En siete días, el canciller chino recorrió dos escenarios que resumen la doble apuesta de Beijing en política exterior. Primero participó en la Reunión de Cancilleres China-ASEAN en Manila. Después asistió al Consejo de Cancilleres de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Kirguistán. Entre ambas citas, un roce naval con Filipinas expuso los límites de esa estrategia.
El miércoles 22 de julio, el canciller chino Wang Yi participó en Manila de la 59.ª Reunión de Cancilleres de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), en su formato ampliado con China. Dos días después, el viernes 24, ya estaba a más de seis mil kilómetros de distancia, en Cholpon-Ata, una ciudad kirguisa a orillas del lago Issyk-Kul, para el Consejo de Cancilleres de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Por otra parte, el propio Ministerio de Relaciones Exteriores de China anunció el itinerario como un solo viaje, con escala en el sudeste asiático y destino final en Asia Central.
Una gira en dos direcciones
Wang asistió el 22 de julio a la Reunión de Cancilleres China-ASEAN en Manila. Entre el 23 y el 25 participó en el Consejo de Cancilleres de la OCS en Cholpon-Ata y realizó una visita oficial a Kirguistán. En Manila, China y Filipinas intercambiaron protestas formales por un choque naval ocurrido el 20 de julio en el Segundo Thomas Shoal. En Cholpon-Ata, los diez cancilleres prepararon la Cumbre de Bishkek del 1 de septiembre, que marcará el 25.º aniversario del bloque. Wang también se reunió con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y con el canciller iraní, Abbas Araghchi.
La secuencia no es casual. Beijing sostiene desde hace años que su vínculo marítimo con el sudeste asiático y su proyección continental hacia Asia Central, Rusia e Irán forman parte de una misma estrategia de vecindad. Además, no las considera dos agendas separadas. Mientras tanto, Washington impulsa su Estrategia Indo-Pacífico junto a Japón, Australia e India. China responde con una diplomacia de doble carril. Por un lado, defiende la centralidad de la ASEAN en el ordenamiento regional. Por otro, fortalece el bloque euroasiático que reúne a Rusia, India, Pakistán, Irán y los países de Asia Central dentro de la OCS.
Manila y la cooperación con roce de fondo
Antes de la cita central, Wang se reunió el 21 de julio con el secretario general de la ASEAN, Kao Kim Hourn, y reafirmó el respaldo de China a la centralidad del bloque en la arquitectura regional. Al día siguiente llegó la Reunión de Cancilleres China-ASEAN, con la presencia adicional del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio; el canciller ruso, Serguéi Lavrov, y el ministro japonés, Toshimitsu Motegi.
En su intervención, Wang repasó los avances de la Asociación Estratégica Integral China-ASEAN de los últimos cinco años y presentó cuatro líneas de trabajo conjunto. Primero, blindar el entorno regional de paz, luego profundizar la integración económica, posteriormente, impulsar la cooperación en economía digital e inteligencia artificial, y finalmente ampliar el intercambio entre pueblos. Por último, también destacó que ocho países del bloque ya construyen junto a China una comunidad de futuro compartido bilateral. Además, el año pasado se realizaron cerca de doscientos eventos dentro del programa de intercambios ASEAN-China.
Ese mismo miércoles, Wang sostuvo un encuentro bilateral con Rubio para abordar la relación entre ambas potencias, en la antesala de una eventual cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping prevista para fines de septiembre. Por otro lado, ninguno de los dos habló con la prensa al ingresar a la sala. El capítulo más tenso de la jornada, sin embargo, fue el encuentro con la canciller filipina, Maria Theresa Lazaro. Ambos países cruzaron protestas formales por un incidente ocurrido el lunes 20 de julio en el Segundo Thomas Shoal (Ayungin), donde personal de la Guardia Costera china chocó con marines filipinos. Además, uno de ellos resultó herido en la cabeza tras el golpe de un bastón.
Lazaro sumó a la lista de reclamos un video generado con inteligencia artificial y difundido por medios chinos, que la cancillería filipina calificó de degradante hacia su personal. En respuesta, Wang acusó a sectores dentro de las Fuerzas Armadas y la Policía filipinas de provocar el choque por encargo de actores externos. También advirtió que la relación bilateral atraviesa un momento crítico. Pese al cruce, ambas partes coincidieron en mantener abiertos los canales de comunicación y en cerrar este año la negociación del Código de Conducta en el Mar de China Meridional.
El giro hacia Cholpon-Ata
De Manila, Wang viajó a Cholpon-Ata, designada capital turística y cultural de la OCS para el bienio 2025-2026 y sede este año del Consejo de Cancilleres del bloque. El encuentro reunió a los diez países miembros -Bielorrusia, India, Irán, Kazajistán, China, Kirguistán, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán- junto al secretario general de la organización, Nurlan Yermekbayev. Además, participó el jefe del Comité Ejecutivo de la Estructura Regional Antiterrorista.
La cita, centrada en preparar la Cumbre de Jefes de Estado de Bishkek del 1 de septiembre, adoptó una declaración conjunta y una serie de resoluciones rumbo a esa reunión, que coincidirá con el 25.º aniversario de la organización. Entre los documentos aprobados figura un borrador de la Declaración de Bishkek. Este borrador servirá de base para la firma de los mandatarios.
En su discurso, Wang definió a la OCS como pilar de un mundo multipolar y llamó a sostener el Espíritu de Shanghái -confianza mutua, beneficio recíproco, igualdad, respeto a la diversidad y desarrollo compartido- como guía tanto interna como externa del bloque. Igualmente, vinculó la agenda del organismo con el nuevo Plan Quinquenal chino para el período 2026-2030, centrado en nuevas capacidades productivas y mayor apertura económica.
Al margen del encuentro multilateral, Wang sostuvo conversaciones bilaterales con el canciller iraní, Abbas Araghchi, en medio de la escalada entre Teherán y Washington. Además, cerró su gira el sábado 25 con una reunión con el canciller kirguís, Jeenbek Kulubaev, a quien felicitó por la organización del encuentro.
¿Cómo China articula sus dos frentes regionales?
La combinación de ambas citas no responde solo al calendario diplomático. Beijing usa la ASEAN para sostener su influencia comercial y marítima frente a Washington, y la OCS para consolidar un bloque continental que integra a Rusia, Asia Central, el sur de Asia e Irán bajo la idea de un orden multipolar. Por otro lado, estudios académicos ubican esta lectura dentro de una lógica geopolítica clásica. China ancla su influencia continental mientras proyecta poder hacia la periferia marítima, a través de la Franja y la Ruta y de plataformas como la propia OCS.
La superposición de agendas también exhibe los límites de esa estrategia. En Manila, el reclamo filipino y la postura de Rubio mostraron que la centralidad de la ASEAN convive con fracturas internas frente a China. Por otra parte, en Cholpon-Ata la tensión entre Irán y Estados Unidos recordó que la cohesión de la OCS enfrenta límites propios cuando sus miembros cargan agendas de seguridad distintas entre sí. Ninguno de los dos foros ofreció, entonces, una plataforma homogénea, sino un espacio donde Beijing intenta equilibrar cooperación económica con disputas de soberanía y con rivalidades que no le pertenecen del todo.
¿Cuál es el siguiente movimiento diplomático?
Quedan dos citas pendientes que pondrán a prueba el resultado de esta semana. La primera es la Cumbre de Jefes de Estado de la OCS en Bishkek, el 1 de septiembre, que marcará el cuarto de siglo de la organización. La segunda es la eventual cumbre entre Trump y Xi Jinping, que Washington ubica hacia fin de mes y que definirá si el acercamiento insinuado entre Wang y Rubio en Manila tiene continuidad. Por último, entre ambas fechas, el Código de Conducta con la ASEAN sigue como la tarea pendiente más concreta. China y Filipinas se comprometieron a cerrarlo antes de que termine el año, aunque el choque del 20 de julio recordó cuán frágil sigue esa promesa.
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