168 drones y 16 muertos: Rusia golpeó Kiev y Ucrania reclamó más misiles Patriot

Un incendio arde en Kiev tras el ataque con misiles balísticos rusos 9M723K1/5 Iskander-M equipados con ojivas de racimo, ocurrido durante la noche del 5 de agosto de 2026. Créditos: Getty Images.

Un incendio arde en Kiev tras el ataque con misiles balísticos rusos 9M723K1/5 Iskander-M equipados con ojivas de racimo, ocurrido durante la noche del 5 de agosto de 2026. Créditos: Getty Images.

Rusia lanzó una nueva ofensiva masiva contra Kiev y sus alrededores con 168 drones y decenas de misiles de crucero, balísticos e hipersónicos, dejando al menos 16 muertos y más de 40 heridos, mientras Ucrania volvió a advertir que la escasez de interceptores para sus sistemas MIM-104 Patriot está reduciendo su capacidad para enfrentar los ataques balísticos rusos. La Fuerza Aérea ucraniana informó que logró derribar cerca del 90% de los drones y la mayoría de los misiles de crucero, pero no detalló cuántos misiles balísticos fueron utilizados ni confirmó intercepciones de ese tipo durante la ofensiva.

Un helicóptero de extinción de incendios deja caer agua sobre el lugar de un ataque con misiles ruso, en medio del ataque ruso a Ucrania, en la región de Kiev, Ucrania. Créditos: REUTERS/Anatolii Stepanov

El ataque se extendió durante aproximadamente nueve horas y golpeó principalmente la capital y la región de Kiev. En el distrito de Solomianskyi, los pisos superiores de un edificio residencial de nueve plantas quedaron destruidos, mientras las autoridades reportaron daños en alrededor de 30 edificios residenciales, una escuela, un hospital infantil y un jardín de infantes. La empresa energética DTEK informó además que unas 90.000 viviendas quedaron temporalmente sin electricidad antes de comenzar las tareas de restitución del servicio.

La Fuerza Aérea sostuvo que las defensas ucranianas consiguieron neutralizar la mayoría de los vehículos no tripulados y buena parte de los misiles de crucero, pero la situación volvió a mostrar una diferencia cada vez más marcada entre la capacidad de Ucrania para enfrentar drones y armas subsónicas y sus dificultades frente a misiles balísticos de alta velocidad, cuya intercepción depende principalmente de los sistemas Patriot disponibles.

Zelenski vuelve a vincular las bajas con la falta de interceptores Patriot

El presidente Volodímir Zelenski colocó la escasez de misiles antiaéreos en el centro de su reacción al ataque. Según sostuvo, los interceptores destinados a los sistemas Patriot aún no fueron reemplazados en cantidades suficientes y son necesarios diariamente para proteger las principales ciudades ucranianas.

“Cada misil adicional salva vidas”, afirmó el mandatario, quien calificó el ataque como uno de los más calculados y de mayor escala registrados durante la guerra. Reuters señaló que Zelenski volvió a reclamar directamente a los aliados que repongan las existencias de interceptores Patriot, mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que trabaja con los Estados miembros y socios para proporcionar nuevas capacidades antibalísticas a Ucrania.

Patriot con banderas de Alemania, la UE y Ucrania: Crédito: Ministerio de Defensa de Ucrania.

La advertencia no es nueva. Escenario Mundial informó a comienzos de agosto que Ucrania afirma haber recibido durante la primera mitad de 2026 apenas un tercio de los misiles antiaéreos suministrados por sus aliados durante el mismo período de 2025. La reducción coincide precisamente con un incremento del empleo ruso de misiles balísticos y otras armas diseñadas para exigir a los sistemas antiaéreos más avanzados de Kiev.

La brecha quedó expuesta durante ataques anteriores. El 5 de agosto, las fuerzas ucranianas no consiguieron interceptar ninguno de los 24 misiles balísticos utilizados por Rusia durante una ofensiva combinada que también incluyó cuatro proyectiles Zircon u Onyx. La situación llevó posteriormente a la OTAN a buscar con urgencia nuevas capacidades de defensa aérea para Ucrania.

Rusia aumenta la producción mientras Ucrania consume sus reservas defensivas

La presión no responde solamente a ataques puntuales. Moscú viene aumentando simultáneamente su capacidad industrial para fabricar misiles y drones, generando una competencia directa entre la velocidad con la que Rusia produce municiones ofensivas y la capacidad occidental de fabricar y entregar interceptores.

Escenario Mundial informó esta semana que Rusia habría producido 65 misiles balísticos Iskander-M solamente durante julio, según estimaciones de la inteligencia militar ucraniana. Moscú también habría alcanzado o superado sus objetivos previstos para otros sistemas y estaría produciendo entre un 10% y un 20% más misiles que lo contemplado inicialmente para 2026.

Un militar ruso prepara un misil balístico Iskander-M para su lanzamiento durante un ejercicio militar. Créditos: Ministerio de Defensa de Rusia.

En paralelo, Rusia está ampliando fuertemente su capacidad de drones. Ucrania estima que Moscú planeaba producir alrededor de 11.000 drones de ataque durante agosto, incluyendo versiones convencionales y nuevos Geran equipados con motores a reacción. Esa masa permite saturar las defensas con sistemas relativamente económicos mientras los misiles más complejos buscan atravesar las capas superiores de la red antiaérea.

El ataque de esta madrugada refleja esa lógica: 168 drones obligaron a Ucrania a distribuir radares, cazas, sistemas de guerra electrónica y unidades de defensa de corto alcance, mientras los misiles de crucero y balísticos plantearon simultáneamente una amenaza de mayor velocidad y complejidad.

Los ataques rusos también alcanzaron infraestructura logística y la región de Odesa

La ofensiva no quedó limitada a Kiev. Rusia golpeó además un paso fronterizo con Moldavia en la región de Odesa, donde los ataques contra puertos, depósitos y rutas logísticas vienen afectando el movimiento de exportaciones agrícolas ucranianas.

El Ministerio de Defensa ruso sostuvo, por su parte, que sus fuerzas atacaron instalaciones destinadas a producir componentes de drones, un depósito militar y un centro logístico en Kiev y su región. Esa descripción corresponde a la versión oficial de Moscú y no permite verificar de manera independiente todos los objetivos alcanzados.

Algunos efectos del ataque atravesaron además las fronteras ucranianas. Un dron cayó en territorio de Rumania, miembro de la OTAN y de la Unión Europea, mientras otro terminó en Moldavia, según confirmaron autoridades de ambos países. La reiteración de este tipo de incidentes continúa obligando a los países vecinos a mantener sus defensas aéreas en alerta durante las ofensivas rusas de mayor escala.

Ucrania respondió simultáneamente con nuevos ataques contra infraestructura rusa. Sus fuerzas aseguraron haber golpeado la refinería TANECO, en Tartaristán, y una terminal petrolera en la región de Krasnodar, dentro de la campaña destinada a degradar la capacidad energética y logística que sostiene el esfuerzo militar ruso.

La principal consecuencia del ataque sobre Kiev, sin embargo, vuelve a encontrarse en el aire. Ucrania logró neutralizar la mayoría de los 168 drones y gran parte de los misiles de crucero, pero las muertes y los daños muestran que interceptar el volumen mayor de una ofensiva no garantiza proteger las ciudades cuando una cantidad reducida de misiles balísticos consigue atravesar las defensas. Con Rusia aumentando su producción y Kiev reclamando interceptores Patriot que sus aliados tampoco poseen en cantidades ilimitadas, la guerra aérea comienza a depender cada vez más de una ecuación industrial: quién puede producir y reponer sus misiles más rápido.

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