Brasil abrió una puerta que durante años había mantenido cerrada dentro del Mercosur. Luiz Inácio Lula da Silva y Xi Jinping acordaron acelerar las conversaciones para avanzar hacia un posible acuerdo comercial entre China y el bloque sudamericano, con las “flexibilidades necesarias” para atender las particularidades de sus miembros. El entendimiento llegó durante una conversación telefónica de más de una hora y se produjo pocos días después de que comenzaran a regir nuevos aranceles estadounidenses sobre parte de las exportaciones brasileñas.
Aunque los nuevos aranceles de Washington no fueron presentados oficialmente como la causa del acercamiento, el contexto es difícil de ignorar. Lula viene planteando la necesidad de diversificar los mercados de exportación y reducir la exposición de Brasil a las decisiones comerciales de un solo socio. En una columna publicada en The Washington Post, el mandatario brasileño calificó las nuevas medidas estadounidenses de injustas y advirtió sobre el impacto que pueden tener sobre las cadenas de suministro y las empresas de su país.
China le abre una opción a Brasil ante los aranceles de Trump
El cambio adquiere mayor importancia por la posición que Brasil mantuvo hasta ahora dentro del Mercosur. Durante los últimos años, Brasilia y Buenos Aires fueron reticentes a abrir una negociación comercial con China por el posible impacto sobre las industrias regionales y por las dificultades que podía generar una mayor entrada de productos chinos al mercado sudamericano. La discusión había sido impulsada inicialmente por Uruguay, cuando el gobierno de Luis Lacalle Pou promovió en 2021 un estudio de factibilidad para evaluar un acuerdo con Beijing.
Montevideo volvió a colocar el tema sobre la mesa durante el gobierno de Yamandú Orsi. En febrero de 2026, durante su visita de Estado a China, Uruguay y Beijing expresaron oficialmente su aspiración de iniciar negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur. El documento firmado por ambos gobiernos no estableció el comienzo de una negociación, pero sí dejó planteado el objetivo de avanzar en esa dirección.
La diferencia ahora es que Brasil dejó de funcionar como uno de los principales frenos políticos a esa posibilidad. Para Lula, ampliar las alternativas comerciales tiene una utilidad inmediata: China ya es un socio económico central para Brasil y ofrece un mercado de gran escala para sus exportaciones. La incorporación de una negociación con el Mercosur permitiría llevar esa relación desde el plano bilateral hacia el marco institucional del bloque. Al mismo tiempo, Beijing tendría la posibilidad de negociar con una estructura que representa a cuatro economías sudamericanas en lugar de hacerlo país por país.
“Flexibilidades necesarias”, Lula anticipa uno de los puntos más sensibles de la negociación
Pero el acuerdo también tendría una contracara para el propio Mercosur. Las “flexibilidades necesarias” mencionadas por Lula anticipan precisamente uno de los puntos más sensibles de una eventual negociación: qué productos quedarían incluidos, cuáles tendrían plazos especiales y qué mecanismos de protección utilizarían los países del bloque para evitar que una apertura comercial termine afectando sectores industriales que ya enfrentan la competencia de las importaciones chinas. Acero, automóviles, textiles, maquinaria y bienes industriales serían algunos de los sectores con mayores incentivos para reclamar condiciones específicas.
Ahí aparece el dilema, Brasil tiene motivos para buscar nuevos mercados después del aumento de los aranceles estadounidenses, pero una negociación con China no tendría los mismos efectos para todas las economías del Mercosur. El acceso a un mercado chino más amplio puede ofrecer oportunidades para las exportaciones agroindustriales y otros productos, pero también puede incrementar la presión sobre industrias que compiten con fabricantes chinos.
Mirando a Asia, Brasil también mantiene conversaciones con Corea del Sur
El movimiento también modifica el equilibrio externo del bloque. Mientras el Mercosur avanza en la implementación de su acuerdo comercial con la Unión Europea y procura ampliar sus negociaciones con otros mercados asiáticos, Brasil está impulsando al mismo tiempo conversaciones con China y Corea del Sur. Lula y el presidente surcoreano Lee Jae-myung acordaron esta semana crear un grupo de trabajo para acelerar las negociaciones entre Corea del Sur y el Mercosur. La estrategia brasileña empieza a tomar una forma más definida: ampliar las opciones comerciales del bloque en lugar de depender de un único eje económico.
La cuestión de fondo es cuánto podrá avanzar esa estrategia sin abrir una nueva disputa interna en el Mercosur. Durante años, la posibilidad de un acuerdo con China estuvo condicionada por los intereses diferentes de sus miembros. Ahora Brasil parece dispuesto a que la discusión comience. Argentina, Paraguay y Uruguay deberán decidir hasta dónde acompañar ese cambio y qué condiciones exigirán. El paso más importante ya no es si China quiere negociar con el Mercosur, ahora es si los cuatro países consiguen ponerse de acuerdo sobre qué tipo de relación comercial quieren construir con el gigante asiático.
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