La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China está redefiniendo las cadenas globales de suministro de semiconductores, y la Unión Europea aparece cada vez más expuesta a las decisiones de ambas potencias. Un informe financiado por el bloque europeo advirtió que el bloque enfrenta un “futuro sombrío” para su industria de chips si no logra fortalecer con rapidez su producción doméstica y reducir su dependencia tecnológica externa.
En este sentido, el estudio, elaborado por el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea (EUISS) junto al think tank francés Institut Montaigne, sostiene que las restricciones impuestas por China a la exportación de minerales críticos, sumadas al riesgo de una escalada militar en el estrecho de Taiwán, representan amenazas directas para el abastecimiento europeo de semiconductores. Sin embargo, el documento introduce un elemento que gana peso en la agenda estratégica europea: la creciente dependencia de Estados Unidos en tecnologías esenciales para el diseño y fabricación de chips.
La preocupación se intensifica porque Washington estudia ampliar su capacidad para imponer controles de exportación también sobre empresas de países aliados. De avanzar esa legislación, compañías europeas como ASML —considerada la empresa tecnológica más valiosa de Europa y líder mundial en equipos de litografía avanzada— podrían ver restringidas sus ventas a China por decisión estadounidense. “Si bien Pekín sigue pareciendo la mayor amenaza, la dependencia de Washington se ha convertido en una preocupación mucho mayor bajo la segunda administración de Trump”, afirmó Joris Teer, coautor del informe y analista del EUISS, en declaraciones a Reuters.
La Unión Europea busca acelerar su estrategia de soberanía tecnológica frente a China y Estados Unidos
Frente a este escenario, la Comisión Europea intenta acelerar su estrategia de soberanía tecnológica. En junio presentó el denominado Chips Act 2.0, una actualización de la legislación aprobada en 2023 que desplaza el foco desde la construcción de fábricas hacia el fortalecimiento de la demanda de chips diseñados y producidos en Europa, el respaldo a empresas emergentes del sector y la movilización de inversiones públicas y privadas. Bruselas mantiene el objetivo de incrementar significativamente la participación europea en el mercado mundial de semiconductores, aunque diversos análisis consideran que la meta original de alcanzar el 20 % del mercado global para 2030 se encuentra hoy lejos de cumplirse.
Paradójicamente, mientras busca reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos, la Unión Europea también profundiza la cooperación con Washington. La reciente adhesión a la iniciativa Pax Silica —una alianza impulsada por el Departamento de Estado estadounidense para asegurar las cadenas de suministro vinculadas a inteligencia artificial, minerales críticos y semiconductores— refleja el delicado equilibrio que intenta mantener Bruselas. La estrategia europea consiste en reforzar la coordinación con sus aliados occidentales sin renunciar al objetivo de construir capacidades industriales propias que reduzcan su vulnerabilidad frente a decisiones adoptadas tanto en Pekín como en Washington.
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