México y Sudáfrica cortarán el listón esta tarde. Tras tres años y medio de la consagración argentina en Qatar, vuelve la cita mundialista. Pero este Mundial llega cargado de connotación política, mayor que la acostumbrada. ¿Se trata del más polémico en estos términos en su historia?
Si bien la organización del país árabe en la edición pasada suscitó debates en torno a los derechos humanos y la elección de la sede, la mirada era mucho más generalizada. En este caso, el hecho de que el propio país organizador -el más relevante de los tres anfitriones- se encuentre en guerra con otro participante le da un detalle por demás particular.
Desde Escenario Mundial comienza también la cobertura de un evento global que mueve el tablero. No es solo un torneo de futbol, es la cita que reúne a más televidentes, espacios publicitarios y proyecciones de poder en el mundo.
El Mundial en el Mapa es una propuesta enfocada en analizar la competencia en el ámbito geopolítico, su impacto en las relaciones internacionales, la economía y la cultura alrededor del planeta. Mientras todo se detiene esperando a un nuevo campeón y las nuevas estrellas, Escenario Mundial para la pelota para explicar la dimensión política.
Estados Unidos, eje central de la polémica política de este mundial
A pesar de compartir la organización con sus vecinos México y Canadá, Estados Unidos se lleva todas las miradas y es el centro de los análisis. Su conflicto en Irán, los problemas en migraciones para las delegaciones y los altos costos en entradas y logística para los hinchas son apenas la cabeza de una larga lista.
Probablemente sea una de las pocas sociedades en el mundo donde el futbol no es el deporte más popular. Sin embargo, el país norteamericano lleva una década cimentando el camino para organizar este evento. Desde 2016, recibió dos ediciones de la Copa América y el Mundial de Clubes de la FIFA, como también casi todas las competencias regionales de la CONCACAF.
La influencia y vínculo de Estados Unidos con la Federación Internacional de Futbol es la más alta en su historia. Las postales de ambos presidentes, Donald Trump y Gianni Infantino, son las más cercanas de sus mandatarios de las que se tenga registro. Que el mismo Trump participe de las celebraciones tras la final del Mundial de Clubes también habla del rol protagónico que tomó Estados Unidos.
Historia e intereses de Estados Unidos en el futbol
Allá por 1994, cuando organizó su primer mundial, el objetivo principal era introducir el futbol al país por su enorme popularidad en el resto del mundo. Un negocio global del que Estados Unidos aún no formaba parte. Quizás aún tampoco lo entienda del todo, con dinámicas muy diferentes a los deportes más extendidos como el Futbol Americano, Básquet o Beisbol.
Lo que si entendió Estados Unidos es el soft power, la política del mundial y, sobre todo, el negocio del futbol. A pesar de ser una gran potencia en la rama femenina, y un equipo que ni siquiera es dominante al 100% en su propia región masculina, no organiza el máximo torneo de mujeres desde 2003.
Más allá de apostar al crecimiento de su liga, la Mayor League Soccer (MLS), con nuevos clubes, ciudades y la incorporación de estrellas como el mismísimo Lionel Messi, Estados Unidos tampoco organizó torneos juveniles de la FIFA en los últimos años y tampoco apuesta a la formación “clásica” de instituciones, sino a clubes franquicia que pueden cambiar de ubicación, dueño y nombre.
¿Cuál fue la política de la FIFA para organizar este Mundial?
Aquí surge quizás una de las polémicas más fuertes de la organización. El análisis de la designación de Qatar fue que el organismo central del futbol hizo la vista gorda frente a la vulneración de los derechos humanos por el negocio. Esta vez, el contexto terminó siendo bastante más burdo.
La FIFA no solo pasa por alto cuestiones referidas a los derechos humanos y la paz, sino que boicotea su propio accionar. ¿Cuál es el parámetro para mantener a Rusia vetada de toda competición desde marzo de 2022 y no accionar frente a los ataques de Estados Unidos sobre Irán?
Rusia organizó la edición 2018 luego de haber anexado Crimea ilegalmente en 2014, ¿por qué no se la sancionó en ese momento? Este y otros cuestionamientos recargan la cuestión de la política en este Mundial, visibilizando incongruencias en la organización y en la gestión de la FIFA puertas adentro.
Así, durante todo el año, la participación de Irán fue una de las grandes dudas. Incluso hoy, a las puertas de la gran inauguración, no hay una respuesta concreta a los obstáculos logísticos y migratorios, no solo para la nación persa, sino también para muchas más.
Con jugadores demorados en migraciones, delegaciones revisadas exhaustivamente al llegar, árbitros deportados, para Infantino solo queda “relajarse”.
Reventa legal, arbitrajes mecanizados y nuevos espacios publicitarios
Espacios (para más) verdes. Las nuevas reglas del organismo no se limitan al campo de juego, también afectan la dinámica del deporte mismo. Los cooling break se institucionalizaron en su reglamento global, sin importar si los partidos de disputan en un cálido junio norteamericano o un frío mayo argentino.
También se viene un Video Assistant Referee (VAR) con más poder y más tecnología a disposición, dándole menos influencia al factor humano. La penalización de demoras deliberadas apunta a acelerar el juego, mientras que el fomento a más intervenciones del VAR lo hará menos dinámico.
Los costos de este Mundial en términos económicos para los hinchas también representan una decisión política. Con reventa legalizada, precios desregulados y acceso diferencial a entradas, la tarifa para presenciar los partidos resulta prohibitiva y no augura un lleno recurrente en los estadios.
En este contexto girará hoy la pelota por primera vez, y claro que el mundo observará con atención, como siempre cada cuatro años. El Mundial dejará mucha tela para cortar, y su versión política estará explicada en términos simples en las redes sociales y el portal de Escenario Mundial. Vamos a jugar.
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