El Ejército de Estados Unidos está modificando una de las bases de su doctrina de combate. Ante la creciente capacidad de detectar y destruir puestos de mando mediante drones, inteligencia electrónica y armas de precisión, Washington apuesta por una nueva generación de centros de comando móviles capaces de desplazarse constantemente y ocultarse dentro del ruido digital del campo de batalla.
La transformación gira en torno al programa Next Generation Command and Control (NGC2), un sistema que busca reemplazar los tradicionales puestos de mando estáticos por una red de nodos dispersos y conectados. La iniciativa fue puesta a prueba recientemente durante un ejercicio militar realizado en Fort Carson, Colorado, donde las tropas operaron en un escenario que simuló amenazas como guerra electrónica, ciberataques y capacidades espaciales avanzadas.
El cambio responde a una preocupación concreta. Los centros de mando son responsables de coordinar operaciones, procesar información de inteligencia, identificar objetivos y mantener las comunicaciones entre las unidades. Sin embargo, también emiten grandes cantidades de señales electrónicas que pueden ser detectadas por adversarios tecnológicamente avanzados como Rusia o China, convirtiéndolos en blancos prioritarios en una guerra moderna.
Las experiencias observadas en Ucrania reforzaron esta preocupación. A lo largo del conflicto, las fuerzas ucranianas lograron localizar y atacar numerosos puestos de mando rusos mediante la combinación de drones, vigilancia electrónica y armas de precisión. Para los estrategas estadounidenses, estas operaciones demostraron que las estructuras de mando grandes y permanentes son cada vez más vulnerables en un campo de batalla saturado de sensores.
La respuesta del Ejército estadounidense es apostar por la movilidad y la dispersión. Los nuevos puestos de mando pueden desmontarse y trasladarse en menos de treinta minutos, mientras mantienen la capacidad de comunicarse y compartir información incluso durante el desplazamiento. Además, sus funciones están distribuidas entre distintos nodos, de modo que si uno es atacado o pierde conexión, otros pueden asumir sus tareas sin afectar la operación.
Más allá de la tecnología, el NGC2 refleja una evolución doctrinaria más amplia. En las guerras del futuro, la capacidad de ocultarse en el espectro electromagnético y evitar la detección podría ser tan importante como la potencia de fuego. Para el Ejército de Estados Unidos, sobrevivir en un conflicto contra potencias como Rusia o China dependerá no solo de destruir al enemigo, sino también de impedir que el enemigo encuentre sus propios centros de mando.
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