¿Quién es Keiko Fujimori?: la candidata de derecha que carga con el pasado de su padre y va por su cuarto balotaje

Reuters

Fujimori es el nombre que más resonó en la política peruana en las últimas décadas, desde el controversial gobierno de Alberto hasta las aspiraciones presidenciales de su hija, Keiko Fujimori. Un pasado cargado por una época de violencia política, que manchó un apellido de una candidata que hoy busca llegar al poder en su cuarto balotaje.

La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, buscará la presidencia este domingo 8 de junio. Disputará el cuarto balotaje en su carrera. Si gana, hablarán de un caso de resiliencia, si pierde, quedará marcado que el apellido pesa sobre el nombre.

Las tres derrotas con las que carga en su espalda Keiko son contra Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y contra Pedro Castillo en 2021. Esta vez, su rival es Roberto Sánchez, exministro del último gobierno de Castillo. Otra vez, se enfrentará a un candidato que representa a la izquierda peruana, la cual le jugó malas pasadas a Keiko.

En el contexto actual, la izquierda lidia frente a un escenario de fragmentación, hartazgo ciudadano e inseguridad creciente. Estas tres cosas se la atribuyen, en gran parte, al mandato de Castillo. Tras su destitución, Perú devino en una oleada de inestabilidad que se llevó consigo 2 mandatarios. Entre ellos, Dina Boluarte y José Jerry.

¿Quién es Keiko Fujimori?

Durante los últimos 15 años, Keiko fue una presencia permanente en la política. Pocos dirigentes son los que pierden tanto y no desaparecen, sino que se reconstruyen. Pocos fueron resistidos y, al mismo tiempo, competitivos. Esa es una de las claves de la figura de Fujimori.

Keiko Fujimori en rueda de prensa. Créditos: AFP

Keiko no solo representa una candidatura, sino a una identidad política que sobrevive a crisis, juicios, escándalos, derrotas y al paso del tiempo. El fujimorismo cambió de rostros, de tonos y de estrategias, pero nunca dejó de ocupar un lugar central en la discusión pública de Perú.

Si viajamos a su origen, ella nació en Lima en 1975, es la hija mayor de Alberto Fujimori y Susana Higuchi. Su historia política empezó antes de que ella eligiera la política como destino. En los 90, tras la separación pública y traumática de sus padres, Keiko asumió un rol protocolar de primera dama durante el gobierno de su padre.

Ese episodio la convirtió, desde muy joven, en una figura expuesta al poder, a sus privilegios y también a sus sombras. La política no llegó a su vida como una vocación romántica, sino como una herencia familiar.

Keiko suele decir que nunca pensó en dedicarse a la política. Quería ser empresaria, estudió Administración de Empresas y completó parte de su formación en Estados Unidos. Pero su biografía quedó atravesada por el apellido Fujimori.

En 2005, cuando Alberto Fujimori enfrentaba investigaciones y la posibilidad de ser detenido, Keiko dio el salto definitivo y aceptó postularse al Congreso. Un año después ganó una banca y comenzó a construir su propio camino dentro de una corriente que hasta entonces había dependido casi exclusivamente de la figura de su padre.

¿Qué diferencia a Keiko Fujimori de su padre Alberto Fujimori?

La gran diferencia entre padre e hija es que Keiko hizo partido donde él había hecho movimiento. Alberto Fujimori construyó una corriente personalista, marcada por la idea de orden, mano dura y estabilidad económica. Mientras que Keiko, convirtió ese legado en una estructura electoral llamada Fuerza Popular. Desde FP armó una maquinaria con presencia territorial, bancada parlamentaria y un voto duro que, aunque no siempre alcanza para ganar una elección, le permite volver una y otra vez al centro de la escena.

Alberto Fujimori junto a Keiko Fujimori, de primera dama

Pero esa herencia es también su cruz. Alberto Fujimori es recordado por parte de la sociedad peruana como el presidente que derrtó al terrorismo de Sendero Luminoso y estabilizó una economía quebrada. Para otros, en cambio, representa el autoritarismo, la parte más oscura de la historia política peruana, el cierre del Congreso, la concentración de poder, las violaciones a los derechos humanos y los casos Barrios Altos y La Cantuta, por los que fue condenado a 25 años de prisión. Keiko carga con esa doble memoria, la del orden que muchos añoran y la del abuso de poder que no se perdona.

Este es el dilema del fujimorismo y antifujimorismo que atravesó la última década. En 2011 se presentó como heredera del fujimorismo clásico y perdió. En 20216 intentó moderarse, tomar distancia de los aspectos más duros del pasado y mostrarse como un perfil pro-democracia, y también perdió. En 2021 volvió a abrazar con fuerza el apellido familiar frente al miedo de sectores conservadores al ascenso de Pedro Castillo, y nuevamente cayó. Ahora, en 2026, con una tendencia hacia la derechización en América Latina, Fujimori mezcló en su estrategia ambas fórmulas. Reivindicación del orden asociado a su padre, pero con una imagen más sobria, menos confrontativa y más calculada.

El nuevo perfil de Fujimori

La nueva Keiko busca parecer menos amenazante. Después de años de discursos duros, denuncias de fraude, choques con adversarios y resistencia antifujimorista, su campaña intenta mostrar a una dirigente más madura, menos explosiva y más consciente de sus limites. No abandona la mano dura, pero la envuelve en un lenguaje de gestión. No renuncia al apellido Fujimori, pero intenta presentarlo como experiencia y no como revancha. No niega el pasado, pero procura hablar del futuro.

Su lema de campaña, “regresa el orden”, resume ese intento. En un Perú golpeado por la inseguridad, la extorsión, el crimen organizado, la crisis de representación y la sucesión permanente de presidentes, Keiko encontró una palabra con potencia emocional. Orden no significa solo seguridad, significa previsibilidad, autoridad, control, Estado.

En un país cansado de la inestabilidad, la candidata busca instalar la idea de que el fujimorismo, con todos sus costos, sabe mandar.

¿Cuáles son las propuestas de Fujimori?

En Seguridad, su plan apunta a reforzar centros de comando y vigilancia, interconectar información a nivel nacional, usar mapas delictivos en tiempo real e incorporar inteligencia artificial para anticipar patrones criminales.

La pintada del partido de Keiko Fujimori, Fuerza Popular, en las calles de Perú. Créditos: Reuters

En lo económico, mantiene rasgos clásicos de la derecha peruana, con estabilidad macroeconómica, reducción de trabas burocráticas, impulso a la inversión privada y una relación más fluida con el empresariado, mientras intenta mostrarse como una dirigente capaz de administrar el sistema con mayor firmeza y ofrecer gobernabilidad en medio de la crisis política permanente.

En política exterior, una eventual presidencia suya probablemente se movería hacia una derecha regional más alineada con Washington, conectando con discursos centrados en seguridad, combate al crimen organizado, libre mercado y control migratorio, en sintonía con figuras como Donald Trump y otros liderazgos conservadores de la región.

¿Cuál será el alineamiento de Fujimori?: Estados Unidos o China

El alineamiento no dependerá del ganador de las elecciones, sino que ya existe y es China. Perú es uno de los países sudamericanos más conectados con Beijing a través del comercio, la minería, la infraestructura y el puerto de Chancay.

Una eventual presidencia de Keiko podría acercarse simbólica y políticamente a Estados Unidos, pero será difícil romper relaciones con Pekín sin pagar costos económicos. Su margen de maniobra será de equilibrar. Mayor cooperación de seguridad con Washington, pero manteniendo los vínculos comerciales con China.

En ese tablero, Perú no solo elegiría presidente, también definiría cómo se ubica en la competencia entre las dos grandes potencias.

Con este telón de fondo, llega Fujimori al balotaje. Con más experiencia, más cicatrices y menos margen para equivocarse. Ya no es solo la “hija de”, ni la candidata que prometía continuar una obra familiar, ni la opositora que polarizó al país desde el Congreso. Es una dirigente que entendió que para ganar necesita algo más que el voto duro fujimorista.

Necesitará para ganar reducir el rechazo, seducir al centro, hablarle al miedo ciudadano y demostrar que aprendió de sus derrotas.

Su principal problema es que en Perú el apellido nunca entra solo a la urna. Entra con la memoria de la pacificación y la estabilidad, pero también con la condena por violaciones a los derechos humanos. Estas son las sensaciones que pesan en algunos sectores a la hora de agarrar la boleta y ubicarla en la urna. Pero también, entra con la promesa de orden y con el temor a la concentración de poder.

Keiko Fujimori busca la presidencia en su cuarto balotaje. Y, como siempre, su mayor fortaleza es también su mayor carga. Ser la heredera del fujimorismo

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