Un cable submarino entre Chile y Australia se convirtió en un frente silencioso de la disputa tecnológica entre China y EE.UU.

Chile y Google conectarán Sudamérica con Asia a través de un cable submarino de 14.800 km. Créditos: Marketing4eCommerce.

Chile y Google conectarán Sudamérica con Asia a través de un cable submarino de 14.800 km. Créditos: Marketing4eCommerce.

La construcción del cable submarino Humboldt entre Chile y Australia ha consolidado una victoria estratégica de EE.UU. sobre China en la disputa tecnológica por el control de la infraestructura digital en el Pacífico Sur. Este proyecto, liderado por Google, entrará en funcionamiento en 2027 tras años de intensas presiones diplomáticas que obligaron a Santiago a descartar la propuesta original de China Mobile hacia Hong Kong. La elección del socio para esta obra no es un mero trámite administrativo, sino una decisión que redefine por qué territorio circularán los datos de toda una región; al optar por la ruta hacia Sídney, Chile se integra en una red que evita los nodos controlados por Pekín, alineándose con la política de Washington de mantener a sus “adversarios extranjeros” fuera de la infraestructura crítica del hemisferio occidental bajo la llamada Doctrina Donroe.

China sostiene que su actividad pesquera en Chile empuja el desarrollo de puertos como el de Iquique / Créditos: megaconstrucciones

Esta pulseada geopolítica también determina qué empresas administrarán la infraestructura y qué legislación podrá alcanzarla en el futuro. Mientras que el proyecto chino habría otorgado el control a firmas estatales como China Mobile o Huawei, la victoria de Google (Alphabet) refuerza el predominio de las gigantes tecnológicas estadounidenses en el mercado de cables submarinos, donde ya compiten con Meta y Amazon.

Esta administración privada conlleva implicaciones legales profundas: expertos advierten que, debido a los acuerdos de inteligencia de larga data entre Estados Unidos y Australia, el tráfico de datos sudamericano quedará bajo una esfera de vigilancia y control estadounidense. Por el contrario, una conexión directa con Hong Kong habría permitido a Sudamérica comunicarse libremente con su principal socio comercial, China, eludiendo la mediación de terceros, un modelo de autonomía similar al que Brasil buscó con el cable EllaLink hacia Europa.

El submarino ruso Ufa participa en el ejercicio naval “Joint Sea-2026”. Créditos: China Military Bugle.

La infraestructura física también dicta qué centros de datos se beneficiarán de la nueva velocidad de procesamiento, impactando directamente en el desarrollo de la inteligencia artificial. China ha expandido su presencia digital en Chile y Argentina mediante Huawei, ZTE y Alibaba Cloud, pero la decisión de avanzar con el cable de Google busca limitar este avance. EE.UU. ha reforzado esta contención con iniciativas como la Pax Silica, diseñada para frenar la influencia de Pekín en el sector de la IA en el Cono Sur.

En última instancia, la potencia que gana Chile con una conexión transpacífica es la búsqueda de soberanía digital, aunque el proceso ha estado marcado por represalias, como la revocación de visas estadounidenses a funcionarios chilenos que evaluaron la opción china. Para la región, el desafío es construir capacidades propias que reduzcan la vulnerabilidad ante una disputa global donde la conectividad se ha transformado en un arma de poder estratégico.

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