Estados Unidos completó su octava noche consecutiva de bombardeos sobre objetivos militares en Irán luego de la muerte de dos militares estadounidenses y la desaparición de un tercero durante un ataque atribuido a fuerzas iraníes contra una base en Jordania. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que las operaciones estuvieron dirigidas contra instalaciones de vigilancia costera, sistemas de defensa aérea y posiciones de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), con el objetivo de degradar la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y responder al ataque contra sus tropas.
En este contexto, la ofensiva confirma el fracaso del alto el fuego alcanzado un mes atrás y profundiza una confrontación militar iniciada el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña cuya finalidad era debilitar los programas nucleares y de misiles iraníes, así como la estructura militar de sus aliados regionales. Desde entonces, el conflicto evolucionó hacia un intercambio casi diario de ataques directos que incrementó el riesgo de una escalada regional con impacto sobre la seguridad energética internacional.
La respuesta iraní tensiona a todo Medio Oriente
En respuesta a los últimos bombardeos, Irán lanzó drones y misiles contra instalaciones militares estadounidenses en Kuwait y contra objetivos en Baréin y Jordania. Las autoridades kuwaitíes informaron haber interceptado proyectiles por segundo día consecutivo, mientras que una planta desalinizadora volvió a ser alcanzada, provocando un incendio. En Baréin también se activaron las defensas aéreas, y el Ejército israelí informó sobre el lanzamiento de misiles iraníes hacia la zona de Aqaba, en el sur de Jordania. Estos episodios reflejan que la confrontación ya no se limita al territorio iraní, sino que involucra de forma creciente a aliados de Washington en el Golfo Pérsico.
Uno de los principales ejes de la disputa sigue siendo el estrecho de Ormuz, mientras Washington sostiene que sus operaciones buscan garantizar la libertad de navegación y proteger las rutas comerciales internacionales, Teherán afirma que ejerce controles sobre las embarcaciones que considera en infracción de sus normas de navegación. La posibilidad de que se repita una interrupción prolongada del tránsito mantiene en alerta a los mercados internacionales por el impacto sobre los precios de la energía y la inflación global.
Israel y Estados Unidos vuelven a coordinar sus movimientos
Por otra parte, la escalada también fortaleció la coordinación entre Estados Unidos e Israel. Funcionarios israelíes indicaron que el país se prepara para recibir nuevos aviones cisterna estadounidenses, lo que ampliaría el alcance operativo de su fuerza aérea en caso de que las operaciones se intensifiquen. Paralelamente, los países del Golfo reforzaron sus sistemas de defensa aérea ante la reiteración de ataques contra infraestructura crítica y bases militares, en medio de la preocupación por la expansión del conflicto.
En el plano político, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, aseguró que “su sacrificio no hace sino fortalecer nuestra determinación”, en referencia a los militares fallecidos. Desde Teherán, el líder supremo, el ayatolá Mojtaba Khamenei, afirmó que las acciones de Washington demostraron que la firma del presidente Donald Trump era “totalmente inútil y carente de credibilidad” y advirtió que Estados Unidos afrontará “costos aún mayores y una humillación aún mayor” si mantiene las operaciones militares. Con la tregua prácticamente desarticulada y los enfrentamientos extendiéndose por distintos puntos del Golfo, la crisis entra en una nueva etapa caracterizada por un mayor riesgo de regionalización y por la ausencia, al menos por ahora, de canales diplomáticos capaces de contener la escalada.
