El presidente chino, Xi Jinping, aprovechó el 105.º aniversario de la fundación del Partido Comunista de China para presentar una nueva visión estratégica de defensa que combina el fortalecimiento militar, la consolidación del liderazgo político interno y una mayor proyección internacional de Beijing, particularmente en lo que refiere a Taiwán. En un discurso centrado en los desafíos del escenario global, el mandatario sostuvo que el mundo atraviesa un período de “agitación y transformación”, caracterizado por una creciente incertidumbre estratégica, y defendió la necesidad de acelerar la modernización de las Fuerzas Armadas como condición indispensable para garantizar el ascenso de China como potencia mundial.
En este sentido, el mensaje se inscribe dentro del proyecto político conocido como el “rejuvenecimiento de la nación china”, una hoja de ruta que busca convertir al país en una potencia plenamente desarrollada hacia mediados de siglo. En ese contexto, Xi reiteró que “una nación fuerte necesita un ejército fuerte”, vinculando el desarrollo económico y tecnológico con la construcción de unas fuerzas militares de “primer nivel”.
La estrategia contempla el incremento de capacidades convencionales y también una transformación integral del sistema de defensa mediante reformas organizativas, innovación tecnológica, inteligencia artificial, ciberdefensa y una mayor integración entre el sector civil y militar. El discurso también reforzó el principio de control absoluto del Partido Comunista sobre el Ejército Popular de Liberación. Xi sostuvo que el fortalecimiento de las capacidades militares debe ir acompañado por una conducción política más sólida, mejoras en el sistema de mando, profesionalización del personal y una aceleración de las reformas estructurales iniciadas durante la última década.
Taiwán, el componente más sensible en la nueva era de defensa que busca Xi Jinping
En cuanto al apartado dedicado a Taiwán fue, una vez más, el componente más sensible del mensaje. Xi reafirmó la política de “Una sola China” y aseguró que Beijing continuará combatiendo cualquier intento de independencia de la isla, al tiempo que rechazó la injerencia de actores externos en el estrecho de Taiwán. Si bien el mandatario no anunció nuevas medidas militares, sus declaraciones mantienen la línea adoptada por el gobierno chino en los últimos años y constituyen una señal política dirigida principalmente a Estados Unidos y a sus aliados, que han incrementado su cooperación militar y política con Taipéi.
Más allá de la cuestión taiwanesa, Xi presentó una visión del orden internacional que busca posicionar a China como uno de los principales arquitectos de la gobernanza global. Conceptos como un “nuevo tipo de relaciones internacionales” y una “comunidad de futuro compartido para la humanidad” volvieron a ocupar un lugar central en su discurso. Estas ideas forman parte de la narrativa diplomática impulsada por Beijing para promover un sistema internacional más multipolar, con mayor protagonismo para las potencias emergentes y menor dependencia de las instituciones lideradas por Occidente.
Diplomacia, tecnología e industria, algunas de las herramientas influencia que China busca potenciar para posicionarse
En ese marco, las referencias a la “Iniciativa de Seguridad Global” y a los principios de “paz, desarrollo y beneficio mutuo” también pueden interpretarse como un intento de reforzar la posición internacional de China respecto de la guerra entre Rusia y Ucrania. Desde el inicio del conflicto, el gigante asiático buscó mantener una postura oficialmente neutral mientras profundiza su asociación estratégica con Moscú y, al mismo tiempo, impulsa iniciativas diplomáticas propias, como el documento de doce puntos presentado en febrero de 2023 para promover una solución política al conflicto.
El contenido del discurso también evidencia que la estrategia china ya no se limita al crecimiento económico como principal herramienta de influencia. La competencia tecnológica, el fortalecimiento industrial, la autonomía en sectores críticos y la modernización militar aparecen cada vez más integrados dentro de una misma visión estratégica. Para Beijing, la seguridad nacional ya no depende únicamente del poder militar tradicional, ahora también del dominio de tecnologías avanzadas, las cadenas de suministro, la inteligencia artificial, el espacio y el ciberespacio, ámbitos considerados esenciales para la competencia entre grandes potencias durante las próximas décadas.
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