Investigadores de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China han revelado un ambicioso plan estratégico para saturar portaaviones de EE.UU. a 3.000 km, lo que representa un giro fundamental en la escala de la guerra naval del Indo-Pacífico. Según el estudio publicado en la revista Tactical Missile Technology, la intención de Beijing es neutralizar los grupos de combate estadounidenses, incluso en activos tan lejanos como Guam, mediante el despliegue coordinado de misiles hipersónicos y enjambres de sistemas no tripulados diseñados para desbordar las defensas avanzadas del Pentágono.
Esta nueva doctrina operativa busca responder directamente al concepto de Operaciones Marítimas Distribuidas (DMO) de Estados Unidos, el cual dispersa las formaciones navales para mitigar su vulnerabilidad ante ataques regionales. La táctica propuesta por el equipo del profesor Gao Tianyun consiste en un ataque inicial sorpresa ejecutado por submarinos que lancen proyectiles hipersónicos contra los destructores Aegis. El objetivo de esta fase es fracturar el escudo defensivo exterior de mediano alcance, dejando al portaaviones principal vulnerable ante una oleada posterior y masiva de proyectiles.
Una vez abierta la brecha en la defensa, se activaría un paquete de fuego multidireccional compuesto por drones señuelo de bajo costo, misiles de crucero económicos y proyectiles furtivos subsónicos que vuelan a ras del agua. Esta orquestación técnica utiliza un sofisticado modo de “líder-seguidor”, donde un misil explorador designado transmite datos en tiempo real a los proyectiles que vuelan a baja altura, permitiendo ajustes dinámicos en la trayectoria del enjambre incluso si la unidad líder es interceptada durante el trayecto hacia el objetivo.
No obstante, la efectividad de este enjambre depende de una cadena de mando y sensores extremadamente compleja que debe permanecer ininterrumpida a lo largo de miles de kilómetros para localizar un objetivo en movimiento. Los analistas advierten que esta arquitectura depende fuertemente de activos de vigilancia basados en el espacio, lo que crea múltiples oportunidades para que Estados Unidos interrumpa la operación mediante maniobras de guerra electrónica, ataques cibernéticos o acciones contra-espacio diseñadas para romper la red de comunicaciones china.
Kill-web
Para mitigar estos riesgos de interrupción, China está desarrollando arquitecturas de “red de muerte” o kill-web que integran nodos de combate de manera dinámica a través de la tierra, el mar, el aire y el espacio. Al utilizar computación en el borde y toma de decisiones autónoma, este sistema puede reorganizar sus enlaces de forma automática si ciertos nodos sufren interferencias o daños físicos. Además, la incorporación de inteligencia artificial permitiría que los misiles operen de forma independiente, navegando sin GPS e identificando objetivos sin necesidad de un enlace constante con un operador humano, eliminando así los puntos únicos de falla en la red.
Por su parte, la Armada de los Estados Unidos responde a esta amenaza de saturación implementando una arquitectura defensiva de capas no tripuladas que busca expandir la profundidad de su protección. Este sistema incluye una red exterior de buques de superficie no tripulados medianos (MUSV) para la detección temprana y el uso de buques no tripulados grandes (LUSV) como arsenales remotos de misiles interceptores. Esta estrategia permite transferir el riesgo a sistemas autónomos y asequibles, preservando la supervivencia del portaaviones frente a las crecientes capacidades de fabricación de misiles de la potencia asiática.
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