Corea del Norte rechazó la declaración conjunta de Corea del Sur y la Unión Europea que condenó su cooperación militar con Rusia, en una nueva señal de endurecimiento diplomático en torno al vínculo entre Pyongyang y Moscú durante la guerra en Ucrania.
La respuesta fue difundida por el Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano a través de la agencia estatal KCNA, después de la cumbre realizada en Bruselas entre el presidente surcoreano Lee Jae Myung, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
En su declaración, Seúl y Bruselas calificaron como “ilegal” la cooperación militar entre Corea del Norte y Rusia, exigieron el cese inmediato de esas actividades y pidieron a ambos países respetar la Carta de Naciones Unidas y las resoluciones del Consejo de Seguridad. También expresaron preocupación por los programas nuclear y misilístico norcoreanos.
Pyongyang respondió acusando a Corea del Sur de actuar como un “Estado enemigo” y sostuvo que la declaración representa una violación de su soberanía. El mensaje también apuntó directamente contra Lee Jae Myung, a quien acusó de quitarse la “máscara de la paz” y confirmar que no puede existir una convivencia pacífica entre las dos Coreas.
El trasfondo es el salto estratégico que dio la relación entre Corea del Norte y Rusia desde la firma del Tratado de Asociación Estratégica Integral, que incluye una cláusula de asistencia militar mutua en caso de agresión armada. Ese acuerdo consolidó una relación que ya venía creciendo por el apoyo norcoreano al esfuerzo bélico ruso en Ucrania.
Para Europa, el vínculo Pyongyang-Moscú dejó de ser un asunto limitado a la península coreana. La posibilidad de que Corea del Norte provea municiones, misiles, tropas o apoyo logístico a Rusia conecta directamente la seguridad asiática con la guerra en Ucrania y con la capacidad de Moscú para sostener operaciones prolongadas.
Para Corea del Sur, el problema es doble. Por un lado, el fortalecimiento militar de Corea del Norte aumenta la presión directa sobre la península. Por otro, cualquier transferencia tecnológica rusa hacia Pyongyang podría acelerar capacidades norcoreanas en misiles, satélites, submarinos o sistemas nucleares.
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