EE.UU. muestra cómo compensar la ausencia temporal de sus portaaviones en Asia con bombarderos y bases aliadas

Bombardero-estrategico-B-1B-Lancer-Estados-Unidos.

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EE.UU. realizó el 18 de agosto un importante ejercicio aéreo junto a fuerzas japonesas en el espacio aéreo sobre el mar de Japón, el mar de China Oriental y las inmediaciones de Okinawa. La operación combinó bombarderos estratégicos, cazas y aeronaves de alerta temprana estadounidenses con aviones japoneses, en una demostración de capacidad que adquiere una especial relevancia después de que el USS George Washington comenzara su desplazamiento desde el Pacífico hacia Medio Oriente.

El portaaviones USS George Washington (CVN 73) transita por el Mar de China Oriental. Créditos: Marina de Guerra de Estados Unidos.

En este sentido, el ejercicio incluyó tres bombarderos B-1B Lancer, diez cazas F-15 y un avión E-3 de alerta temprana y control aéreo de Estados Unidos, además de dos F/A-18 de la Armada y tres F-35B del Cuerpo de Marines. Japón aportó cuatro F-15 de su 2.ª Ala Aérea, cuatro F-15 de la 6.ª, ocho F-15 de la 9.ª y cuatro F-2 de la 8.ª Ala. Las fuerzas realizaron entrenamiento de navegación, vuelo en formación y defensa aérea.

La operación se produjo pocos días después de que el USS George Washington, el portaaviones estadounidense desplegado en Japón, comenzara su tránsito hacia Oriente Medio para relevar al USS Abraham Lincoln, que permanece allí tras un despliegue excepcionalmente prolongado vinculado a las operaciones estadounidenses contra Irán. El movimiento deja temporalmente al Pacífico occidental sin un portaaviones estadounidense.

Sin embargo, la ausencia de un portaaviones no significa que EE.UU. pierda su capacidad de emplear poder aéreo en el Indo-Pacífico. El ejercicio con Japón muestra una alternativa basada en bombarderos de largo alcance y aeronaves desplegadas desde instalaciones terrestres, apoyadas por la infraestructura de los aliados. Los B-1B ya forman parte de las denominadas Bomber Task Forces estadounidenses, que realizan despliegues rotativos en el teatro y entrenan junto a fuerzas de Japón, Australia, Corea del Sur y otros socios.

Bombarderos y bases aliadas, los recursos de EE.UU. para mantener la presencia en Asia

Uno de los principales nodos de esta arquitectura es Andersen Air Force Base, en Guam, que el propio Departamento de Defensa estadounidense identifica como una instalación fundamental para la presencia avanzada de EE.UU. en el Indo-Pacífico. La base puede recibir de manera rotativa B-1B, B-52H y B-2A, además de aeronaves cisterna, cazas y otros medios de apoyo. Su posición permite a Washington proyectar poder aéreo sobre amplias zonas del Pacífico sin depender exclusivamente de un portaaviones.

El concepto tampoco es nuevo. En ejercicios anteriores, bombarderos B-1B desplegados en Guam volaron hacia el espacio aéreo cercano a Japón para integrarse con F-15 y F-2 de las Fuerzas de Autodefensa japonesas. La Fuerza Aérea estadounidense deefinió estas operaciones como una forma de incrementar la interoperabilidad con aliados y demostrar que puede desplegar capacidad de ataque a larga distancia en el teatro.

Los bombarderos estadounidenses en Guam rotan para asegurar la disuasión en el Indo-Pacífico / Créditos: Sgt. Nicolas Z. Erwin

La diferencia en el escenario actual es que este tipo de operaciones adquiere una importancia adicional ante la ausencia temporal del componente naval. Un portaaviones ofrece una plataforma aérea móvil capaz de operar sin depender de una base terrestre, mientras que los bombarderos necesitan una infraestructura de apoyo y, en determinados casos, reabastecimiento en vuelo. Por eso, el ejercicio del 18 de agosto debe interpretarse como una compensación parcial, no como un reemplazo equivalente del poder aeronaval que aporta un grupo de combate de portaaviones.

La arquitectura estadounidense se extiende además más allá de Guam y Japón. De acuerdo con el Congressional Research Service, EE.UU. opera o tiene acceso a más de 40 instalaciones militares en el área de responsabilidad del Indo-Pacífico. Entre ellas existen capacidades de aviación de combate, bombarderos, reabastecimiento, transporte, inteligencia y alerta temprana. La estrategia busca, entre otros objetivos, fortalecer una defensa distribuida a lo largo de la llamada Primera Cadena de Islas y aumentar el papel de los aliados regionales.

China observa el vacío temporal en el Pacífico

El movimiento del USS George Washington se produce además en un contexto de creciente competencia militar entre EE.UU. y China. El gigante asiático considera la presencia militar estadounidense en el Pacífico como uno de los principales obstáculos para ampliar su influencia regional y mantiene disputas territoriales con Japón y Filipinas. La ausencia temporal de un portaaviones estadounidense no supone por sí misma un cambio en el equilibrio militar regional, pero ofrece a China una oportunidad para poner a prueba la capacidad de Washington y de sus aliados para mantener una presencia sostenida sin recurrir a sus principales plataformas navales.

El caza furtivo J-35 de China se convirtió en la primera aeronave de su tipo en ser lanzada de un portaviones desde el Fujian en el Indo-Pacífico/ Créditos: archivo

La propia estructura de las operaciones aéreas busca responder a esa preocupación. La combinación de B-1B, F-15, F/A-18, F-35B, F-2 japoneses y aeronaves E-3 permite entrenar una fuerza multinacional capaz de compartir información, coordinar operaciones aéreas y responder ante diferentes escenarios. El Ministerio de Defensa japonés señaló que el ejercicio tuvo como objetivo mejorar las capacidades de respuesta bilateral y las habilidades tácticas de las fuerzas participantes.

Algunos aliados de EE.UU. buscan disipar cualquier preocupación

No prevemos ningún descenso ni ralentización de nuestras actividades”, afirmó el portavoz de las Fuerzas Armadas de Filipinas, Roy Vincent Trinidad, durante una conferencia de prensa. El funcionario sostuvo además que el compromiso de defensa entre ambos países es “inquebrantable”, en un intento por despejar las dudas generadas por el desplazamiento del portaaviones y por otros cambios recientes en la postura militar estadounidense en Asia.

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