El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó reemplazar las catapultas electromagnéticas EMALS y los Advanced Weapons Elevators previstos para el futuro portaaviones USS Doris Miller (CVN-81) por catapultas de vapor y sistemas hidráulicos, estableciendo un plazo de 60 días para que el Departamento de Guerra y la Armada presenten un plan con los cambios, costos, cronograma y recursos necesarios. La decisión, formalizada en un memorándum presidencial firmado el 13 de agosto, representa una modificación sustancial del diseño de la clase Gerald R. Ford en un buque cuya construcción ya está en marcha y cuya entrega actualmente está prevista para 2034.
La Casa Blanca enmarcó la medida dentro de un programa más amplio destinado a reformar la construcción naval estadounidense y atribuyó parte de los retrasos y sobrecostos acumulados por la Armada a diseños excesivamente complejos y a sucesivos cambios tecnológicos. En una hoja informativa publicada junto con el memorándum, la administración confirmó expresamente que el CVN-81 deberá abandonar los sistemas electromagnéticos para utilizar tecnologías tradicionales de vapor e hidráulicas.
La orden afecta dos de las innovaciones centrales introducidas con la clase Ford. El Electromagnetic Aircraft Launch System (EMALS) reemplazó las catapultas de vapor utilizadas durante décadas en los portaaviones clase Nimitz, mientras los Advanced Weapons Elevators sustituyeron sistemas hidráulicos por motores electromagnéticos para trasladar municiones desde los pañoles hasta la cubierta de vuelo. El objetivo original era reducir personal, mantenimiento y estrés sobre las aeronaves, además de aumentar la flexibilidad para lanzar aviones de distintos pesos.
El cambio llega cuando el USS Doris Miller ya acumula retrasos y sistemas contratados
La decisión de modificar el CVN-81 llega en una fase particularmente delicada del programa. El USS Doris Miller será el cuarto portaaviones de la clase Gerald R. Ford y fue adquirido junto con el USS Enterprise (CVN-80) mediante una compra conjunta pensada precisamente para reducir costos y aprovechar elementos comunes de diseño y producción. Sin embargo, en mayo la Armada volvió a postergar su entrega desde febrero de 2032 hasta febrero de 2034, llevando su ciclo de construcción previsto a unos 15 años.
El astillero Newport News Shipbuilding informó entonces que diferentes módulos del CVN-81 continuaban atravesando etapas de fabricación de acero y equipamiento antes de la colocación de la quilla. El retraso fue atribuido principalmente a limitaciones de espacio en el astillero derivadas de las demoras sufridas por el USS Enterprise, que ocupa capacidad necesaria para avanzar con la siguiente unidad.
La modificación tecnológica puede agregar ahora una nueva variable. General Atomics, fabricante del EMALS, advirtió que cambiar de sistema cuando cerca del 50% de la producción asociada al CVN-81 ya estaría completada podría generar nuevos riesgos de costos, cronograma e integración. La empresa había recibido en 2023 un contrato de aproximadamente US$1.190 millones para producir los sistemas EMALS y Advanced Arresting Gear destinados al Doris Miller, además de otros trabajos relacionados.
Trump, sin embargo, cuestiona desde hace años la utilización de sistemas electromagnéticos en los portaaviones estadounidenses. En julio volvió a calificarlos como excesivamente complejos y sostuvo públicamente que no permitiría construir nuevos buques con catapultas eléctricas ni elevadores electromagnéticos. Con el memorándum del jueves, esa posición pasó de ser una crítica política reiterada a convertirse en una instrucción formal para modificar el siguiente portaaviones de la serie.
Los tres primeros portaaviones clase Ford mantendrán sus catapultas EMALS
El cambio no alcanzará inicialmente a toda la clase. El USS Gerald R. Ford (CVN-78), el futuro USS John F. Kennedy (CVN-79) y el USS Enterprise (CVN-80) conservarán las catapultas electromagnéticas, según informó USNI News. El punto de ruptura comenzaría, por lo tanto, con el USS Doris Miller y podría condicionar el diseño de los futuros CVN-82 y CVN-83.
La decisión coincide además con un momento significativo para el programa: Escenario Mundial informó esta semana que el USS John F. Kennedy comenzó sus pruebas de aceptación antes de su entrega prevista para 2027. El CVN-79 incorpora EMALS como una de las capacidades que diferencian a la clase Ford de sus predecesores y busca capitalizar las lecciones obtenidas con el primer buque de la serie.
El propio desempeño del sistema continúa siendo objeto de discusión. De acuerdo con USNI News, durante el último despliegue del USS Gerald R. Ford la Armada realizó en febrero una prueba de cuatro días destinada a medir el ritmo de generación de salidas y el EMALS habría superado los niveles obtenidos por portaaviones clase Nimitz, aunque la fuerza todavía no publicó los resultados detallados de esa evaluación.
EE.UU. vuelve al vapor mientras China avanza con catapultas electromagnéticas
El giro adquiere además una dimensión tecnológica internacional. Mientras Washington prepara el regreso de las catapultas de vapor a partir del CVN-81, China ya incorporó catapultas electromagnéticas en el portaaviones Fujian, la plataforma más avanzada de su Armada y una pieza central de su intento por reducir la brecha aeronaval con Estados Unidos. Escenario Mundial viene siguiendo el desarrollo del Fujian y su transición hacia operaciones con cazas J-15, J-35 y aeronaves de alerta temprana KJ-600.
Francia también prevé utilizar tecnología electromagnética en su próxima generación de portaaviones. Para General Atomics, abandonar EMALS en el Doris Miller podría tener implicancias sobre la base industrial estadounidense y sobre una capacidad que otros competidores navales están intentando incorporar. USNI News señaló que tanto el nuevo programa francés como el Fujian chino avanzan precisamente con catapultas electromagnéticas.
La orden de Trump abre así una situación poco habitual dentro del principal programa de portaaviones de Estados Unidos: una misma clase podría terminar operando con arquitecturas de lanzamiento y movimiento de armamento diferentes. El plan que deberá presentar el Pentágono dentro de los próximos 60 días tendrá que determinar cuánto cuesta transformar el CVN-81, qué modificaciones estructurales requiere y cuánto puede afectar un cronograma que ya fue extendido hasta 2034. El debate deja de ser, por lo tanto, únicamente tecnológico: ahora pasa directamente por determinar si volver a sistemas probados permite reducir riesgos o termina agregando una nueva ronda de rediseño a uno de los programas navales más costosos y complejos de Estados Unidos.
