El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, ha jurado acelerar el fortalecimiento de las capacidades de defensa nacional, denunciando que las maniobras de Estados Unidos y Corea del Sur están empujando a la región “al borde de una guerra nuclear”. Pyongyang ya no solo busca la supervivencia, sino que ha establecido su estatus nuclear como una “línea de no retorno” que cierra definitivamente cualquier puerta a las conversaciones de desnuclearización.
Se podría decir que el régimen está utilizando su arsenal como una palanca diplomática y estratégica permanente, aprovechando la percepción de que las sanciones internacionales han perdido su efectividad.
Durante una reunión de tres días del Partido de los Trabajadores de Corea que concluyó el lunes, Kim Jong Un reafirmó la “postura política inamovible” de su Estado para desarrollar capacidades de defensa de manera más rápida. El mandatario señaló específicamente que Washington y Seúl están avanzando en la posesión de submarinos nucleares por parte de Corea del Sur y en una modernización “cada vez más abierta” de las fuerzas armadas en la región. Ante estos desarrollos, Kim calificó como una “postura firme” el fortalecimiento de un disuasivo de defensa propia “absolutamente confiable”, basado en tecnología nuclear que avanzará a una “velocidad creciente”.
La retórica de Kim busca construir una narrativa que justifique el refuerzo nuclear como una respuesta directa a los movimientos de sus adversarios. Analistas del Instituto de Corea para la Unificación Nacional en Seúl advierten que este lenguaje anula cualquier margen para el diálogo sobre desnuclearización, tratando el estatus nuclear de Corea del Norte como un fait accompli (hecho consumado). Desde el colapso de la cumbre de 2019 con Donald Trump en Hanói, Pyongyang se ha declarado un estado nuclear irreversible. Esta posición fue reforzada recientemente por la hermana del líder, Kim Yo Jong, quien calificó la política nuclear como un punto sin retorno, confirmando que el régimen no tiene intención alguna de renunciar a su arsenal.
La escalada ocurre en un momento de reevaluación estratégica en el bando aliado. El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, reveló tras un encuentro con Donald Trump en el G7 que el mandatario estadounidense coincide en que las sanciones contra el Norte son “ineficaces”. Según Lee, ya no es posible abordar el problema nuclear norcoreano con las mismas herramientas del pasado, una visión que Trump habría validado. En este complejo escenario, Corea del Norte continúa estrechando lazos militares con Rusia e incrementando sus envíos de suministros bélicos, mientras las fuerzas de EE.UU. en Corea exploran redes de disuasión como el “Kill Web” para contener las crecientes amenazas en el Indo-Pacífico.
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