala de los 210.000 drones sigue en discusión
Este desarrollo naval forma parte de una expansión mucho mayor de los sistemas no tripulados taiwaneses.
El proyecto gubernamental contemplaba 1.446 drones de vigilancia costera, 208.200 drones de ataque y 1.320 embarcaciones de superficie no tripuladas durante seis años.
Sin embargo, esa arquitectura presupuestaria cambió desde entonces. El Parlamento taiwanés rechazó el presupuesto especial de NT$210.000 millones presentado originalmente por el Ejecutivo y aprobó un mecanismo alternativo de financiamiento para desarrollar la industria y adquirir sistemas no tripulados durante los próximos seis años.
Por ese motivo, los 210.000 drones continúan mostrando la escala a la que apunta el gobierno taiwanés, pero no deben interpretarse todavía como 210.000 unidades contratadas o con financiamiento definitivo asegurado.
Los programas de la Armada conocidos ahora permiten, sin embargo, observar cómo una parte de esa estrategia empieza a traducirse en capacidades concretas. Taiwán no busca únicamente acumular grandes cantidades de drones: está distribuyendo sensores sobre buques, costa y debajo del agua para intentar mantener información sobre el campo de batalla aun cuando China ataque radares, comunicaciones y enlaces de navegación.
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