Rusia planea fabricar 11.000 drones de ataque en agosto y acelerar la producción de los nuevos Geran-4 y Geran-5 a reacción para superar la eficacia de las defensas aéreas de Ucrania. Durante una entrevista con RBC-Ukraine, el Mayor General Vadym Skibitskyi, Subjefe de la Inteligencia de Defensa de Ucrania, reveló que este incremento masivo en la capacidad industrial responde a una necesidad táctica urgente, ya que los modelos convencionales de hélice como el Geran-2 están siendo interceptados con facilidad por las fuerzas ucranianas.
Para contrarrestar esta situación, el Kremlin ha decidido priorizar el desarrollo de vectores con motores turborreactores, los cuales ya representan el 50% de las unidades detectadas en las incursiones más recientes contra objetivos estratégicos.
Esta transición tecnológica ha obligado a Moscú a realizar ajustes drásticos en sus líneas de montaje y en la asignación de su presupuesto militar, suspendiendo incluso la fabricación de sistemas que antes consideraba fundamentales. Skibitskyi detalló que, desde abril de 2026, Rusia detuvo la producción de los misiles hipersónicos Kinzhal y de los Kh-32 debido a sus preocupantes niveles de imprecisión, redirigiendo esos componentes y fondos hacia la producción en serie de misiles Iskander-M y drones a reacción. Esta maniobra ha permitido que las plantas industriales rusas operen actualmente a un ritmo de cumplimiento de metas de entre el 110% y el 120% mensual, alcanzando cifras récord de lanzamientos balísticos durante el último periodo.
A pesar de esta aceleración, la inteligencia ucraniana destaca que el programa de drones ruso todavía enfrenta una vulnerabilidad crítica debido a su dependencia de suministros extranjeros y los elevados costos de producción. En la entrevista, el general explicó que cada motor turborreactor para los nuevos modelos Geran tiene un costo de hasta 40.000 dólares y que, por el momento, Rusia depende totalmente de importaciones chinas para estos propulsores, mientras que los sistemas de navegación interna siguen integrando chips y componentes de origen estadounidense para garantizar la efectividad de los ataques.
Finalmente, Skibitskyi advirtió que la ofensiva rusa está evolucionando hacia una integración de sistemas espaciales con el despliegue del sistema de satélites Rassvet, diseñado como un equivalente a Starlink para el control de enjambres de drones en tiempo real. Esta infraestructura busca optimizar los ataques contra la industria de defensa ucraniana y su red logística, intentando impedir que Ucrania inicie su propia producción en serie de misiles balísticos. Con esta estrategia de saturación y alta velocidad, Rusia pretende mantener una presión constante sobre la infraestructura crítica y los centros logísticos del país, sin señales de que planee realizar una pausa en sus operaciones durante el próximo otoño
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