La creciente actividad militar de China en el Indo-Pacífico volvió a ocupar un lugar central en la agenda internacional durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara. Japón y la Alianza Atlántica expresaron su preocupación por la acelerada modernización de las capacidades militares chinas, en particular tras el reciente lanzamiento de un misil estratégico desde un submarino de propulsión nuclear hacia el océano Pacífico.
En este sentido, el tema fue abordado durante la reunión entre el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y los representantes del denominado Indo-Pacific Four (IP4), integrado por Japón, Australia, Corea del Sur y Nueva Zelanda. En el encuentro participaron el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, el ministro de Asuntos Exteriores Toshimitsu Motegi, el presidente surcoreano Lee Jae Myung y altos funcionarios de Canberra y Wellington. Las partes coincidieron en que los desafíos de seguridad en Europa y Asia ya no pueden analizarse de forma aislada, una idea que se ha convertido en uno de los pilares de la estrategia de la OTAN desde el inicio de la guerra en Ucrania.
Koizumi sostuvo que la rápida expansión del arsenal nuclear y de misiles de China, junto con la limitada transparencia de Pekín sobre sus capacidades militares, constituye “un motivo de grave preocupación para Japón y la comunidad internacional”. Según explicó, numerosos miembros de la OTAN compartieron esa evaluación y reconocieron que “la seguridad del Indo-Pacífico y la del área euroatlántica son inseparables”, una formulación que Tokio viene impulsando desde hace varios años para mantener el compromiso europeo con la estabilidad regional.
Japón y el IP4 avanzan en la cooperación militar
La inquietud aumentó tras la prueba realizada por la Armada de China, que lanzó un misil estratégico desde uno de sus submarinos nucleares en aguas del Pacífico. Especialistas en consideran que el ensayo tuvo un fuerte contenido simbólico hacia Japón y Estados Unidos y también confirmó el rápido avance de la fuerza submarina estratégica del Ejército Popular de Liberación. La prueba representa un paso más en la consolidación de la denominada “tríada nuclear” china, integrada por capacidades terrestres, aéreas y marítimas, un proceso que el Departamento de Defensa de Estados Unidos viene documentando en sus informes anuales sobre el poder militar chino.
Por su parte, el gigante asiático rechazó las críticas y defendió el lanzamiento como una actividad “segura, profesional y conforme al derecho internacional”. A través de un editorial publicado por el diario estatal China Daily, las autoridades acusaron a Japón y a la OTAN de exagerar deliberadamente el alcance de la prueba y de aplicar un doble estándar al cuestionar maniobras chinas mientras consideran legítimos ejercicios similares realizados por Estados Unidos y sus aliados en el Pacífico. El periódico oficial también sostuvo que Tokio intenta involucrar a la OTAN en los asuntos de Asia-Pacífico para reforzar su propia agenda de seguridad.
Más allá del intercambio diplomático, la reunión entre la OTAN y el IP4 produjo avances concretos. Japón informó que los participantes acordaron ampliar la cooperación en materia de industria de defensa, ciberseguridad, innovación tecnológica y resiliencia frente a amenazas híbridas. Para la Alianza, estas áreas se convirtieron en prioridades ante la necesidad de incrementar la producción de armamento y fortalecer las cadenas de suministro críticas, objetivos que también dominaron el Foro de la Industria de Defensa desarrollado en paralelo a la cumbre.
Ante la convergencia de Rusia y China, países como Corea del Sur buscan integrarse con la OTAN
El acercamiento también responde a la creciente convergencia entre Rusia y China. Durante su intervención en Ankara, Mark Rutte afirmó que Moscú coopera “cada vez más” con Pekín, Corea del Norte e Irán, mientras China continúa expandiendo sus capacidades militares y nucleares “sin transparencia”. El secretario general insistió en que estos desarrollos “deberían preocuparnos a todos” y reiteró que lo que sucede en el Indo-Pacífico tiene un impacto directo sobre la seguridad euroatlántica.
En paralelo, Corea del Sur aprovechó la cumbre para profundizar su integración con la arquitectura industrial de la OTAN. El presidente Lee Jae Myung inició negociaciones para un acuerdo marco de adquisiciones con la Alianza, destinado a facilitar el acceso de la industria surcoreana al mercado europeo de defensa. La iniciativa refleja el creciente interés de la OTAN por incorporar capacidades industriales del Indo-Pacífico en momentos en que los aliados incrementan su gasto militar y buscan acelerar la producción de sistemas de armas, municiones y tecnologías avanzadas.
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