Las Fuerzas Armadas de Ucrania afirmaron haber atacado varios cazas rusos Su-57 y un bombardero Su-34 en el aeródromo militar de Shagol, ubicado en la región rusa de Cheliábinsk, a unos 1.700 kilómetros de la frontera ucraniana. La operación fue ejecutada el 25 de abril, aunque su confirmación pública fue realizada por el Estado Mayor ucraniano el 1 de mayo.
Según la información difundida por el Estado Mayor de Ucrania y recogida por medios ucranianos, el ataque fue llevado adelante por las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de las Fuerzas Armadas ucranianas. El objetivo habría sido reducir la capacidad rusa para lanzar ataques contra infraestructura civil en territorio ucraniano, aunque el grado exacto de daño sobre las aeronaves todavía se encuentra bajo evaluación.
El punto central de la operación es la profundidad del golpe. El aeródromo de Shagol se encuentra en los Urales del sur, muy lejos de la línea de frente y de las bases rusas más expuestas a ataques ucranianos. De confirmarse plenamente el alcance operativo, el ataque marcaría una nueva demostración de la capacidad de Kiev para golpear activos militares rusos ubicados en la retaguardia profunda.
Entre las aeronaves alcanzadas se encuentran cazas Su-57, el avión de combate más avanzado de Rusia y presentado por Moscú como su plataforma de quinta generación. A ellos se suma al menos un Su-34, cazabombardero ampliamente empleado por las fuerzas rusas para misiones de ataque contra Ucrania. La combinación de ambos modelos convierte al golpe en una acción de alto valor simbólico y operativo para Kiev.
La información disponible indica que el ataque alcanzó zonas de estacionamiento de aeronaves dentro de la base. Analistas de fuentes abiertas citados por medios especializados señalaron que imágenes satelitales posteriores mostrarían indicios compatibles con daños y movimientos de aeronaves tras el impacto, incluyendo al menos dos Su-57 y un Su-34.
Vadim Savitski/Global Look Press
El caso también expone un problema creciente para la defensa rusa. Desde el inicio de la guerra, Moscú buscó replegar parte de sus aeronaves más valiosas hacia bases alejadas de Ucrania para reducir su exposición a drones y misiles. Sin embargo, los ataques de largo alcance ucranianos vienen ampliando progresivamente la zona de riesgo, obligando a Rusia a defender instalaciones cada vez más profundas dentro de su propio territorio.
El antecedente inmediato es la intensificación de ataques ucranianos contra infraestructura militar y energética rusa. En los últimos meses, Kiev ha apuntado contra aeródromos, refinerías, depósitos y sistemas de defensa aérea, buscando erosionar la capacidad rusa de sostener operaciones ofensivas y ataques de largo alcance contra ciudades e infraestructura crítica ucraniana.
La relevancia del golpe contra Shagol radica en que no se trata de una base cercana al frente, sino de una instalación ubicada en una región que hasta hace poco podía considerarse relativamente segura frente a los ataques ucranianos. En ese sentido, la operación refuerza el mensaje de Kiev: los activos militares rusos de alto valor ya no están necesariamente fuera del alcance ucraniano por el solo hecho de encontrarse lejos de la frontera.
Para Rusia, el impacto potencial es doble. Por un lado, la posible pérdida o daño de aeronaves escasas y costosas como el Su-57 representa un golpe material difícil de absorber. Por otro, obliga a revisar la protección de bases aéreas en profundidad, dispersar medios, reforzar defensas y asumir mayores costos logísticos para preservar su aviación táctica y estratégica.
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