EE.UU. busca reforzar su presencia militar en el hemisferio frente al narcoterrorismo y la influencia extrahemisférica en el marco de la Conferencia de Ministros de las Américas

XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA) Cusco, Perú.

XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA) Cusco, Perú.

Durante la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Cusco, el subsecretario de Guerra para Política de Estados Unidos, Elbridge Colby, afirmó que Washington volverá a mirar al hemisferio occidental como una prioridad estratégica. El funcionario defendió el “corolario Trump” de la Doctrina Monroe y llamó a los países de la región a invertir más en defensa, proteger activos críticos y cooperar frente a amenazas transnacionales.

Elbridge Colby. Crédito: The Hill

Estados Unidos busca reordenar su estrategia de defensa hacia el hemisferio occidental y ampliar la cooperación militar con sus socios regionales frente al narcoterrorismo, la migración irregular, el crimen transnacional y la influencia de actores extrahemisféricos. Así lo planteó el subsecretario de Guerra para Política, Elbridge Colby, durante su intervención en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, que se desarrolla en Cusco, Perú.

La exposición de Colby marcó uno de los posicionamientos más claros de Washington en el foro hemisférico. En nombre del secretario de Guerra Pete Hegseth y del gobierno de Donald Trump, el funcionario sostuvo que el contexto estratégico de la región cambió de forma profunda desde la primera edición de la conferencia, realizada en Williamsburg en 1995, y que Estados Unidos ya no puede tratar al hemisferio como un escenario secundario.

Según Colby, la etapa posterior a la Guerra Fría, dominada por la idea del “momento unipolar”, llevó a Washington a concentrar recursos, poder militar y atención política en regiones lejanas, mientras los desafíos del propio continente quedaban relegados. Para la administración Trump, esa lectura ya no responde al escenario actual.

Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Crédito: Ministerio de Defensa de Perú

El funcionario afirmó que Estados Unidos observa el hemisferio desde una lógica de “realismo flexible”, centrada en sus intereses nacionales y en la seguridad de su territorio. En esa visión, América Central, el Caribe y el norte de Sudamérica ocupan un lugar central porque impactan directamente sobre la seguridad interna estadounidense, especialmente por el flujo de drogas letales, la violencia criminal y la migración irregular.

Colby vinculó de manera directa la estrategia de defensa de Estados Unidos con los problemas que afectan a la población estadounidense. En su planteo, Washington ya no separa la defensa nacional de amenazas como el narcotráfico, el crimen organizado y la crisis fronteriza. Bajo ese marco, el gobierno de Trump considera al narcoterrorismo como una amenaza creciente y sostiene que los recursos militares estadounidenses pueden cumplir un papel más activo en la respuesta.

El punto más relevante de la intervención fue la presentación del llamado “corolario Trump” de la Doctrina Monroe, también denominado por Colby como “Donroe Doctrine”. Según el funcionario, este enfoque busca proteger el territorio estadounidense y garantizar el acceso a puntos estratégicos de la región, al mismo tiempo que impide que adversarios puedan posicionar fuerzas o capacidades amenazantes en el hemisferio.

El concepto recupera una tradición histórica sensible para América Latina. La Doctrina Monroe, formulada en 1823, ha sido interpretada en la región tanto como un principio de defensa frente a potencias externas como una justificación de intervenciones estadounidenses. Colby reconoció esa controversia, pero rechazó la lectura de que la nueva estrategia represente una forma de subordinación. Según su argumento, Washington no busca dependencia ni explotación de sus socios regionales, sino Estados más seguros, estables y capaces de defender su soberanía.

Ceremonia de Innaguración de la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Cusco. Crédito: Carlos Borda Betolli / Escenario Mundial

La diferencia, sostuvo, es que Estados Unidos no necesita “activos” ni “dependencias” en América Latina. En cambio, afirma que su interés está en que los países del hemisferio sean más prósperos, seguros y estables. Para Colby, esa estabilidad regional también beneficia directamente a Washington, porque reduce las amenazas que luego se trasladan hacia su territorio.

La nueva mirada estadounidense se apoya en tres ejes. El primero es la lucha contra organizaciones narcoterroristas y redes criminales transnacionales. Colby sostuvo que el Departamento de Guerra aportará capacidades militares como parte de un esfuerzo integral de gobierno, sin reemplazar otras herramientas diplomáticas, policiales o económicas. En ese marco, defendió el uso de operaciones conjuntas lideradas por socios regionales, con apoyo de Estados Unidos, como multiplicadores de fuerza.

El segundo eje es la protección de activos críticos. Colby pidió a los países del continente proteger infraestructura, recursos y puntos estratégicos frente a actores externos. La referencia apunta a un tema cada vez más presente en la agenda hemisférica: puertos, telecomunicaciones, redes energéticas, infraestructura digital, rutas marítimas, minerales críticos y otros activos que pueden ser utilizados por potencias rivales para ganar influencia o condicionar decisiones nacionales.

El tercer eje es el aumento del gasto en defensa. El funcionario sostuvo que algunos países del hemisferio destinan menos del 1% de su PBI a defensa y consideró que esa situación no resulta sostenible para Estados que enfrentan amenazas narcoterroristas o desafíos estratégicos relevantes. En esa línea, Colby planteó que los países de la región deben invertir más en sus propias capacidades y convertirse en socios “fuertes, confiables y efectivos”.

La intervención también dejó una señal hacia China y otros actores extrahemisféricos. Aunque el discurso oficial se concentró en la seguridad regional, el planteo sobre impedir que adversarios posicionen capacidades amenazantes en el continente remite directamente a la preocupación estadounidense por la influencia de potencias externas en infraestructura crítica, recursos estratégicos, puertos, telecomunicaciones y áreas de valor geopolítico.

Ese enfoque conecta con una tendencia más amplia de la política exterior de Trump. Washington busca reducir su exposición en escenarios lejanos y concentrar esfuerzos en áreas que considera directamente conectadas con la seguridad del territorio estadounidense. En el caso americano, eso implica mirar al sur no solo como espacio diplomático o comercial, sino como un teatro estratégico donde defensa, seguridad interna, migración, drogas, infraestructura y competencia entre potencias se superponen.

XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA) Cusco, Perú. Crédito: Ministro de Defensa de Perú

Colby insistió en que Estados Unidos no pedirá a los países de la región proyectar poder fuera del hemisferio. En cambio, planteó que lo que Washington espera es cooperación para impedir que actores adversarios reclamen o exploten activos clave dentro de las Américas. Esa formulación busca diferenciar la agenda hemisférica de las exigencias que Estados Unidos suele plantear a sus aliados europeos o asiáticos en escenarios como Ucrania, Medio Oriente o el Indo-Pacífico.

Para la región, el mensaje tiene implicancias directas. La administración Trump propone un vínculo de defensa basado menos en agendas abstractas de gobernanza global y más en intereses concretos: control territorial, seguridad fronteriza, lucha contra organizaciones criminales, protección de infraestructura crítica y limitación de la influencia de potencias rivales. Ese giro puede abrir nuevas oportunidades de cooperación militar, pero también reactivar debates históricos sobre soberanía, autonomía estratégica y el alcance de la presencia estadounidense en América Latina.

La Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas ofrece un escenario ideal para ese mensaje. La edición de Cusco reúne a más de 30 delegaciones y aborda desafíos como crimen organizado transnacional, ciberseguridad, gestión del riesgo de desastres, infraestructura crítica, resiliencia estratégica y transformación institucional. En ese marco, Washington busca instalar que la seguridad del hemisferio debe volver a ocupar un lugar central en la planificación de defensa estadounidense.

El discurso de Colby también debe leerse en clave política. Estados Unidos se presenta como dispuesto a invertir recursos y capacidades en el hemisferio, pero bajo una lógica de reciprocidad. La ayuda militar, la cooperación y el acompañamiento estadounidense aparecen asociados a la exigencia de que los países socios eleven su propio esfuerzo presupuestario, asuman responsabilidad en su seguridad interna y alineen sus intereses con la estrategia hemisférica de Washington.

Ceremonia de Innaguración de la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas en Cusco. Crédito: Carlos Borda Betolli / Escenario Mundial

En esa arquitectura, las Fuerzas Armadas estadounidenses son presentadas como una capacidad instalada para asistir a los socios regionales, enfrentar amenazas transnacionales y negar la presencia de actores externos hostiles. Pero Colby subrayó que el objetivo final es que las operaciones sean lideradas por los propios países de la región, con capacidades fortalecidas por el apoyo estadounidense.

El mensaje final fue una invitación y una advertencia. Una invitación a construir una América más segura, fuerte y próspera bajo un nuevo esquema de cooperación hemisférica. Y una advertencia de que Washington no permitirá que adversarios extrahemisféricos se instalen en puntos estratégicos de la región ni que el narcoterrorismo sea tratado como una amenaza menor.

Para Estados Unidos, el hemisferio occidental dejó de ser un espacio periférico. En la visión presentada en Cusco, volvió a ser el primer anillo de seguridad nacional. Y la defensa regional, lejos de limitarse a ejercicios militares o asistencia puntual, aparece como una herramienta central para ordenar la nueva estrategia estadounidense en América.

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