A 44 años de la guerra, y antes de seguir la secuencia de San Carlos, Darwin–Pradera del Ganso y los montes que defendían Puerto Argentino, la cobertura de Escenario Mundial volvió sobre los puntos donde comenzó el conflicto de 1982: Mullet Creek, Moody Brook, la Casa del Gobernador y el Aeropuerto Argentino. No se trataba de reconstruir la Operación Rosario desde un escritorio, sino de volver al terreno y observar qué queda hoy de aquellos lugares donde se inició la recuperación argentina de las Islas Malvinas.
El recorrido permite ordenar una parte central de la historia. Mullet Creek aparece como el punto asociado al desembarco inicial de comandos anfibios argentinos en la noche del 1 al 2 de abril; Moody Brook, como el objetivo vinculado al cuartel de los Royal Marines; la Casa del Gobernador, como el centro político de la autoridad británica local; y el Aeropuerto Argentino, como la infraestructura clave para consolidar la operación con el arribo de fuerzas por vía aérea. Son puntos distintos, pero juntos explican cómo la recuperación argentina tomó forma sobre el terreno.
Durante la recorrida no fue posible acceder a Mullet Creek. El sector se encontraba cerrado por tranqueras y señalización de caminos privados, lo que obligó a trabajar con mapas, referencias y visuales desde la distancia. El dato no necesita sobreactuarse: simplemente muestra que algunos de los lugares vinculados al inicio de la guerra no siempre pueden recorrerse de manera directa. Aun así, Mullet Creek funciona como primer punto de la secuencia, porque desde allí partió parte del movimiento inicial argentino que daría forma a la Operación Rosario.
Moody Brook, en cambio, sí pudo ser recorrido. Allí se encuentran las ruinas del antiguo cuartel de los Royal Marines, ubicadas cerca del agua y con un recordatorio mínimo que señala que en ese lugar existió una instalación militar británica. El impacto del sitio no está en una gran puesta en escena, sino en la austeridad de lo que queda: muros bajos, restos de estructuras y una marca casi lateral sobre un punto que fue clave durante la madrugada del 2 de abril.
La historia de Moody Brook tiene una particularidad que llama la atención al pisar el lugar: el cuartel había sido evacuado cuando fue atacado por las fuerzas argentinas. En términos operativos, la acción formó parte de la búsqueda de neutralizar a los Royal Marines y asegurar el control de Puerto Argentino. En términos actuales, lo que queda es una ruina que también habla de cómo se administró después la memoria del lugar: una antigua posición militar derribada por los propios británicos, reducida hoy a restos y a una señalización mínima.
La Casa del Gobernador es otro punto central de la secuencia. No fue posible recorrerla desde una cercanía absoluta, pero las vistas panorámicas permiten entender mejor la lógica de aproximación y el valor político del objetivo. La Operación Rosario no buscaba únicamente tomar instalaciones militares: también apuntaba a forzar la rendición de la autoridad británica local. Por eso, la Casa del Gobernador concentró una dimensión política y militar al mismo tiempo.
En ese sector cayó el capitán de corbeta Pedro Edgardo Giachino, considerado el primer muerto argentino de la guerra. Su caída quedó asociada a uno de los momentos más sensibles de la recuperación argentina y es imposible separar ese hecho del recorrido por la Casa del Gobernador. En la acción también fueron heridos otros integrantes de las Fuerzas Especiales de la Armada Argentina. Desde una mirada de memoria nacional, la Casa del Gobernador no es solo un edificio institucional: es uno de los lugares donde el 2 de abril dejó su primera marca de sangre argentina.
El Aeropuerto Argentino fue otro de los puntos decisivos de la operación. Su control era fundamental para permitir el arribo de refuerzos, material y personal desde el continente. La toma de la pista y su habilitación permitieron que, a las 8:45 del 2 de abril de 1982, aterrizara el C-130 Hércules TC-68, como parte de la operación aérea que consolidó la recuperación. Ese mismo día también quedó inaugurada la Base Aérea Militar Malvinas en las instalaciones del aeródromo de Puerto Argentino.
Hoy, el Aeropuerto Argentino se ve como un aeropuerto civil local, de escala reducida. Allí operan aeronaves de FIGAS, el servicio aéreo gubernamental que conecta distintos puntos de las islas mediante vuelos internos. Durante el recorrido se observaron aeronaves Islander en plataforma, una imagen que muestra la función cotidiana actual del aeropuerto. Pero el lugar también conserva marcas de memoria británica de la guerra: entre ellas, la presencia de un Sea Harrier como pieza de exhibición vinculada al conflicto de 1982.
Ese contraste resume buena parte de lo que ocurre en Puerto Argentino. Un lugar que para la historia argentina fue clave en la recuperación del 2 de abril funciona hoy dentro de la administración británica y con símbolos que remiten a su propia narrativa de la guerra. El aeropuerto no aparece como un espacio cargado de memoria argentina visible, sino como una infraestructura civil local atravesada por marcas británicas de posguerra.
El recorrido también se extendió hacia Bahía Yorke y el Faro de Cabo San Felipe, en el extremo oriental cercano a Puerto Argentino. Bahía Yorke permite observar otro sector del entorno costero y del espacio de acceso alrededor del aeropuerto. No fue un punto central de la Operación Rosario como Moody Brook, la Casa del Gobernador o el aeropuerto, pero sí ayuda a entender el marco geográfico en el que se movieron las fuerzas y la importancia de dominar accesos, costas y caminos en torno a la capital de las islas.
En la zona del faro aparece otro tipo de memoria: la británica de los buques atacados durante la guerra. Allí se encuentra el memorial del Atlantic Conveyor, el buque logístico británico alcanzado por misiles Exocet lanzados por la aviación argentina el 25 de mayo de 1982 y hundido días después mientras era remolcado. El memorial, ubicado en Cabo San Felipe, apunta hacia el lugar donde se hundió el buque, a decenas de millas mar adentro.
También forma parte de ese mapa de memoria británica el memorial del HMS Glamorgan, ubicado en Hookers Point, cerca de Surf Bay. En este caso, conviene precisar que el destructor británico no fue hundido: fue alcanzado el 12 de junio de 1982 por un misil Exocet MM38 lanzado desde tierra por fuerzas argentinas, acción que provocó daños severos y bajas a bordo. Su memorial, como el del Atlantic Conveyor, muestra cómo la narrativa británica de la guerra se despliega en distintos puntos alrededor de Puerto Argentino.
Esa distribución de marcas también dice algo sobre el presente de Malvinas. Los puntos asociados al inicio de la recuperación argentina no siempre aparecen destacados desde una memoria propia. Algunos están cerrados o son de difícil acceso; otros sobreviven como ruinas; otros funcionan hoy como infraestructura civil bajo administración británica; y alrededor de ellos se despliega una memoria británica más visible, ordenada en memoriales, exhibiciones y referencias públicas.
Por eso volver a Mullet Creek, Moody Brook, la Casa del Gobernador y el Aeropuerto Argentino no es solo revisar el inicio de una cronología. Es observar cómo esos lugares quedaron incorporados al paisaje actual de las islas y cómo la historia pública del territorio sigue siendo administrada desde la mirada de quien conserva el control. Para una cobertura argentina, recorrerlos permite reconstruir el comienzo de la guerra, pero también constatar las capas de memoria, ausencia y control que se mantienen 44 años después.
Antes de San Carlos, de Darwin–Pradera del Ganso y de los combates en los montes, la guerra tuvo estos puntos iniciales. Allí comenzó la Operación Rosario, allí se recuperó el aeropuerto, allí se forzó la rendición británica y allí cayó el primer argentino en combate. Volver sobre esos lugares permite ordenar el mapa completo de la cobertura: desde el inicio de la recuperación argentina hasta el avance británico posterior y los escenarios donde la memoria argentina aparece con más fuerza.
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