El frágil equilibrio alcanzado en junio en el Estrecho de Ormuz se desmoronó esta semana en menos de 72 horas. El Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) ejecutó dos oleadas consecutivas de ataques contra Irán —más de 80 objetivos el martes 7 de julio y aproximadamente 90 adicionales el miércoles— en respuesta a los ataques iraníes contra tres buques comerciales que transitaban el estrecho fuera de las rutas designadas por Teherán. Entre los blancos alcanzados, según los comunicados del comando, figuran sistemas de defensa aérea, redes de comando y control, radares costeros, capacidades de misiles antibuque, depósitos de misiles y drones y más de 60 lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en las inmediaciones del estrecho.
La respuesta iraní no se hizo esperar: la IRGC atacó las bases estadounidenses de Arifjan y Ali Al Salem en Kuwait, y las de Juffair y Sheikh Isa en Bahréin, mientras la televisión estatal iraní reportaba explosiones en la isla de Kharg —el nodo vital de las exportaciones petroleras de Teherán—, en Bandar Abbas, Sirik y la isla de Qeshm. En paralelo, Washington reimpuso las sanciones a las ventas de petróleo iraní que había levantado como parte del acuerdo de junio, y el presidente Donald Trump dio por enterrado el proceso negociador: “Ya no quiero tratar con ellos. En lo que a mí respecta, se terminó”, declaró el miércoles.
El trasfondo del colapso es la disputa nunca resuelta sobre quién administra el estrecho. El memorándum de entendimiento firmado el 17 de junio en Versalles estipulaba la libre navegación por al menos 60 días, pero su redacción ambigua dejó abierta la interpretación iraní de que Teherán conserva la autoridad para “determinar los arreglos” del tránsito. El portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baqaei, acusó esta semana a EE.UU. de violar esa cláusula “a través de sus acciones unilaterales y ataques agresivos”. La respuesta del CENTCOM fue una declaración sin matices publicada el jueves: “Irán no controla el Estrecho de Ormuz“, acompañada del dato que sostiene la posición estadounidense: las fuerzas del comando facilitaron desde mayo el tránsito exitoso de más de 800 buques comerciales y 380 millones de barriles de crudo por el corredor.
Los números del tráfico marítimo reflejan la resiliencia parcial del corredor pese a la escalada. Según la firma de análisis Kpler, el fin de semana previo a los ataques registró 108 cruces verificados —43 el 3 de julio, 34 el 4 y 31 el 5—, cifras que se acercan a la normalidad prebélica después de meses en los que el tránsito llegó a caer a cero. Pero los ataques del lunes contra el tanquero de GNL qatarí Al Rekayyat —incendiado frente a la costa de Omán tras el impacto de un proyectil— y otros dos buques recordaron que la seguridad de la vía sigue dependiendo de una tregua que ya nadie parece dispuesto a sostener. Antes de la crisis, por el estrecho pasaba el 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y el 20% del gas natural licuado.
La dimensión militar del dispositivo estadounidense en la región no tiene precedentes recientes: más de 20 buques de guerra participaron de las operaciones de bloqueo y escolta desde abril, incluyendo el grupo de ataque del USS Abraham Lincoln, el grupo anfibio del USS Tripoli con 2.200 marines de la 31ª Unidad Expedicionaria y más de un centenar de aeronaves. El CENTCOM advirtió que sus fuerzas “permanecen posicionadas y preparadas para hacer responsable a Irán cuando el acuerdo no sea respetado”. Con el memorándum en ruinas, la pregunta que sobrevuela el estrecho es si la próxima fase será una reedición del bloqueo naval formal de abril y mayo —que desvió 94 buques e inutilizó cuatro— o una escalada de otra naturaleza. Los próximos días definirán si queda algo del proceso diplomático que hace apenas tres semanas parecía haber cerrado la crisis.
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