Irán habría alcanzado un acuerdo para adquirir entre 300 y 400 sistemas portátiles de defensa aérea fabricados en China, mientras intenta reconstruir las capacidades dañadas por los ataques de Estados Unidos e Israel. La operación tendría un valor de entre 60 y 70 millones de dólares e incluiría sistemas QW-12 y FN-16, según informaron tres fuentes familiarizadas con el acuerdo. Los primeros equipos podrían ser entregados durante las próximas semanas. China negó la existencia de la operación y calificó la información como “completamente infundada”.
El reporte aparece cinco días después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, asegurara que Xi Jinping le había prometido que China no entregaría ni vendería armas a Irán. Trump sostuvo que el compromiso también alcanzaba a las empresas chinas y afirmó que confiaba en la palabra del mandatario.
Una empresa de Hong Kong habría intermediado en el acuerdo
La operación habría sido firmada con Zhongqing Baoshang International Investment, una compañía registrada en Hong Kong que actuaría como intermediaria entre Irán y el fabricante chino.
El plan analizado contempla trasladar los sistemas desde Urumqi, en la región china de Xinjiang, hasta Pakistán. Desde allí serían enviados hacia territorio iraní por vía aérea o terrestre.
Las cantidades finales, las fechas de entrega y la ruta logística todavía podrían modificarse. El Ejército de Pakistán negó cualquier participación y calificó la información sobre el tránsito de las armas como falsa.
Ni el fabricante ni el intermediario confirmaron públicamente la operación.
Por esa razón, el posible acuerdo debe presentarse como una información atribuida a fuentes y no como una transferencia ya comprobada. Sin embargo, de concretarse, representaría una de las principales compras conocidas realizadas por Irán para reforzar su defensa aérea de corto alcance desde el inicio del actual conflicto.
Irán busca una defensa aérea más difícil de localizar
Los QW-12 y FN-16 pertenecen a la categoría de sistemas portátiles de defensa aérea, conocidos como MANPADS. Pueden ser transportados y operados por pequeños equipos para atacar aeronaves, helicópteros y drones que vuelan a baja altura.
Su principal ventaja no es el alcance, sino la movilidad.
Una batería antiaérea convencional depende de radares, vehículos lanzadores y posiciones relativamente grandes que pueden ser detectadas mediante satélites, inteligencia electrónica o vuelos de reconocimiento. Un sistema portátil puede dispersarse entre numerosas unidades, trasladarse rápidamente y operar desde ubicaciones preparadas con poca anticipación.
Esto permitiría a Irán proteger bases militares, centros energéticos, instalaciones industriales y rutas utilizadas por aeronaves estadounidenses o israelíes sin depender exclusivamente de grandes sistemas antiaéreos.
Los MANPADS no reemplazan a las defensas de largo alcance ni pueden enfrentar por sí solos una campaña aérea moderna. Su utilidad aparece contra amenazas que ingresan a menor altura, drones de reconocimiento, helicópteros o aeronaves obligadas a acercarse a determinados objetivos.
Los ataques expusieron las debilidades de Irán
Estados Unidos e Israel atacaron durante los últimos meses bases de misiles, radares, instalaciones industriales y posiciones de defensa aérea iraníes. Esa campaña redujo la capacidad de Teherán para proteger determinados puntos estratégicos y obligó a reconstruir instalaciones dañadas.
La incorporación de cientos de lanzadores portátiles permitiría distribuir parte de la defensa aérea entre numerosas posiciones. También obligaría a las fuerzas atacantes a considerar amenazas que no siempre pueden localizar antes de iniciar una misión.
El objetivo iraní no sería impedir completamente las operaciones estadounidenses o israelíes, sino elevar su costo, aumentar el riesgo para las aeronaves que vuelen a baja altura y complicar el uso de drones sobre instalaciones estratégicas.
El número informado también importa. Entre 300 y 400 sistemas podrían desplegarse alrededor de numerosas bases y ciudades, aunque la eficacia real dependería de la cantidad de misiles entregados, el entrenamiento de los operadores y la integración con radares y redes de alerta.
La posible venta tensiona la promesa de Xi Jinping
Trump afirmó el 24 de julio que Xi le había asegurado personalmente que China no proporcionaría armas a Irán “bajo ninguna circunstancia”. Según el mandatario estadounidense, la promesa incluía tanto al Gobierno chino como a sus empresas.
La utilización de una compañía intermediaria de Hong Kong abre una cuestión central: hasta qué punto Beijing controla o puede desvincularse formalmente de operaciones realizadas por empresas privadas.
China mantiene una relación política y económica estrecha con Irán, pero evitó hasta ahora reconocer una intervención militar directa en el conflicto. Beijing condenó los ataques estadounidenses e israelíes y defendió una salida diplomática, mientras negó informes sobre transferencias de armamento.
La Cancillería china insistió tras la publicación de Reuters en que desempeña un papel orientado a promover la paz y terminar con la guerra.
Si el acuerdo se confirma, Washington deberá determinar si se trata de una operación realizada con autorización del Gobierno chino, una transferencia indirecta tolerada por Beijing o una iniciativa de empresas que actuaron formalmente por fuera del Estado.
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