Del conflicto bilateral a la seguridad internacional: Occidente responde al despliegue marítimo chino frente a Taiwán

Regreso del grupo de tareas del portaaviones Liaoning a Qingdao el 22 de junio tras más de 40 días de entrenamiento orientado al combate en el Mar del Sur de China y el Pacífico Occidental. Créditos: Armada de China.

Regreso del grupo de tareas del portaaviones Liaoning a Qingdao el 22 de junio tras más de 40 días de entrenamiento orientado al combate en el Mar del Sur de China y el Pacífico Occidental. Créditos: Armada de China.

China intensificó las patrullas de su Guardia Costera frente a la costa oriental de Taiwán. En respuesta, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania expresaron su preocupación por el impacto de estas operaciones sobre la estabilidad del Estrecho de Taiwán.

El Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán declaró hoy que detectó al portaaviones Fujian (CV-18) del Partido Comunista Chino transitando por el estrecho de Taiwán. Las Fuerzas Armadas de la República de China emplearon métodos conjuntos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para monitorear de cerca todo el proceso y seguir sus movimientos. Créditos: Ministerio de Defensa de Taiwán.

El asunto bilateral entre Pekín y Taipéi en el estrecho de Taiwán demuestra que la estabilidad de la zona se configura como una cuestión de seguridad internacional. El pasado 24 de junio, Estados Unidos y sus aliados europeos emitieron una declaración conjunta sobre las recientes actividades chinas frente a la costa este de Taiwán.Al respecto, las potencias occidentales alertaron sobre el despliegue de patrullas chinas y las catalogaron como una amenaza para la estabilidad regional y la libertad de navegación.

En las últimas semanas, China ha aumentado el número de patrullas en la costa este de Taiwán. Esta tendencia ha acrecentado las alarmas en torno a la estabilidad del estrecho, pues no es usual que Pekín concentre sus embarcaciones en el este. Las acciones han dado origen a nuevas tensiones entre los países asiáticos. Por ello, la Guardia Costera señaló que las operaciones buscaban “salvaguardar la soberanía nacional y los derechos e intereses marítimos de China”. Sin embargo, el gobierno taiwanés rechazó explícitamente dichas afirmaciones, argumentando que China carece de autoridad legal para ejercer controles sobre rutas marítimas internacionales próximas a Taiwán.

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Frente a ello, Pekín alegó que las operaciones constituían actividades legítimas de aplicación de la ley dentro de áreas bajo su jurisdicción. De esta manera, China busca configurar discursivamente su hegemonía sobre el Mar Meridional y la extensión que reclama como soberana. No obstante, esta operación se da en paralelo con la reafirmación de la política de “Una sola China”. Precisamente, de manera recurrente, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino ha reiterado la posición oficial de que: “Taiwán es una parte inalienable del territorio de China”. En ese sentido, la presencia en el este de Taiwán muestra cómo Pekín intenta impedir que otros países modifiquen el statu quo mediante un mayor acercamiento diplomático o militar a Taipéi.

Imagen de un buque de guerra chino tomada cerca de Taiwán. Créditos: Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán

En ese sentido, China legitima sus operaciones marítimas y militares a través de un discurso de legalidad interna frente a la comunidad internacional. Es por ello que las acciones de presión marítima en el estrecho de Taiwán significan también un desafío para el orden regional liderado por Estados Unidos, debido a que, como su aliado, suministra armas a Taiwán y se opone a cambios unilaterales del statu quo mediante la fuerza. Es por ello que el accionar chino aumenta la fricción estratégica con Washington y sus aliados en el Indo-Pacífico.

Frente a ello, se produjo la primera reacción internacional coordinada. De hecho, las oficinas de representación de Francia, Alemania y Reino Unido en Taipéi publicaron un comunicado conjunto manifestando su preocupación por las actividades de la Guardia Costera china al este de Taiwán. Así, afirmaron: “We oppose any unilateral attempt to change the status quo by force or coercion.” Esta declaración fue respaldada por Estados Unidos, que también expresó su preocupación por las actividades chinas. Al respecto, catalogó su accionar como una amenaza para la estabilidad regional, así como un riesgo para la seguridad marítima y la libertad de navegación.

En este contexto, el Consejo de Asuntos Oceánicos de Taiwán agradeció el respaldo occidental. De esta manera, Taiwán consolidó su total oposición a las acciones chinas, las cuales cataloga como “acoso marítimo” y violación del derecho internacional. En contraposición, China declaró que solo se trataba de una operación especial de aplicación de la ley sobre el tráfico marítimo. Por tanto, las cuestiones entre China y Taiwán han sobrepasado el alcance bilateral y se configuran como un asunto internacional. Dado que esta respuesta diplomática coordinada consolida la posición del bloque occidental respecto a asuntos que no solo refieren a disputas locales, sino también a cuestiones que comprometen el equilibrio de poder regional y la estabilidad de una zona geoestratégica.

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