La Real Armada Británica despliega su patrullero oceánico HMS Spey en una operación de libertad de navegación en el Mar Meridional del Sur de China, colocando nuevamente el foco en una de las disputas marítimas más complejas y volátiles del sistema internacional. La maniobra, confirmada por el Ministerio de Defensa británico, tuvo lugar en las inmediaciones de las islas Spratly, un enclave estratégico donde se superponen reclamos de soberanía y una creciente militarización china.
Las Spratly, dispersas en un área de unos 409.000 kilómetros cuadrados, reúnen arrecifes, atolones e islotes reclamados por China, Taiwán, Vietnam, Malasia, Filipinas y Brunéi. Aunque las disputas combinan argumentos históricos y geográficos, el caso chino sobresale tanto por su alcance como por su intensidad. Desde finales de los años ochenta, Beijing ha consolidado su presencia en la zona y, más recientemente, impulsó una extensa campaña de construcción de islas artificiales que modificó el equilibrio físico y estratégico del área.
CONVEMAR
Sin embargo, el núcleo del conflicto no es solo geopolítico, sino también jurídico. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que no todas las formaciones marítimas generan los mismos derechos. En términos simples, solo aquellas capaces de sostener vida humana o actividad económica propia pueden ser consideradas “islas” en sentido pleno y, por lo tanto, generar una zona económica exclusiva de hasta 200 millas náuticas. En cambio, muchas de las formaciones en las Spratly —en su estado natural— encajan más en la categoría de “rocas” o incluso elevaciones que quedan sumergidas con la marea alta, lo que limita significativamente los derechos que pueden proyectar.
Este punto fue determinante en el fallo arbitral de 2016, que concluyó que ninguna de las formaciones en disputa cumple con los requisitos para generar zonas económicas exclusivas. Además, el tribunal remarcó que las obras de relleno y construcción no alteran el estatus jurídico original de estos accidentes geográficos. A pesar de ello, China sostiene su reclamo apoyado en la denominada “línea de los diez puntos”, con la que traza una delimitación que abarca casi la totalidad del Mar del Sur de China, una postura ampliamente rechazada a nivel internacional.
Operaciones de Libertad de Navegación
Es en este contexto donde se inscriben las operaciones de libertad de navegación. Estas maniobras, realizadas conforme al derecho internacional, buscan desafiar reclamos considerados excesivos sin recurrir a acciones hostiles. El HMS Spey, tras completar tareas de mantenimiento en Singapur y ejercicios de certificación frente a Malasia, se dirigió hacia las Spratly para ejecutar este tránsito, aparentemente seguido de cerca por una fragata china Tipo 054A.
Lejos de ser un hecho aislado, la operación forma parte de una presencia naval sostenida por parte del Reino Unido y sus aliados en el Indo-Pacífico. Episodios recientes, como el tránsito por el estrecho de Taiwán en 2025 o despliegues conjuntos con Estados Unidos y Australia, evidencian una estrategia orientada a reforzar el principio de libertad de navegación frente a interpretaciones expansivas del derecho del mar.
En paralelo, la militarización de las Spratly continúa avanzando. Instalaciones como Mischief Reef, Subi Reef y Fiery Cross Reef han sido transformadas en bases con sistemas de misiles, aeronaves y capacidades de guerra electrónica. En ausencia de mecanismos diplomáticos efectivos que contengan esta dinámica, cada operación naval adquiere una dimensión que trasciende lo operativo y se inserta de lleno en la disputa por el orden marítimo internacional.
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