El exministro de Defensa británico Tobias Ellwood afirmó que sobrevoló a unos 300 metros de altura los dos portaaviones de la Real Armada británica atracados en Portsmouth sin recibir una respuesta militar visible, un episodio que utilizó para cuestionar las limitaciones de la defensa aérea del Reino Unido alrededor de algunos de sus activos estratégicos. Ellwood relató que realizó varias órbitas a aproximadamente 1.000 pies sobre los buques de 65.000 toneladas y aseguró que durante el vuelo no observó ninguna interceptación o reacción destinada a alejar su aeronave. El testimonio fue publicado el 14 de agosto por Forces News.
Ellwood, quien además de ocupar cargos en Defensa presidió el Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes, sostuvo que el episodio refleja una falta de preparación para proteger infraestructura militar de alto valor frente a amenazas aéreas de bajo costo. Entre los escenarios mencionados planteó incluso la posibilidad de que una embarcación vinculada con la denominada flota en la sombra pudiera lanzar un dron similar a los Shahed contra un portaaviones situado en puerto. Su argumento apunta especialmente a una amenaza que las guerras recientes volvieron cotidiana: aeronaves no tripuladas relativamente económicas capaces de alcanzar instalaciones o plataformas cuyo valor se mide en miles de millones de libras.
Sin embargo, el episodio tiene una limitación importante a la hora de evaluar las capacidades militares británicas. Que Ellwood no haya observado una reacción visible no demuestra que su aeronave no haya sido detectada, identificada o seguida, ni Forces News aporta información sobre el estado de alerta de los buques, la fecha exacta del vuelo o los procedimientos vigentes durante aquella operación civil. Tampoco equivale a evaluar a un grupo de portaaviones desplegado en condiciones de combate. Lo que sí expone es la diferencia entre las múltiples capas defensivas disponibles cuando el buque navega acompañado por su grupo de ataque y la protección permanente de activos estratégicos cuando se encuentran en una base dentro del territorio británico.
La defensa de los portaaviones británicos depende de varias capas que no siempre están disponibles en puerto
Como explicó previamente Escenario Mundial al analizar cómo se protege un portaaviones moderno, la supervivencia de estas plataformas no depende únicamente del armamento instalado sobre el propio buque. En operaciones, los portaaviones británicos funcionan como el centro de una arquitectura formada por cazas, destructores antiaéreos, fragatas, helicópteros de vigilancia, sistemas de guerra electrónica y armas de defensa cercana.
Los HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales disponen de sistemas Phalanx CIWS como última barrera frente a amenazas que consiguen aproximarse al buque. La propia Real Armada británica señala que el Phalanx utiliza un cañón Vulcan de 20 mm guiado por radar y está concebido para enfrentar blancos a distancias de alrededor de una milla. Es decir, constituye fundamentalmente una defensa de punto y no sustituye a una red de vigilancia e interceptación aérea de mayor alcance.
Cuando el portaaviones se encuentra desplegado, esa cobertura se amplía. Los helicópteros Merlin Mk2 equipados con Crowsnest actúan como “ojos” aerotransportados del grupo naval y permiten observar más allá del horizonte para proporcionar alerta temprana frente a aeronaves, drones y misiles. La Real Armada británica define precisamente al Crowsnest como una capacidad destinada a proporcionar vigilancia de largo alcance frente a amenazas aéreas y de superficie, mientras los destructores Type 45 aportan la principal defensa antiaérea de área del grupo.
La diferencia quedó expuesta recientemente en una situación real. En julio, Escenario Mundial informó que cazas F-35B despegaron desde el HMS Prince of Wales para interceptar un avión ruso Tu-142 que se aproximó al grupo de ataque en el Mar de Noruega. Aquella operación se produjo con el portaaviones desplegado junto a escoltas y con su ala aérea embarcada, una configuración muy diferente de la situación descripta ahora por Ellwood en Portsmouth.
El propio Reino Unido reconoce limitaciones en su defensa aérea territorial
El planteo del exministro adquiere relevancia porque coincide con un diagnóstico que el propio Gobierno británico viene realizando sobre la protección del territorio nacional. La Strategic Defence Review presentada en 2025 estableció la necesidad de reforzar la defensa aérea y antimisil del Reino Unido, mientras el nuevo Defence Investment Plan presentado en 2026 asignó £790 millones durante cuatro años específicamente para mejorar la protección del territorio británico y sus bases en el exterior frente a aeronaves, drones y misiles.
El programa contempla nuevos radares y sensores, mayores capacidades contra drones, modernización del sistema Sea Viper de los destructores Type 45, armas de energía dirigida y la creación de un nuevo centro integrado de defensa aérea, espacial y antimisil. Londres también destinó más de £350 millones a duplicar la cantidad de sistemas terrestres Sky Sabre operados por el Ejército británico. Escenario Mundial ya había analizado cómo estas inversiones también alcanzan la protección de las bases británicas en el exterior.
Por eso, el vuelo relatado por Ellwood no permite concluir por sí solo que los portaaviones británicos sean incapaces de detectar una aeronave civil o defenderse frente a un ataque. Sí pone el foco sobre una vulnerabilidad diferente: garantizar una vigilancia y defensa aérea persistentes alrededor de plataformas estratégicas cuando se encuentran dentro de bases nacionales y no protegidas por toda la arquitectura de un Carrier Strike Group desplegado.
La cuestión se vuelve más relevante a medida que drones pequeños, municiones merodeadoras y sistemas de ataque de bajo costo reducen la distancia entre amenazas militares convencionales y ataques contra instalaciones situadas lejos del frente. Para el Reino Unido, que concentra en Portsmouth a buena parte de sus principales unidades de superficie, el desafío ya no pasa solamente por proteger al HMS Queen Elizabeth o al HMS Prince of Wales durante operaciones oceánicas, sino también por asegurar que esas plataformas mantengan una cobertura defensiva adecuada mientras permanecen en sus propios puertos.
Te puede interesar: Drones navales militares del Reino Unido enviaban imágenes y datos en tiempo real a servidores en China
