Cabo Verde, Argentina y Malvinas: el cruce mundialista que también mira al Atlántico Sur

Argentina y Cabo Verde se cruzan este viernes en Miami por los dieciseisavos de final del Mundial 2026. En la cancha, el duelo enfrenta al vigente campeón del mundo con una de las grandes sorpresas del torneo. Fuera de ella, el partido permite mirar un mapa menos evidente: el del Atlántico Sur, las migraciones portuarias y la diplomacia argentina por la Cuestión Malvinas.

Cabo Verde puede parecer un rival lejano para la Argentina futbolera. Sin embargo, el pequeño archipiélago africano tiene una historia mucho más cercana al país de lo que sugiere la distancia. La comunidad caboverdeana en Argentina tiene más de un siglo de presencia y está especialmente vinculada a zonas portuarias como Dock Sud, Ensenada, Berisso, Mar del Plata y Bahía Blanca. Esa identidad se formó alrededor del trabajo marítimo, los puertos, la marina mercante, los astilleros y las redes familiares de una diáspora que mantuvo vivo el vínculo con las islas africanas.

Ese primer puente social permite entender el segundo: el diplomático. Argentina y Cabo Verde integran la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, conocida como ZOPACAS, un foro creado en 1986 que reúne a 24 países ribereños de Sudamérica y África occidental. Su objetivo es preservar al Atlántico Sur como una región de paz, cooperación, estabilidad y diálogo entre Estados.

Para la Argentina, ese espacio tiene una importancia particular porque allí la Cuestión Malvinas aparece de manera recurrente. En abril de 2023, la reunión ministerial de la ZOPACAS se realizó en Mindelo, Cabo Verde. Allí, los Estados miembros volvieron a instar a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

La declaración adoptada en Mindelo también expresó preocupación por las actividades de exploración de hidrocarburos en el área en disputa y por el refuerzo de la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Tres años después, en abril de 2026, la Cancillería argentina volvió a destacar el respaldo de los 24 miembros de la ZOPACAS a la Cuestión Malvinas en la Declaración de Río, que reiteró el llamado a retomar negociaciones con el Reino Unido.

Foto oficial cumbre ZOCAPAZ

Por eso, el cruce mundialista no convierte automáticamente a Cabo Verde en un actor central de la política argentina sobre Malvinas, pero sí permite contar una conexión real: el rival de Argentina forma parte de una arquitectura diplomática suratlántica donde Buenos Aires busca sostener apoyos políticos frente al Reino Unido.

Hay, además, un antecedente histórico que vuelve todavía más interesante el cruce. Fuentes sobre la política exterior caboverdeana señalan que, durante la Guerra de Malvinas de 1982, Cabo Verde rechazó permitir que aeronaves o buques británicos utilizaran su territorio o el aeropuerto de Sal para reabastecerse durante la campaña. Otro texto, publicado por el Instituto Pedro Pires, afirma que en aquella ocasión se negó a la aviación del Reino Unido el uso del aeropuerto de Sal.

Un cazabombardero Sea Harrier dispuesto en una de las cabeceras del aeropuerto Argentino en las Islas Malvinas. Crédito: Alejo Sanchez Piccat / Escenario Mundial

El dato debe usarse con cuidado: no se trata de afirmar que Cabo Verde “cerró bases” al Reino Unido, ni de sobredimensionar su papel en la guerra. Lo preciso es señalar que estudios sobre su política exterior registran un rechazo al uso del aeropuerto de Sal como punto de apoyo británico, en línea con una diplomacia caboverdeana que durante la Guerra Fría buscó preservar márgenes de autonomía y no alineamiento.

Ese antecedente logístico se vuelve aún más llamativo por lo que ocurrió décadas después. En 2017, por obras en la pista de la isla Ascensión, el Ministerio de Defensa británico confirmó que el aeropuerto de Sal, en Cabo Verde, sería utilizado como escala de reabastecimiento del South Atlantic Airbridge, el puente aéreo entre Reino Unido y Malvinas. Es decir: el mismo punto que en 1982 habría sido negado para apoyo británico terminó integrado, años más tarde, a la logística aérea británica hacia el Atlántico Sur.

El partido durará 90 minutos, pero deja una postal poco común. Argentina enfrentará a un rival que, en términos futbolísticos, llegó al Mundial como sorpresa; pero que, en términos históricos y diplomáticos, también forma parte de una geografía que Buenos Aires mira desde hace décadas: la del Atlántico Sur como espacio de soberanía, recursos, rutas marítimas y disputa política.

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