La cúpula militar iraní ha reclutado a un equipo de psicólogos especializados con la misión de descodificar la mentalidad de Donald Trump para predecir sus decisiones en la mesa de negociación nuclear. Esta estrategia de guerra psicológica pretende transformar los arrebatos del mandatario en redes sociales en eventos previsibles que se puedan pronosticar como si fueran fenómenos meteorológicos.
Los negociadores de Teherán analizan minuciosamente el libro The Art of the Deal para utilizar las propias tácticas de Trump en su contra y neutralizar la técnica de lanzar demandas extravagantes para forzar al oponente a ceder. El experto iraní Mohamed Amersi asegura que Irán es plenamente consciente de estas maniobras destinadas a poner a prueba su resolución y que este conocimiento busca equilibrar la balanza antes de firmar cualquier pacto definitivo.

A pesar de estos esfuerzos analíticos, el clima en la cumbre de Bürgenstock en Suiza se volvió caótico tras las amenazas del presidente en Truth Social sobre golpear duramente a Irán si no dejaba de financiar a Hezbolá. En medio de esta tensión, el oficial iraní Mohammad Bagher Ghalibaf confrontó directamente al vicepresidente JD Vance para comunicarle que su país nunca negocia bajo amenazas o presión.
El diálogo técnico se ha visto bloqueado por la consolidación de la Zona de Seguridad israelí en el sur del Líbano que Irán considera políticamente inasumible. El despliegue de las Fuerzas de Defensa de Israel abarca desde la frontera hasta el río Litani e incluye puestos de observación permanentes en puntos críticos como Bint Jbeil.

El éxito de la diplomacia depende ahora de una ventana de 60 días en la que Irán se compromete a permitir el paso seguro de buques comerciales por el estrecho de Ormuz. A cambio, el Tesoro de los Estados Unidos ha emitido licencias para la venta de crudo y ha aceptado un mecanismo de alimentos por activos mediado por Qatar. Este sistema permitiría desbloquear fondos iraníes congelados exclusivamente para la compra de soja, maíz y trigo a productores estadounidenses bajo una estricta auditoría.

Sin embargo, la postura inamovible de Benjamín Netanyahu sobre mantener sus tropas en suelo libanés el tiempo que sea necesario reduce el acuerdo de paz a una tregua provisional. Mientras las patrullas israelíes no se retiren de la franja roja detallada en la cartografía técnica, cualquier firma en Suiza será meramente un memorando de entendimiento. La realidad física de la ocupación en Líbano y la doctrina de ataque preventivo de Israel representan obstáculos que la guerra psicológica de Teherán difícilmente podrá sortear por sí sola.
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