Los aliados europeos de la OTAN y Canadá avanzan en la creación de una misión naval permanente destinada a reforzar la seguridad del Atlántico Norte, el mar Báltico y el Ártico, en una iniciativa que refleja el progresivo repliegue militar de Estados Unidos del teatro europeo. El proyecto, impulsado en el marco de la cumbre de la Alianza en Turquía, busca reforzar la presencia aliada en tres de los espacios marítimos más estratégicos del hemisferio norte y constituye uno de los pasos más significativos hacia una mayor autonomía europea dentro de la OTAN.
La propuesta surge tras meses de presión de la administración de Donald Trump para que los aliados europeos asuman una mayor carga en materia de defensa. Washington comunicó recientemente su intención de reducir parte de los activos militares que mantiene disponibles para la Alianza en caso de crisis, incluyendo cazas, bombarderos estratégicos, submarinos, destructores, aviones cisterna y drones armados. Paralelamente, el Pentágono inició una revisión integral de su despliegue militar en Europa con el objetivo de concentrar mayores recursos en el Indo-Pacífico, considerado el principal escenario de competencia estratégica con China.
En ese contexto, una coalición integrada por doce países —entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Canadá, Portugal, los países nórdicos y previsiblemente España— trabaja en una misión que combinará patrullas navales, ejercicios militares y presencia permanente en una extensa franja que conecta el Atlántico Norte con el océano Ártico. Para la OTAN, estas aguas conforman una única línea estratégica de defensa, fundamental para proteger las rutas marítimas transatlánticas y monitorear la creciente actividad de la Flota del Norte rusa.
El Ártico vuelve a adquirir una relevancia importante en la agenda internacional
El Ártico adquiere una relevancia especial. La iniciativa coincide con una nueva escalada verbal del presidente Donald Trump, quien reiteró durante la cumbre que Groenlandia “debería estar bajo control de Estados Unidos” y volvió a cuestionar la capacidad de Dinamarca para garantizar la seguridad de la isla. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió que la soberanía de Dinamarca “no está en discusión” y reiteró que Groenlandia no está en venta.
Esta nueva misión naval también responde al deterioro del entorno estratégico provocado por la guerra en Ucrania. En los últimos años, Rusia incrementó sus patrullas submarinas en el Atlántico Norte, modernizó instalaciones militares en el Ártico y reforzó la capacidad operativa de la Flota del Norte, responsable de buena parte de su componente nuclear estratégico. Para la OTAN, mantener una presencia constante en estas regiones resulta esencial tanto para proteger los corredores marítimos entre Norteamérica y Europa como para garantizar la libertad de navegación y la seguridad de infraestructuras críticas, incluidos cables submarinos y rutas energéticas.
Europa y Canadá buscan cubrir el hueco de EE.UU.
La iniciativa naval forma parte de un conjunto más amplio de proyectos destinados a compensar la reducción del aporte estadounidense. Entre ellos figura el desarrollo conjunto de capacidades europeas de ataque de largo alcance, impulsado tras la decisión de Washington de cancelar el despliegue previsto de misiles de alcance intermedio en Alemania. Diversos aliados consideran que Europa deberá desarrollar progresivamente capacidades propias para cubrir vacíos que durante décadas fueron asumidos por Estados Unidos.
España aparece como uno de los países llamados a desempeñar un papel relevante dentro de este proceso. Además de su participación prevista en la misión naval, Madrid anunció recientemente que incrementará su contribución al modelo de fuerzas de la OTAN mediante el despliegue adicional de cazas, aeronaves de reabastecimiento en vuelo, fragatas y sistemas de defensa aérea. Su posición geográfica, con acceso directo al Atlántico y al Mediterráneo, convierte a la Armada española en un actor importante dentro de la estrategia marítima aliada.
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