Trump afirma que el acuerdo con Irán “no es el final” y abre la posibilidad de nuevos ataques

El presidente Donald J. Trump asiste al tercer partido de las finales de la NBA en el Madison Square Garden de Nueva York. Galería de la Casa Blanca.

El presidente Donald J. Trump asiste al tercer partido de las finales de la NBA en el Madison Square Garden de Nueva York. Galería de la Casa Blanca.

El presidente Donald Trump ha sacudido la estabilidad diplomática al advertir que el reciente memorando de entendimiento con Irán no es definitivo y que está dispuesto a retomar los bombardeos si Teherán “no se comporta”, una retórica que coincide con el estancamiento del frente en el sur del Líbano. Lo que debe saberse es que, mientras Washington celebra la reapertura del Estrecho de Ormuz para bajar los precios del crudo, la ausencia de Israel en las negociaciones convierte al pacto en una tregua frágil. Benjamin Netanyahu ha confirmado que sus tropas no se retirarán de territorio libanés, chocando frontalmente con la exigencia de Irán de un cese total de hostilidades regionales para avanzar en el acuerdo nuclear.

Esta desconexión entre la urgencia económica de la Casa Blanca y los objetivos militares de Israel es el verdadero diferencial que se detecta en la “paz” que, por ahora, solo existe en el papel.

Foto “familiar” oficial del G7 celebrado en Évian, Francia, el 16 de junio de 2026. Créditos: Casa Blanca vía X.

La fragilidad del memorando frente a la “tregua de papel”

Durante la cumbre del G7 en Francia, Trump calificó el documento de 14 puntos como un marco general que le permite “volver a dispararles y lanzar bombas sobre sus cabezas” si los términos no le satisfacen, desmarcándose incluso de la financiación de un fondo de desarrollo de 300.000 millones de dólares para Irán. Sin embargo, el texto firmado por el vicepresidente J.D. Vance posterga compromisos críticos, como la entrega del inventario de uranio enriquecido, lo que deja una ventana de incertidumbre técnica que Israel utiliza para justificar la continuidad de su presión militar. Para el analista Alberto García Watson, esta postura israelí amenaza con vaciar de contenido cualquier entendimiento, ya que la resolución del conflicto es inviable mientras Israel mantenga sus posiciones de ocupación no solo en Líbano, sino también en Siria y Gaza.

El presidente Donald J. Trump se reúne con el embajador del Líbano en EE. UU. y con el embajador de Israel en EE. UU. en el Despacho Oval. Créditos: Galería de la Casa Blanca.

Intereses de Washington vs. agenda de Netanyahu

La principal novedad geopolítica de este proceso es que Estados Unidos parece haber priorizado sus propios intereses estratégicos —la normalización del tráfico marítimo y la reducción de los costes de la guerra— por encima de las demandas de seguridad de su principal aliado. Esta situación ha abierto una grieta inusual entre Trump y Netanyahu; mientras el presidente estadounidense busca evitar una “depresión mundial” mediante la estabilización de los mercados, el primer ministro israelí sostiene que sus fuerzas permanecerán en el Líbano “el tiempo que sea necesario”.

Diversos analistas señalan que la resistencia de Netanyahu a alinearse con el espíritu del acuerdo responde a factores de política interna que van más allá de lo militar. La continuidad del conflicto bélico actúa como un motor de supervivencia para la coalición gubernamental israelí y proporciona un escudo legal al primer ministro; mientras persista la confrontación regional, Netanyahu tiene mayores facilidades para postergar sus procesos judiciales por corrupción y evitar el banquillo.

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