El acuerdo para cerrar la guerra entre Estados Unidos e Irán abrió una nueva etapa diplomática, pero dejó sobre la mesa uno de los puntos más sensibles de la seguridad regional: el arsenal de misiles balísticos, misiles de crucero y drones de largo alcance que Teherán desarrolló durante las últimas décadas.
Un análisis actualizado del Missile Defense Project del Center for Strategic and International Studies expone que Irán posee el arsenal de misiles más grande y diverso de Medio Oriente, con miles de sistemas balísticos y de crucero. Algunos de ellos tienen alcance suficiente para golpear Israel, bases estadounidenses en la región, países del Golfo y sectores de Europa oriental.
El dato importa porque la discusión sobre Irán no termina con el memorando de paz. Mientras Washington y Teherán intentan convertir la tregua en un acuerdo más estable, los misiles iraníes siguen siendo una herramienta central de poder militar, disuasión y presión política. Para Estados Unidos y sus aliados regionales, ese inventario representa una amenaza directa incluso si el frente nuclear entra en negociación.
Entre los sistemas destacados aparecen misiles de corto y mediano alcance como Shahab-3, Ghadr-1, Emad, Sejjil, Khorramshahr, Qiam-1, Zolfaghar, Fateh-110 y Fateh-313. Sus rangos varían desde algunos cientos de kilómetros hasta alrededor de 2.000 kilómetros, lo que permite a Irán cubrir buena parte del Medio Oriente desde su propio territorio.
El informe también subraya el peso de los drones Shahed. Plataformas como los Shahed-131, Shahed-136 y Shahed-238 forman parte del componente de ataque unidireccional iraní, mientras otros modelos cumplen funciones de vigilancia, adquisición de blancos o combate. Esa familia de drones amplió la capacidad de Irán para golpear a distancia con sistemas más baratos, numerosos y difíciles de interceptar en masa.
La dimensión regional es clave. Irán no solo conserva esos sistemas para uso propio, sino que también los ha transferido o facilitado a socios y actores aliados en Irak, Líbano, Yemen, los territorios palestinos y Rusia. Esa red convirtió a los misiles, cohetes y drones iraníes en una herramienta de influencia más allá de las fronteras del país.
El antecedente operativo también pesa. Desde 2017, Irán empleó misiles y drones en ataques contra objetivos en Siria, Irak, Arabia Saudita y bases con presencia estadounidense. El caso más recordado fue el ataque de enero de 2020 contra tropas estadounidenses en Irak tras la muerte de Qasem Soleimani, pero también destacan los golpes contra instalaciones petroleras saudíes en Abqaiq y Khurais.
La lectura de fondo es que la guerra con Estados Unidos puede entrar en fase de cierre, pero el problema misilístico iraní queda lejos de resolverse. Para Washington, el desafío será evitar que un acuerdo centrado en Ormuz, sanciones y programa nuclear deje intacta la capacidad de Irán para proyectar poder con misiles y drones. Para Teherán, ese arsenal sigue siendo una de sus principales cartas de negociación y disuasión.
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