El presidente de China, Xi Jinping, advirtió este jueves (14) a su par de Estados Unidos, Donald Trump, que las diferencias entre ambos países respecto a Taiwán podrían derivar en un conflicto si no son manejadas con prudencia. La declaración se produjo durante la cumbre bilateral celebrada en Pekín, donde ambos líderes mantuvieron una reunión privada de aproximadamente dos horas en el Gran Salón del Pueblo, en el marco de una visita marcada por fuertes tensiones geopolíticas y comerciales.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Xi sostuvo que “la cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”. En declaraciones difundidas por la portavoz Mao Ning, el mandatario chino afirmó que “si se gestiona adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general; de lo contrario, los dos países tendrán roces e incluso conflictos”. La advertencia fue interpretada como una de las expresiones más contundentes de Pekín sobre el riesgo de confrontación directa con Washington en torno a la isla.
El intercambio contrastó con el tono utilizado públicamente por Trump, quien volvió a elogiar a Xi durante el inicio de la reunión. “Eres un gran líder. Es un honor ser tu amigo”, declaró el presidente estadounidense antes de afirmar que la relación entre ambos países “será mejor que nunca”. Sin embargo, detrás de los gestos diplomáticos y de la fastuosa ceremonia organizada por China —que incluyó guardias de honor, bandas militares y cientos de estudiantes agitando banderas estadounidenses y chinas— persistieron profundas diferencias sobre comercio, seguridad regional y equilibrio estratégico en Asia.
Economía y Medio Oriente una preocupación común entre Estados Unidos y China
Más allá de la disputa sobre Taiwán, la cumbre también abordó la guerra en Irán, la seguridad energética global y la relación comercial bilateral. Trump busca aliviar las presiones económicas internas provocadas por el aumento del precio de la energía y por la incertidumbre internacional derivada del conflicto en Medio Oriente. La Casa Blanca confirmó que ambos líderes discutieron la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz, ruta clave para el comercio mundial de petróleo y gas natural. China, principal comprador de petróleo iraní, aparece como un actor central en cualquier intento de estabilización regional.
En el plano económico, ambas partes intentaron mostrar señales de cooperación. Xi aseguró que las empresas estadounidenses “tendrán mejores perspectivas en China”, mientras funcionarios de la Casa Blanca señalaron que continúan las negociaciones para ampliar las exportaciones agrícolas y aeronáuticas estadounidenses al mercado chino. También se discutió la posibilidad de crear una Junta de Comercio bilateral para gestionar disputas económicas de manera más estable.
