Brasil evalúa aumentar su presupuesto en defensa ante el riesgo de acciones de EE.UU. en América Latina

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, habló con periodistas en la embajada de Brasil en Washington D.C. tras su reunión con Donald Trump en la Casa Blanca el 7 de mayo de 2026. (Foto: Elizabeth Frantz/REUTERS)

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, habló con periodistas en la embajada de Brasil en Washington D.C. tras su reunión con Donald Trump en la Casa Blanca el 7 de mayo de 2026. (Foto: Elizabeth Frantz/REUTERS)

La discusión sobre el presupuesto en defensa de Brasil volvió a adquirir una dimensión estratégica en medio de especulaciones sobre posibles acciones de Estados Unidos en América Latina. Celso Amorim, principal asesor internacional del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sostiene que el país debe elevar progresivamente los recursos destinados al sector y situó el debate entre un objetivo de 2% del PIB y un horizonte ideal de 2,5%, en función de la evolución del contexto regional. 

Celso Amorim y Luiz Inácio Lula Da Silva.

Foto: Fábio Rodrigues-Pozzebom, Agência Brasil

En este sentido, la propuesta supone revisar una tradición brasileña de mantener el presupuesto de defensa en torno al 1% del producto y plantea una pregunta de fondo: ¿cuánto debe invertir una potencia regional para preservar su autonomía en un sistema internacional cada vez más competitivo? La precisión es relevante. 

El presupuesto de defensa es un desafío para Brasil

En un artículo publicado en enero de 2026, Amorim defendió que la participación de Defensa en el presupuesto llegara “quizás” al 2% del PIB, con la condición de que los recursos adicionales fueran destinados principalmente a inversiones, mantenimiento y operación de sistemas estratégicos. Posteriormente, en una entrevista con Valor Econômico, elevó la referencia al 2,5% como un porcentaje que considera ideal, aunque aclaró que no se trataría de una meta alcanzable de manera inmediata. La diferencia importa porque el 2,5% coincide además con el promedio mundial de presupuesto en defensa sobre el PIB registrado por SIPRI en 2025.

El punto de partida brasileño es muy inferior. Según los datos más recientes de SIPRI, Brasil destinó aproximadamente US$23.900 millones a defensa durante 2025, un incremento del 13% interanual, convirtiéndose en el principal gastador militar de América del Sur. Sin embargo, ese desembolso todavía equivale a una proporción cercana al 1,1% del PIB. El contraste muestra la magnitud del cambio que implicaría alcanzar el 2% o, todavía más, el 2,5%: no se trataría simplemente de aumentar algunas partidas, sino de modificar la estructura de prioridades del Estado brasileño.

Brasil podría convertirse en el mayor centro de producción de cazas supersónicos de América Latina. Créditos: Saab.

Para Amorim, la transformación del entorno regional es el principal argumento detrás de esa revisión. La intervención militar estadounidense en Venezuela en enero, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y provocó una fuerte condena del Gobierno de Lula, modificó la percepción brasileña sobre los límites de la acción militar de Estados Unidos en América Latina. Lula calificó entonces la operación como un “grave atentado” contra la soberanía venezolana y un precedente peligroso para la comunidad internacional.

El gobierno de Lula mira con preocupación el avance militar de Estados Unidos en América Latina

Desde la perspectiva de Brasilia, el problema no consiste necesariamente en una amenaza militar directa de Estados Unidos contra territorio brasileño, más bien en la posibilidad de que el escenario regional evolucione hacia una mayor presencia militar extrarregional. La preocupación adquiere especial relevancia ante la cooperación de Washington con países vecinos y la posibilidad de operaciones estadounidenses próximas a las fronteras brasileñas. Amorim insistió, no obstante, en que esta posición no implica una estrategia de confrontación con Estados Unidos, sino la necesidad de que Brasil disponga de capacidades suficientes para no depender de terceros ante una eventual crisis.

Esa lógica también ayuda a explicar por qué el debate brasileño no está centrado exclusivamente en adquirir más armamento convencional. Amorim rechaza que Brasil deba desarrollar armas nucleares como mecanismo de disuasión y sostiene que esa alternativa podría incluso aumentar la vulnerabilidad del país frente a una eventual “agresión preventiva”. En cambio, plantea fortalecer capacidades de defensa antiaérea, guerra cibernética, drones y sistemas de vigilancia, además de mantener proyectos de largo plazo como el submarino de propulsión nuclear. La propuesta apunta a una concepción de disuasión convencional y autonomía tecnológica, más que a una carrera nuclear.

Submarinos nucleares, drones y ciberdefensa: las armas con las que Lula busca blindar la soberanía del país

El submarino nuclear ocupa, en ese sentido, un lugar simbólico y estratégico dentro del proyecto brasileño. Lula reafirmó esta semana que pretende garantizar los recursos necesarios para completar el programa, pese a las restricciones fiscales que atraviesan las cuentas públicas. El Gobierno había contingenciado en mayo unos R$4.363 millones del presupuesto del Ministerio de Defensa, mientras el desarrollo del reactor naval continúa siendo uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos de las Fuerzas Armadas.

Lula sostuvo que el submarino, que está en proceso de construcción en las instalaciones de la Marina en el estado de São Paulo, es una “prioridad”. “No tenemos soberanía nacional por el hecho de hacer discursos (…); tenemos que estar preparados para que (otros países) sepan que tenemos la fuerza de decir ‘no’”, declaró.

El mandatario añadió que Brasil, con el tamaño de su territorio, no puede estar con la “cabeza agachada” para siempre. Y en ese sentido, Lula se comprometió a conseguir los recursos para “terminar de una vez por todas” el submarino, cuya fecha de conclusión ha sido aplazada por falta de presupuesto y ahora está prevista para 2038.

La dificultad reside precisamente en compatibilizar esa agenda estratégica con las limitaciones económicas. El debate sobre el porcentaje del PIB destinado a Defensa ocurre en un país que debe distribuir recursos entre seguridad, infraestructura, salud, educación, protección social y reducción del déficit. Además, una parte importante del presupuesto militar brasileño corresponde a personal, remuneraciones y pensiones. Por eso, el planteo de Amorim resulta más específico de lo que podría sugerir la discusión sobre el porcentaje, el objetivo no sería simplemente aumentar el gasto militar, es también incrementar la proporción destinada a inversión y capacidades estratégicas.

Niobio, litio y tierras raras son los recursos que pueden convertir a Brasil en una potencia estratégica

La dimensión económica y tecnológica adquiere mayor relevancia cuando se incorpora la cuestión de los recursos naturales. Brasil posee una posición particularmente favorable en minerales considerados estratégicos para la transición energética y la industria tecnológica. De acuerdo con el Ministerio de Minas y Energía, concentra el 66,6% de las reservas mundiales estimadas de niobio y el 92,9% de la producción global de ese mineral en 2025. También figura entre los países con mayores reservas de grafito, níquel, litio y tierras raras.

Esta concentración de recursos transforma la política de defensa en una cuestión que excede al ámbito estrictamente militar. En un escenario internacional marcado por la competencia entre Estados Unidos, China y otras potencias por controlar cadenas de suministro de minerales críticos, la capacidad de Brasil para proteger sus recursos, procesarlos internamente y desarrollar tecnología asociada se convierte en un componente de su autonomía estratégica. Un informe reciente de la propia inteligencia brasileña subraya precisamente la necesidad de vincular la seguridad de las cadenas de suministro con la política industrial, energética y tecnológica para reducir vulnerabilidades externas.

Brasil tiene una reserva de aproximadamente 21 millones de toneladas de las llamadas tierras raras o minerales críticos, indispensables para sectores como la defensa y la industria digital. Foto Afp

El desafío para Brasil consiste entonces en transformar su ventaja material en capacidad efectiva. Poseer niobio, litio, tierras raras o petróleo no garantiza por sí mismo autonomía si el país depende del exterior para procesarlos, convertirlos en productos de mayor valor agregado o proteger las infraestructuras vinculadas a esas cadenas. De allí que la discusión presupuestaria sobre Defensa pueda terminar conectándose con políticas industriales, espaciales, energéticas y científicas.

¿Brasil se prepara para un nuevo escenario regional?

En este punto, la estrategia brasileña se diferencia de una lógica clásica de rearme. El objetivo planteado por Amorim no es convertir a Brasil en una potencia militar comparable con Estados Unidos, China o Rusia, parecería ser dotarlo de capacidades suficientes para preservar su margen de maniobra en un entorno internacional menos previsible. La defensa antiaérea, la ciberdefensa, los drones, la vigilancia territorial, la industria militar y el programa de submarinos aparecen así como componentes de una misma política de autonomía estratégica.

El problema es que convertir esa visión en política de Estado exigirá superar un obstáculo que no es militar sino fiscal y político. SIPRI muestra que Brasil ya aumentó considerablemente su gasto militar en 2025, pero todavía se encuentra lejos del 2% o 2,5% del PIB. Al mismo tiempo, los recientes recortes presupuestarios evidencian la dificultad de sostener proyectos de largo plazo en un contexto de restricciones fiscales.

La discusión impulsada por Amorim, por lo tanto, no debería interpretarse únicamente como una demanda de mayor presupuesto para las Fuerzas Armadas. En términos geopolíticos, representa un debate sobre qué tipo de potencia pretende ser Brasil en América Latina y qué nivel de autonomía considera necesario para sostener su posición internacional. El interrogante central es cuánto gastar en defensa y qué capacidades debe financiar Brasil para proteger sus fronteras, sus recursos estratégicos y sus cadenas tecnológicas sin abandonar su tradicional política de no proliferación nuclear y de búsqueda de autonomía mediante la diplomacia.

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