Pakistán anunció que Estados Unidos e Irán podrían firmar un acuerdo de paz en las próximas 24 horas, en una señal que abre una posible salida diplomática a una crisis que escaló con ataques directos, represalias regionales y tensión sobre el Estrecho de Ormuz.
El mensaje fue difundido por el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif, quien afirmó que las partes están “más cerca que nunca” de alcanzar un acuerdo. Según su versión, Islamabad se prepara para una firma electrónica inmediata una vez finalizado el texto, seguida por conversaciones técnicas durante la próxima semana.
El rol de Pakistán aparece como un dato central. Islamabad se presenta como facilitador entre Washington y Teherán, con capacidad para hablar con ambas partes y con actores regionales interesados en evitar que la guerra siga expandiéndose hacia el Golfo, Líbano o el Mar Rojo.
La fórmula anunciada por Sharif sugiere una salida en dos tiempos. Primero, un entendimiento político para frenar la guerra y abrir una fase de desescalada. Después, una negociación técnica destinada a ordenar los puntos más complejos: sanciones, bloqueo naval, reapertura de Ormuz, fondos iraníes congelados y garantías nucleares.
La cautela, sin embargo, sigue siendo necesaria. El acuerdo no está firmado y todavía no hay un documento público completo aceptado por Estados Unidos e Irán. En los últimos días circularon versiones divergentes sobre el borrador, incluyendo una posición iraní de máxima que exigía alivio de sanciones, descongelamiento de fondos, levantamiento del bloqueo y retiro de tropas estadounidenses de zonas próximas a Irán.
Para Teherán, el objetivo inmediato es evitar aparecer como derrotado tras semanas de ataques, mientras busca recuperar margen económico mediante el alivio de sanciones y el acceso a recursos financieros. Para Washington, la prioridad es asegurar la reapertura de Ormuz, contener la escalada regional y obtener garantías sobre el programa nuclear iraní.
El punto más sensible es que Irán mantiene su negativa formal a producir armas nucleares, pero no necesariamente acepta renunciar al enriquecimiento de uranio. Esa diferencia puede convertirse en el núcleo de las conversaciones técnicas, porque para Estados Unidos cualquier acuerdo estable debe incluir mecanismos de verificación y límites claros al programa nuclear.
La posible firma también impactaría sobre los aliados regionales. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Qatar y Jordania siguieron de cerca la escalada por el riesgo de quedar atrapados entre ataques iraníes, presencia militar estadounidense y vulnerabilidad energética. Una tregua permitiría bajar la presión, pero no resolvería por sí sola el problema de fondo.
Te puede interesar: Irán condiciona un acuerdo con Estados Unidos al levantamiento del bloqueo y la reapertura de Ormuz
