En medio del crecimiento naval de China y de las señales sobre el posible desarrollo de su primer portaaviones de propulsión nuclear, Estados Unidos y sus aliados ensayaron en Filipinas una arquitectura de defensa litoral diseñada para volver más difícil cualquier operación marítima hostil en el Indo-Pacífico. El ejercicio, realizado en el marco de Balikatan 2026, integró sistemas HIMARS, lanzadores antibuque NMESIS, aviación, sensores, drones y unidades multinacionales distribuidas sobre terreno marítimo clave.
La actividad fue presentada por fuentes militares estadounidenses como una serie de Operaciones de Seguridad de Terreno Marítimo Clave desarrolladas entre el 20 de abril y el 5 de mayo en distintos puntos del archipiélago filipino, desde las islas Balabac, en el sur de Palawan, hasta las Batanes, en el norte de Luzón. El entrenamiento incluyó asalto aéreo, desembarcos anfibios, toma de aeródromos, evaluación de daños en pistas, reconocimiento y reabastecimiento terrestre.
El dato técnico más relevante fue la integración de los Sistemas de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad —HIMARS— con el Sistema Expedicionario de Interdicción Naval de la Infantería de Marina —NMESIS—. Según la información difundida por DVIDS, esa combinación aumentó la complejidad de la defensa marítima y litoral durante el ejercicio, permitiendo probar cómo distintos fuegos terrestres pueden operar dentro de una misma red de combate en ambientes insulares.
La frase más importante la dio el coronel George Flynn, comandante de la Fuerza Rotacional de la Infantería de Marina de EE.UU. en Darwin, quien sostuvo que la integración de activos de la Infantería de Marina de EE.UU., el Ejército de EE.UU. y la Armada de EE.UU., junto con aliados filipinos y australianos, permitió demostrar la capacidad de asegurar terreno clave, “cerrar la kill web” y proyectar poder sobre el dominio marítimo.
Ese concepto de kill web es central. A diferencia de una cadena lineal de detección y ataque, la kill web apunta a una red distribuida en la que sensores, puestos de mando, plataformas aéreas, sistemas terrestres y fuegos de precisión se conectan para acelerar la identificación, seguimiento y neutralización de blancos. En un escenario marítimo, esa lógica permite que una unidad desplegada en una isla pueda contribuir a detectar o atacar buques enemigos mucho más allá de su posición inmediata.
El despliegue en Calayan y en las islas del norte filipino tiene una lectura estratégica directa. La zona se encuentra próxima al Canal de Bashi y al eje marítimo que conecta el Mar del Sur de China con el Pacífico occidental, un corredor clave en cualquier escenario de crisis alrededor de Taiwán. Estados Unidos y Filipinas desplegaron NMESIS en Batanes, la provincia más septentrional filipina, a unos 160 kilómetros de Taiwán, como parte de pruebas de factibilidad operativa durante Balikatan.
En ese contexto, la arquitectura ensayada por Washington apunta a un problema concreto: cómo enfrentar a una flota china cada vez más grande, con mayores capacidades de aviación embarcada, escoltas, misiles y operaciones de largo alcance. Como publicó Escenario Mundial, el Ministerio de Defensa de China no descartó que el país esté construyendo su primer portaaviones de propulsión nuclear, una señal del salto cualitativo que Pekín busca dar en su proyección marítima.
El posible desarrollo de un portaaviones nuclear chino no debe leerse de forma aislada. China ya opera una fuerza naval en expansión y viene desarrollando capacidades para proyectar poder más lejos de sus costas. Frente a ese avance, Estados Unidos y sus aliados están ensayando un modelo de defensa distribuida: en vez de depender únicamente de grandes plataformas navales, buscan multiplicar puntos de fuego terrestres, sensores y unidades móviles capaces de amenazar a buques chinos desde múltiples direcciones.
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