China endureció recientemente normas regulatorias vinculadas a inversiones externas, transferencia de tecnología y manejo de datos con relación a Taiwán. Así ha reforzado mecanismos de seguridad nacional sobre aquellos sectores que considera estratégicos. Estas nuevas regulaciones, que han sido aprobadas por el Consejo de Estado chino, empezarán en julio e incrementarán el control sobre todas las exportaciones tecnológicas o circulación de datos que se consideren sensibles. Beijing busca impedir que empresas chinas trasladen sus operaciones con el objetivo de evadir controles regulatorios, con un énfasis en las industrias vinculadas con la inteligencia artificial, telecomunicaciones y semiconductores.
Dichas medidas surgen como una respuesta directa al creciente endurecimiento de las regulaciones estadounidenses en los sectores tecnológicos. Según Reuters, Estados Unidos implementó acciones para evitar que compañías chinas pudieran acceder a chips avanzados de Nvidia mediante subsidiarias ubicadas en otros países. El Departamento de Comercio estadounidense afirma que existían ciertos vacíos legales que permitirían el acceso de firmas chinas a obtener procesadores avanzados a través de terceros países, escenario que aumentó la tensión en este conflicto tecnológico entre las potencias.
Taiwán respondió con una investigación exhaustiva a personas acusadas de participar en la exportación ilegal de servidores de inteligencia artificial con chips Nvidia hacia China, comunica Reuters. Asimismo, autoridades taiwanesas informaron que sospechan que se logró ingresar los chips avanzados a China utilizando a Japón como intermediario. Las investigaciones se producen en un contexto donde Taiwán ocupa una posición central en la producción mundial de semiconductores avanzados y donde el control sobre estas tecnologías ha adquirido una dimensión estratégica para garantizar la seguridad regional.
Este escenario puede entenderse mediante el concepto de desglobalización. La desglobalización hace referencia a un proceso de fragmentación de la economía internacional donde los Estados comienzan a priorizar seguridad nacional, soberanía económica y control estratégico por encima de la apertura comercial irrestricta. Como establece IESE Business School, la rivalidad entre ambas potencias ha generado un “desacoplamiento parcial” que ha sido acompañado de una reestructuración de cadenas de suministro y el crecimiento de estrategias de proteccionismo económico. De forma similar, CIDOB sostiene que la competencia estratégica que ha surgido entre ambas potencias constituye uno de los principales factores de la reconfiguración de las cadenas de valor a nivel global.
En este contexto empieza a ganar relevancia el concepto del proteccionismo tecnológico, entendido como un conjunto de políticas gubernamentales orientadas a proteger industrias estratégicas a través de restricciones comerciales, controles regulatorios y limitaciones al acceso tecnológico exterior. Tanto Estados Unidos como China comenzaron a aplicar este tipo de medidas sobre semiconductores, inteligencia artificial y transferencia de tecnología avanzada. Reuters reportó además que China incrementó controles sobre inversiones y transferencia de datos vinculados con Taiwán mientras Washington amplía restricciones sobre exportación de chips avanzados hacia empresas chinas.
Junto al concepto anterior, también emerge la estrategia del nearshoring como una herramienta que podría llegar a equilibrar el sistema debilitado por la fragmentación global. El nearshoring consiste en poder trasladar procesos productivos hacia países vecinos o aliados para reducir riesgos geopolíticos y logísticos. Como señala EY, las grandes corporaciones priorizan la estabilidad política y seguridad de suministro por encima de la eficiencia global absoluta que fue el pilar de la globalización durante las últimas décadas.
De esta manera, más que un fin de la globalización, el caso de Taiwán nos presenta la evolución de la batalla por el liderazgo que han estado luchando China y EEUU. Un conflicto que ha dejado atrás herramientas como la globalización para implementar medidas proteccionistas en sectores tecnológicos, lo que termina empujando al sector privado a poder trasladar parte de sus operaciones debido a un cambio de prioridades en el panorama actual.
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