Un nuevo informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS) identificó cinco tipos de capacidades que Estados Unidos y sus aliados podrían utilizar para poner en riesgo a los nuevos portaaviones que China está incorporando como parte de la expansión y modernización de su Armada.
Publicado en agosto bajo el título Flipping the Script: How to Hold China’s New Carriers at Risk, el estudio analiza el crecimiento de la flota aeronaval china y plantea una combinación de submarinos, baterías terrestres de misiles antibuque, ataques aéreos de largo alcance, operaciones cibernéticas y electromagnéticas y sistemas no tripulados para amenazar a los grupos de portaaviones de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN).
El documento fue elaborado por Benjamin Jensen, Mackenzie Eaglen, Henry H. Carroll y Harold “Bud” Bishop, y toma como punto de partida la incorporación de nuevas plataformas chinas como el portaaviones Fujian Type 003, el buque de asalto anfibio Sichuan Type 076 y el avance en la construcción de un cuarto portaaviones chino, identificado provisionalmente como Type 004.
Según el informe, este último podría convertirse en el portaaviones más grande construido hasta ahora por China y en el primero del país equipado con propulsión nuclear.
China amplía su flota de portaaviones
El crecimiento de las capacidades aeronavales chinas constituye uno de los principales ejes del informe.
China cuenta actualmente con los portaaviones Liaoning, Shandong y Fujian, aunque las capacidades de las tres plataformas presentan importantes diferencias.
El Fujian representa el mayor salto tecnológico dentro del programa. Con un desplazamiento aproximado de 80.000 toneladas, incorpora un sistema de catapultas electromagnéticas que permite lanzar aeronaves más pesadas y con mayores cargas de combustible y armamento que los sistemas utilizados por los portaaviones chinos anteriores.
Su futura ala aérea contempla cazas J-15T, los nuevos cazas furtivos J-35 y aeronaves de alerta temprana y control aerotransportado KJ-600, entre otras plataformas.
El CSIS suma al análisis al Sichuan Type 076, un buque de asalto anfibio de aproximadamente 40.000 toneladas que también dispone de una catapulta electromagnética y cuyo diseño permitiría eventualmente ampliar la operación de vehículos aéreos no tripulados desde el mar.
A estas plataformas se agrega el futuro Type 004. Imágenes satelitales analizadas durante 2026 muestran avances en la construcción de una nueva unidad que, de confirmarse las estimaciones actuales, podría introducir por primera vez la propulsión nuclear dentro de la flota de portaaviones china.
El informe cita además estimaciones estadounidenses según las cuales Pekín podría construir seis portaaviones adicionales para 2035, llevando potencialmente su fuerza total hasta nueve unidades.
Submarinos para emboscar a los grupos de portaaviones chinos
La primera capacidad identificada por el informe es la guerra submarina.
Los autores consideran que las capacidades de guerra antisubmarina continúan siendo una de las áreas que Estados Unidos y sus aliados podrían explotar frente a la Armada china.
La propuesta contempla combinar submarinos nucleares de ataque estadounidenses con submarinos convencionales operados por países aliados, redes de sensores submarinos, torpedos pesados y vehículos submarinos no tripulados.
Japón y Corea del Sur aparecen particularmente mencionados debido a sus flotas de submarinos convencionales, mientras que Australia tendría un papel creciente tanto mediante sus capacidades actuales como a través del desarrollo futuro de submarinos de propulsión nuclear dentro del acuerdo AUKUS.
El concepto no consiste necesariamente en acercarse a los portaaviones cuando se encuentran próximos a las costas chinas, sino en posicionar fuerzas submarinas sobre rutas previsibles y puntos de paso obligados para intentar interceptar a los grupos navales cuando se desplazan hacia el Pacífico.
Una red de misiles antibuque desde Japón hasta Filipinas
La segunda opción analizada por el CSIS consiste en desplegar una red de baterías terrestres de misiles antibuque sobre posiciones estratégicas de la primera cadena de islas.
El esquema involucraría principalmente a Estados Unidos, Japón y Filipinas, junto con otras capacidades disponibles entre los aliados regionales de Washington.
Entre los sistemas mencionados aparecen el estadounidense Navy-Marine Expeditionary Ship Interdiction System (NMESIS), las baterías Typhon del Ejército de Estados Unidos y el Precision Strike Missile.
A ellos podrían sumarse misiles japoneses Type 12, los BrahMos incorporados por Filipinas y sistemas Naval Strike Missile empleados por otros integrantes de la red aliada.
El objetivo sería aprovechar la geografía del Indo-Pacífico.
Los grupos de portaaviones chinos deben atravesar una cantidad limitada de estrechos y corredores marítimos para superar la primera cadena de islas y operar en el Pacífico abierto. El despliegue de baterías móviles alrededor de esas zonas permitiría crear áreas donde un grupo naval chino pudiera permanecer bajo amenaza desde tierra.
F-35, bombarderos y misiles LRASM contra los portaaviones
La tercera alternativa pasa por el empleo de ataques antibuque de largo alcance lanzados desde el aire.
El informe propone combinar bombarderos y aeronaves de la Armada y la Fuerza Aérea estadounidenses equipados con misiles antibuque de largo alcance con las crecientes flotas de cazas F-35 desplegadas entre sus aliados regionales.
Australia, Japón y Corea del Sur son identificados como posibles participantes de este esquema.
Entre las armas mencionadas se encuentra el Long Range Anti-Ship Missile (LRASM), concebido específicamente para atacar buques de superficie en entornos donde las fuerzas adversarias disponen de importantes capacidades de defensa aérea y guerra electrónica.
Sin embargo, el documento introduce una diferencia importante: neutralizar un portaaviones no necesariamente requeriría hundirlo.
Los ataques podrían concentrarse sobre la cubierta de vuelo, sistemas de sensores, depósitos y distribución de combustible, manejo de armamento o buques de escolta y apoyo.
El objetivo sería conseguir un denominado “mission kill”, es decir, provocar daños capaces de impedir que el buque cumpla temporalmente su misión aunque continúe a flote.
Ataques cibernéticos y guerra electrónica contra las redes de la Armada china
La cuarta vía se concentra sobre las capacidades cibernéticas y electromagnéticas.
Un grupo de portaaviones no opera de manera aislada. Su efectividad depende de conexiones con satélites, aeronaves de alerta temprana, sensores externos, enlaces de datos y sistemas de comando y control.
Por este motivo, el informe sostiene que Estados Unidos debería considerar estas redes como parte del objetivo.
Las operaciones podrían buscar interferir o engañar a los sistemas de alerta temprana chinos, degradar enlaces de comunicaciones y afectar las redes utilizadas para coordinar operaciones aéreas y ataques de largo alcance.
También se contempla actuar sobre infraestructura logística y sistemas asociados con mantenimiento, distribución de combustible y operaciones portuarias.
La finalidad sería reducir la capacidad del grupo de portaaviones para detectar amenazas, intercambiar información y coordinar su defensa antes o durante un ataque convencional.
Enjambres de drones y ataques contra puertos
La quinta capacidad identificada por los investigadores está relacionada con los sistemas no tripulados.
El informe toma como uno de sus antecedentes la experiencia de Ucrania en el Mar Negro, donde drones navales y otras capacidades permitieron atacar unidades rusas y obligaron a modificar el despliegue de parte de la Flota del Mar Negro.
Los autores aclaran que las condiciones geográficas del Indo-Pacífico son diferentes, pero consideran que algunos principios pueden trasladarse.
Enjambres de vehículos de superficie no tripulados, drones aéreos y municiones merodeadoras podrían utilizarse para saturar defensas, atacar instalaciones portuarias o amenazar a buques durante operaciones cercanas a la costa.
Taiwán aparece mencionado mediante el desarrollo del Endeavor Manta, un vehículo de superficie no tripulado inspirado en parte en las experiencias observadas durante la guerra en Ucrania.
El CSIS también propone utilizar buques de mayor tamaño como plataformas capaces de desplegar drones navales a distancias superiores, ampliando así el radio de acción de estos sistemas.
El informe propone una Armada estadounidense con hasta 300 plataformas no tripuladas
Las conclusiones del estudio también incluyen cambios significativos para la propia Armada de Estados Unidos.
Actualmente, uno de los conceptos de fuerza híbrida contempla aproximadamente 350 buques tripulados y 150 plataformas no tripuladas.
Los autores plantean estudiar una estructura diferente que durante la década de 2030 podría aproximarse a una relación de 300 buques tripulados y 300 sistemas no tripulados.
Estos últimos cumplirían misiones de vigilancia, reconocimiento, engaño, saturación de defensas y apoyo de fuego, complementando a los portaaviones, destructores, submarinos y demás plataformas convencionales.
El informe también recomienda aumentar las reservas y la producción de torpedos pesados MK-48, acelerar los programas estadounidenses de vehículos submarinos no tripulados de gran tamaño y establecer instalaciones adelantadas desde las cuales operar y mantener estos sistemas junto con países aliados.
Otro de los puntos centrales es la producción de municiones.
Los investigadores sostienen que una campaña naval prolongada en el Indo-Pacífico consumiría grandes cantidades de misiles y torpedos, por lo que proponen ampliar la coproducción de armamento con Australia, Japón y otros aliados.
Entre las prioridades aparecen misiles antibuque, torpedos y sistemas de defensa aérea cuya producción pueda realizarse más cerca de un eventual teatro de operaciones.
El crecimiento de los portaaviones chinos modifica la competencia naval con EE.UU.
El estudio parte de un cambio concreto dentro de la competencia naval entre Washington y Pekín.
Durante años, China concentró importantes recursos en desarrollar armas destinadas a limitar las operaciones de los portaaviones estadounidenses cerca de sus costas.
Misiles como los DF-21D y DF-26, junto con una creciente red de satélites, radares, aeronaves y otros sensores, permitieron construir una arquitectura destinada a localizar y atacar grandes unidades navales a distancias cada vez mayores.
Ahora, al ampliar su propia flota de portaaviones, China enfrenta también la necesidad de proteger plataformas de gran tamaño, alto costo y creciente importancia operacional.
El informe sostiene que Estados Unidos y sus aliados deberían explotar esa nueva situación mediante una estrategia que combine capacidades submarinas, misiles terrestres, aviación de largo alcance, guerra electrónica y sistemas no tripulados.
El desarrollo del Fujian, la aparición del Sichuan y la construcción de un posible portaaviones nuclear Type 004 muestran que China busca ampliar su capacidad para operar más allá de sus mares próximos. Al mismo tiempo, esa expansión obligará a Pekín a destinar mayores recursos a proteger, escoltar y sostener los grupos navales que pretende desplegar a distancias cada vez mayores.
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