EE.UU. todavía no cuenta con los sensores ni con los sistemas de interceptación necesarios para garantizar una respuesta eficaz ante un eventual ataque de un enjambre de drones lanzado dentro de su propio territorio. La advertencia fue formulada por el teniente general del Ejército estadounidense Joseph Jarrard, subcomandante del Comando Norte de Estados Unidos (NORTHCOM) y vicecomandante del componente estadounidense del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), durante el Space and Missile Defense Symposium celebrado en Huntsville, Alabama.
Consultado sobre si EE.UU. podría defenderse de un ataque de este tipo, Jarrard respondió de manera contundente que no. “No tenemos los sensores”, afirmó el general, antes de explicar que la capacidad de respuesta dependería también de la ubicación del eventual ataque y de si existen allí sistemas capaces de neutralizar los drones. “En este momento no estamos preparados para afrontar algo así”, sostuvo, según la transcripción recogida por The Defense Post.
La advertencia adquiere especial relevancia por la transformación que experimentaron los drones durante las guerras de Ucrania y Medio Oriente. Los vehículos aéreos no tripulados pequeños pueden adquirirse a un costo relativamente bajo, modificarse para distintas misiones y utilizarse en grandes cantidades. El Departamento de Defensa de EE.UU. señaló en un estudio publicado en junio que los drones pueden emplearse en formaciones masivas para sobrecargar las defensas aéreas, mientras que los llamados enjambres inteligentes pueden coordinar sus movimientos mediante inteligencia artificial y procesamiento a bordo.
El problema para EE.UU. comienza antes de la intercepción
La vulnerabilidad que describió Jarrard no se limita a la ausencia de un interceptor específico. El primer desafío es saber que el ataque está ocurriendo. Un enjambre de drones pequeños puede operar a baja altura y presentar una firma mucho menor que la de un avión convencional o un misil, lo que complica su detección mediante sistemas de vigilancia diseñados para amenazas aéreas de mayor tamaño.
Jarrard señaló precisamente que la detección constituye uno de los principales problemas que enfrenta actualmente el comando. Según explicó, NORTHCOM y NORAD están utilizando los radares y otros activos disponibles, pero necesitan desarrollar una arquitectura mucho más amplia que permita identificar este tipo de amenazas antes de que alcancen instalaciones militares, infraestructura crítica u otros objetivos.
La cuestión es particularmente compleja cuando el origen del ataque se encuentra dentro de las fronteras de EE.UU.. Las redes tradicionales de defensa aérea están concebidas principalmente para detectar amenazas que ingresan desde el exterior. Un grupo de drones lanzado desde un vehículo, un edificio o una instalación ubicada dentro del territorio podría reducir drásticamente el tiempo disponible para identificar la amenaza y decidir cómo responder.
El caso de Ucrania ofrece un ejemplo de por qué esta posibilidad preocupa a los estrategas estadounidenses. En 2025, Kiev utilizó drones almacenados en camiones y desplegados cerca de sus objetivos para atacar bases aéreas rusas en la denominada Operación Spider’s Web. La modalidad demostró que los sistemas de defensa pueden enfrentar dificultades adicionales cuando la plataforma atacante aparece cerca del objetivo y no tiene que atravesar una extensa red de vigilancia exterior.
Una amenaza que combina tecnología y problemas legales
La defensa contra drones dentro de EE.UU. también plantea un problema que excede la tecnología militar. El Congressional Research Service señaló que el Departamento de Defensa enfrenta restricciones legales para realizar determinadas operaciones de detección y neutralización de aeronaves no tripuladas dentro del país.
La situación llevó al Pentágono a modificar su política. Una directiva aprobada en diciembre de 2025 y difundida posteriormente estableció nuevas facultades para la defensa contra sistemas no tripulados en territorio estadounidense. El Departamento de Defensa indicó que los comandantes pueden ampliar el perímetro defensivo más allá de la valla física de una instalación y disponer de distintas herramientas de mitigación frente a amenazas identificadas.
Pero esa expansión de las facultades no resuelve por sí sola la carencia señalada por Jarrard. Un sistema puede tener autorización para neutralizar un dron y, al mismo tiempo, carecer de la cobertura sensorial necesaria para localizarlo. Por eso, el debate dentro de Washington se desplaza progresivamente desde los interceptores hacia una arquitectura integrada que combine radares, sensores electroópticos e infrarrojos, sistemas de identificación, inteligencia artificial y medios de neutralización.
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